¿Quieres que te enviemos los artículos por correo?
/
/ Más
El club blanco ha decidido dar salida a Mourinho, gracias a dios. Todo el fútbol respira tranquilo, madridistas, culés, Federación y aficionados en general. En los últimos meses, ya previendo su salida del club, intentó cargar con todo para forzar su destitución cobrando la prima por despido, y para ello despreció al respetado Casillas, a amigos como Pepe, y finalmente se autoexpulsó de la final de la Copa del Rey para luego no ir a recibir el trofeo de subcampeón. En su línea.
Lo que me duele de verdad es que, a aquello que el resto de aficionados conocemos como “en su línea”, el madridismo lleva tiempo haciendo la vista gorda. El club especialmente, la prensa en particular, y también una parte no despreciable del madridismo hubiera permitido a Mourinho destrozar el club con tal de ganar la Décima. Es una actitud comprensible por parte de Florentino, el verdadero culpable, ya que había ligado su proyecto a Mou, y con la salida de éste reconoce su fracaso. También se esperaba una reacción así de la prensa deportiva, interesada en la radicalización a favor del entrenador para vender periódicos y ganar audiencia. Pero, el aficionado merengue, ¿por qué ha tardado tanto en darse cuenta? ¿Por qué los silbidos al míster sólo han empezado cuando éste vaciló públicamente al Bernabéu? ¿Por qué no ha habido una pañolada al presidente que todo lo permitía?
Yo lo veo de la siguiente manera; mientras Mou gabana, o se creía que podía, se le ha consentido todo, absolutamente todo. Se le ha permitido destrozar la imagen del club, dividir a la plantilla, agredir física y verbalmente a los rivales y árbitros. Pese a que llevaba días rumoreándose su marcha, el madridismo sólo ha abierto los ojos al perder la copa del Rey. La sensación que queda es que, de haber ganado, aunque hubiera marchado igualmente, no habría sufrido el linchamiento de su afición. Con victorias, su arrogancia y malas maneras se consideraban daños colaterales. No puedo decir más que una cosa: lamentable. ¿Es que, en el fútbol, como en la guerra y el amor, ya todo vale con tal de ganar?
Recientemente se jugaron las semifinales de la UEFA Champions League, donde los dos equipos de la Bundesliga, Bayern Munich y Borussia Dortmund se impusieron a los representantes de la liga española Real Madrid y FC Barcelona. Tanto el equipo de Munich como el de Dortmund ya saben qué es ganar la máxima competición europea.
Llama la atención el éxito este año de los equipos alemanes. Y creo que es algo excelente para el fútbol como lección de modelo de gestión. Los equipos alemanes suelen tener los estadios llenos, las entradas a precios asequibles (más baratas que en España con un nivel de vida más alto). Además, su propiedad, por lo poco que sé, es la clásica de socios o empresarios locales y no de jeques de oriente. Y sobre todo… sin deudas. Sí, los clubs alemanes no están endeudados. Esto de la deuda lo deben llevar en el ADN. La Bundesliga genera una enorme cantidad de dinero en derechos televisivos. Pero no más que la Premier League o que la Liga española. Los clubs en Inglaterra y España fichan por mucho dinero, y sus clubs están endeudados. En cambio en Alemania, los fichajes multimillonarios son escasos para la cantidad de dinero que mueven. Es cierto que en los últimos años han tirado más de talonario que lo que nos tenían acostumbrados.
Además, buscando información para este artículo, veo que los horarios de los partidos se deciden con mucha antelación. Como en la NBA, para facilitar la compra de entradas para quien tenga previsto estar en una ciudad en unas fechas determinadas. Una parte importante para la espectacularidad de la liga, es el reparto más equitativo de los ingresos por la TV. Pues sí, hasta en fútbol, tenemos mucho que aprender de Alemania.
Como la historia la escriben los vencedores, en la escuela nos explican que la División Azul eran unos 45.000 héroes/fascistas (escoja uno) que fueron voluntarios a luchar por los nazis contra los rojos. Pero algo huele a chamusquina. Piensen por un segundo: ¿qué persona en su sano juicio, falangista o no, después de haber arriesgado su vida durante dos o tres años de guerra civil, desearía viajar cuatro mil kilómetros para seguir jugándose la vida en vez de estar con su familia? La respuesta es: pocos, muy pocos. Desde luego, no 45.000. La verdad es muy diferente; la gran mayoría iban obligados. Mi abuelo se encargaba de recordárnoslo frecuentemente, por lo que yo tenía asumido que era vox populi. Sin embargo, me he dado cuenta de que no es así, ¡la mayoría de los españoles piensa realmente que a la división azul iban voluntarios!
La situación era la siguiente. En la guerra civil, los jóvenes no luchaban en un bando u otro según su ideología, sino que eran llamados a filas por los que habían establecido el control inicial de la zona. Paradojas de la vida, él fue llamado a filas de los falangistas después de que fusilaran a parte de su familia, y así, muchos jóvenes de 17 y 18 años. Después de sobrevivir a la batalla del Ebro, al acabar la guerra, explicaba, en su cuartel fueron llamados a formar. El militar a cargo–no sé si un capitán u otro rango–pidió un paso al frente para los voluntarios de la división azul, y según él, todos se quedaron clavados en el suelo, sin respirar. Imaginen, falangista o no, ¿quién iba a arriesgarse a morir de nuevo?. Pero estaba todo orquestado. El militar sacó entonces una lista que llevaba preparada, y empezó a nombrar “voluntarios”, bajo pena de arresto. Mi abuelo consiguió escapar y fue condenado a cinco años de trabajos forzosos, según los registros, “por protestar de la comida”, porque claro, no podían encarcelarle por negarse a ir a un pelotón voluntario. Esta es la realidad de la división azul, y realmente me sorprende que el engaño haya llegado tan lejos.
Lo que me hace pensar, ¿podría ser todo un malentendido, y la Hermandad de la División azul en realidad una asociación de las verdaderas víctimas, los que fueron obligados a morir en Rusia? Por desgracia, es imposible. ¿Cómo lo sé? Bien, a juzgar por la actitud de los supervivientes, si los voluntarios-forzosos desearan recibir una restitución o un homenaje por el abuso que sufrieron, jamás hubieran permitido que se celebrara en un cuartel de la Guardia Civil ni que asistiera la filofalangista Llanos de Luna. Los libros de historia quizá no, pero ellos, los que queden, todavía recuerdan.
La rua del Barça s’alegra amb una mica d’alcohol, parlem de l’aprovació de la llei Wert d’educació, ens preguntem com funciona això del dèficit asimètric, comentem un reportatge de TVE sobre la moda adolescent, les Corts Valencianes aproven vetar les iniciatives que continguin els termes “País Valencià” i acabem amb l’homenatge a la División Azul.
Hablamos sobre las reformas de Renfe que prepara Fomento y que eliminarían una buena parte de líneas de regional y nos preguntamos si tiene que ver con eliminar competencia del AVE, una encuesta de Cadena Ser pregunta sobre la legitimidad de las protestas y la apreciación del sistema democrático, y acabamos comentando qué es el contrato único y que representa para el mercado laboral
Hoy hemos podido desayunar con la noticia del ingreso a prisión de Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid, que se encuentra encausado por posible negligencia en la gestión de dicha caja de ahorros. Dicho ingreso lo ha decretado el juez instructor al valorar que existe riesgo de fuga y de destrucción de pruebas por parte del encausado. Hasta aquí casi todo normal (hay algún detalle que huele mal, como que el juez le haga mucho caso a Manos Limpias, pero dejémoslo para otro día). Pero son inquietantes las reacciones celebratorias por parte de opinantes y articulistas, tan inquietantes como los asombros recurrentes en la línea de “¿cómo puede ser que [ponga aquí nombre de señor encausado mediáticamente] aún esté suelto por la calle?”.
Por supuesto, la respuesta “Porque aún no se ha celebrado el juicio” muchas veces es desestimada como un detalle sin importancia. Y éste tipo de actitudes son preocupantes, porque reflejan una concepción perversa y disfuncional de lo que es la justicia en un estado de derecho. La justicia es y debe ser garantista, siguiendo los procesos establecidos antes de llegar a una decisión tan radical como la privación de libertad de una persona. Por eso las instrucciones son largas, y por eso se celebran juicios.
No podemos confundir los necesarios mecanismos al alcance de jueces instructores (como es por ejemplo la prisión por riesgo de fuga para Miguel Blesa) con la aplicación de la “justicia de la turba” porqué un señor cae muy mal. Reclamemos agilizar los procesos para evitar dilaciones, pero siempre teniendo claro que, por defecto, nadie debería sufrir condena sin un juicio con todas las garantías. Cualquier otra cosa es ser partidario de formas de justicia más bien del medievo, bárbaras e incivilizadas.
El nominalisme va atrevir-se a dir que l’existència dels universals havia de ser reduïda a mers noms per a un conjunt de coses. Així podíem dir que la rosa era una forma d’anomenar a una flor determinada, independent de com et refereixis a ella. No obstant, si entenem que els noms de les coses impliquen una càrrega que va més enllà de la merament descriptiva, la seva importància encara és més gran.
Tots els noms tenen una història afegida, unes implicacions que fan que si algú es diu “Napoleó” ens vingui una determinada imatge al cap. És normal entendre que es pot canviar la història canviant com anomenem les coses. No només en aspectes de nomenclatura oficial, també a l’hora de parlar de conceptes. No és ja una part d’allò políticament correcte, si recordem les poques ganes de dir la paraula “crisi” o “rescat”.
No deixa de ser inquietant que algú que sempre s’ha preocupat tant per com s’anomenen les coses li tregui importància a les càrregues dels noms. Si parlar bé és escollir la paraula correcta, aleshores canviar-la és el mètode més pur de manipulació. Resta per veure si el nominalisme té raó.
Llevamos años escuchando el mantra electoral de la simplificación de la burocracia. En época de crisis se hace todavía más importante, ya que debido a la situación efímera de la microeconomía las empresas se abren y cierran rápidamente. Es necesario, por tanto, reducir los trámites y plazos necesarios para abrir una empresa, prorrogar algunos permisos al segundo trimestre de funcionamiento y, en general, agilizar la apertura y cierre de empresas y la contratación de los trabajadores.
Tema aparte son los trámites para la compraventa de productos o servicios, algunos secuestrados por el lobby de los notarios. Las gestiones con la Administración son igualmente tediosas, aunque afortunadamente, conforme van cruzando las bases de datos es posible ahorrarnos más y más papeleo. El ejemplo a seguir es el borrador de la declaración de la renta, pionero en el mundo. Eso sí, con la posibilidad de identificarse mediante la casilla 620; si fuera obligatorio el uso del DNI electrónico, sólo estaría al alcance de las 29 personas en toda España que han conseguido instalarlo y saben cómo superar la alerta de https que muestra el navegador en la web de la AEAT.
Igual que se dice que a ningún político le gusta cerrar hospitales, sino inaugurarlos, cómo estará organizada la Administración española como para que un partido de derechas, que quiere directamente eliminar niveles administrativos cuando no parlamentos autonómicos, no sea capaz de simplificar la burocracia y agilizar los trámites, una medida barata para reactivar la economía.
Tú, amigo lector, muy probablemente eres un nativo digital. Estarás acostumbrado a leer blogs, contratar viajes, comprar en supermercados, informática y toda clase de productos. Internet permite saltarnos las barreras geográficas para comprar bienes y servicios. Aunque vivamos en un pueblo tenemos todas las tiendas a disposición, como cualquier otro terrícola. Además, comprar por Internet, a veces es más barato que en una tienda física cercana. Cuando encontramos una ganga, nos sentimos bien porque hacemos una compra y conseguimos un ahorro al mismo tiempo. A parte del precio, tenemos un catálogo casi infinito de referencias. Imposible encontrar lo mismo en la tienda del barrio.
Las grandes tiendas en la red, pueden ofrecer mejores precios optimizando todos los costes. Son empresas nuevas. Los contratos firmados con sus trabajadores lo están con legislaciones muy recientes. Es fácil adivinar que son peores condiciones que las que tiene un trabajador europeo que hace 20 años que está trabajando en la misma ferretería. Además, como empresas globales que son, pueden pagar sus impuestos en Irlanda ( Apple, Inditex) o Luxemburgo ( Amazon y Paypal ), donde son mucho más bajos que en los países de nuestro entorno. Cuando compramos por Internet, estamos contribuyendo a desertizar los centros comerciales de nuestros municipios. Si además compramos en enormes tiendas, las cuentas públicas de nuestro país no se benefician de ello. Escribo esto al hilo del último podcast de “Dame la Voz” , donde hemos hablado de los costes de fabricar en Bangladesh. Por un lado, los clientes occidentales nos beneficiamos de una mano de obra muy barata. Y sobre todo, se benefician los grandes distribuidores. Pero no nos engañemos. Si hay niños trabajando en el textil es porque sus alternativas son peores. Infinitamente peores. En algunos países si las niñas no trabajan en una fábrica, me temo que su alternativa no es merendar con sus amigos a la salida de la escuela. Os dejo este enlace que publicó el profesor Xavier Sala i Martín en el capítulo 10 “Explotación infantil” de su libro “Economía Liberal para no economistas y no liberales“, que recomiendo. Por supuesto que no me gusta que los niños tengan que trabajar. Pero, ¿a qué edad empezaron a trabajar nuestros abuelos? ¿Qué hubieran dicho en el pueblo si un rico centroeuropeo les hubiera dicho que un niño de 12 años no podía llevar un rebaño de ovejas a la montaña?
Volviendo al siglo XXI, en mi caso, he hecho alguna compra en tienda física sabiendo que pagaba algo más por ella para ayudar a que un comercio continúe estando en el centro. Tambien he comprado por Internet cuando la diferencia me parecía demasiado grande. Y tambien he comprado por Internet cuando simplemente era imposible encontrar los productos en una tienda física. Confieso que a veces he comprado en la red con un cierto grado de culpabilidad. Y tú , ¿ dónde compras ? ¿ Te has sentido culpable por comprar algo más barato en Wisconsin que en la tienda de tu vecino ?
Estos días he estado reflexionando sobre la legitimidad y la legalidad de un proceso de independencia. He llegado a la conclusión de que, si aceptamos la democracia, ningún argumento tiene valor por encima de éste: ¿es un pueblo soberano sobre sí mismo? Si un pueblo desea reorganizar sus leyes, pero no se le permite, ¿es un caso de secuestro institucional? Reflexionen un segundo. La pregunta tenía trampa, me estaba referiendo al pueblo portugués, a su proceso de independencia de 1668, y posteriormente al Español, en 1814. ¿Cuál decían que era su respuesta? ¿Deberíamos ser los peninsulares todavía romanos o franceses porque lo éramos en algún momento de la historia?
El derecho de autodeterminación de una región consiste en decidir cómo organiza sus administraciones y a quién reconoce como autoridad. Éste no interfiere con el de ningún otro ciudadano de otra región, es decir, si Cataluña es independiente, un navarro no pierde derechos, igual que una España independiente no afecta a un francés o un portugués. Si acaso, la independencia de una región rica provoca un desajuste económico en el resto, pero ese argumento no es válido: ¿deben entonces sólo independizarse los pobres? De nuevo, es cuestión de derechos colectivos.
Pensemos lo siguiente; ¿debe un gallego–por poner un ejemplo que se escape del típico Madrid–decir a un catalán a qué estado debe pertenecer? ¿Y el resto de españoles? ¿Y un alemán? ¿Un etíope? ¿Dónde ponemos esa barrera? Ya ven a donde estoy intentando llegar. El principal afectado por la pérdida de riqueza en un proceso de independencia es el Estado original. Éste intenta defender que el pueblo independentista debe seguir perteneciendo al estado en cuestión, usando como argumentos el nacionalismo y el statu quo. Pero ampararse en un documento redactado en 1978 para negar derechos no excluyentes es una clara imposición. El mundo cambia, y los papeles deben actualizarse cuando impiden el ejercicio de la democracia. Un Estado en su conjunto sólo es soberano sobre sus regiones si éstas lo aceptan así; es como funciona la autoridad. La unión sólo hace la fuerza si todos los miembros reman en el mismo sentido de forma voluntaria. Si no, es tan sólo una ilusión ficticia y desigual, como si llamáramos unión al collar que usamos para pasear el perro.


Comentarios recientes