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Un jutge equipara el PP i Cáritas i el Joan ens explica la seva experiència, una llei invalida el DOGC a favor del BOE, les eleccions d’Israel deixen un parlament fragmentat, una exposició una mica de mal gust del MACBA fa tombs amunt i avall.

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21 de marzo

Despedimos a Terry Pratchett, un juez de lo laboral determina que las prostitutas son trabajadoras, analizamos RT, la manipulación y el estado de la prensa independiente.

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13 de marzo

Esta semana ha sido imposible reunir quorum, así que tenemos que cancelar el programa. ¡Lo sentimos!

Esperamos volver la semana que viene.

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9 de marzo ,

La irrupción de ISIS en el mundo moderno es un fenómeno muy interesante. Esta vez no voy a hablar sobre qué quieren o la cuestión islámica. Voy a enfocarlo desde un punto de vista que nos está sacando los colores a muchos demócratas: sencillamente, la guerra internacional.

Se suele poner el caso Israel/Palestina como ejemplo de conflicto internacional de difícil solución, pero este es aún más claro. No se trata de dos países enfrentados en una guerra en un sentido más o menos estricto del término, sino que, en un sorprendente viaje al pasado sin máquinas del tiempo, por primera vez en la historia moderna se está produciendo un choque de civilizaciones en todo su esplendor.

Y es que ¿cómo gestionar de forma sensata, democrática y moderada el hecho de que un grupo muy numeroso claramente violento y en contra de los derechos humanos está iniciando un exterminio que no sólo amenaza a una región sino al mundo entero?

Genocidios, por desgracia, hay muchos, demasiados. Ya sea por motivos políticos, religiosos, o qué versión del PC fútbol te gusta más, las personas tenemos la fea costumbre de matarnos entre nosotras. Pero una cosa es que, como es el caso habitual, en un país pobre del centro de África se saquen los intestinos, y otra es que un conjunto de gente decida cambiar el orden mundial para volver a unas costumbres que hace ya 1000 años decidimos que eran bárbaras y anticuadas.

Esta vez no es un debate sobre tolerancia, religión o derechos humanos. Se trata de un problema que sólo se puede resolver de dos maneras: les matamos o nos matan. Y esta reflexión me ha hecho pensar en lo cómodo que es decidir “está claro, les matamos nosotros… pero que lo haga otro”

De momento, en Occidente lo observamos desde la comodidad de nuestros sofás, pero los kurdos, yemeníes, iraquíes y sirios tienen el problema en la puerta de sus casas. Y de repente todos confiamos en una intervención militar de Estados Unidos. Incluyendo, claro está, a muchos que le han criticado sus acciones internacionales en el pasado, entre los que me cuento.

Pienso que es absurdo comparar este caso con otros mangoneos en Latinoamérica patrocinados por el gobierno de Estados Unidos o el hecho de que quizá la principal causa de la existencia de ISIS y los talibanes es precisamente una política exterior estadounidense no muy bien gestionada. Todos sabemos cómo se las gastan los estadounidenses cuando sus intereses económicos están en peligro.

Así pues, aun entendiendo que son situaciones diferentes, vamos a enfocarnos exclusivamente en este caso. Y pregunto, sin tapujos: si no existiera este país imperialista, policía del mundo, ¿cómo actuaríamos? Por suerte o por desgracia siempre son los primeros en sacar las tropas a pasear y bombardear las ciudades, y es más fácil criticar desde la barrera cuando se equivocan–que lo hacen, y mucho.

No deja de ser hipócrita en cierta manera pedirle ayuda cuando nos interesa y pegarle con la vara cuando no. Porque, ¿cuántos de nosotros no estaríamos mucho más preocupados sobre el tema ISIS si hubiera habido unas declaraciones de Obama afirmando rotundamente que no intervendrán en ningún caso en este conflicto, y que nos busquemos la vida los europeos?

Y es que alternativas las hay, pero flaquean incluso en casos flagrantes como este. La ONU no se pone de acuerdo y debate el problema con un enfoque local, lentos, y cegados por sus orejeras. Puedo entender que haya discrepancias debatiendo por ejemplo la intervención en Ucrania, porque Rusia es un país fuerte y con influencia, pero es que ¿a quién beneficia la existencia del Estado islámico? ¿Tendremos en algún momento de la historia una unanimidad internacional contra un enemigo común más fuerte que ahora?

Claro, dicen, es que a Turquía no le interesa armar a los kurdos. Y a nadie le gusta apoyar a Irán en cuestiones bélicas. Además, tenemos el supuesto apoyo de los saudíes a ISIS. Pues nada; esperemos a que el Estado Islámico se extienda desde Kabul a Estambul, y como no existirán los estados de Irán, Turquía, Siria ni Arabia Saudí, no tendremos problemas diplomáticos con ellos. Si es que…

El segundo punto que me gustaría mencionar, aunque sea muy por encima, es la necesidad de unas fuerzas armadas que actúen de forma internacional. Ya no las de Estados Unidos, sino unas propias, por ejemplo las españolas.

En el debate catalán hubo gente que decidió sacar este tema, y aunque es muy fácil apuntarse al carro pacifista en nuestra comodidad de la Unión Europea, tenemos que pensar que por desgracia hay conflictos en los que es imposible llegar a un acuerdo. Con ISIS no se puede razonar; no hay nada que negociar. Por ejemplo, si les diera por crear una flota en el Mediterráneo sólo tendríamos una opción: barcos de guerra.

Hemos vivido en paz muchos años, y pensábamos que nuestro planeta se iba civilizando paso a paso. Pero parece ser que, en estas cuestiones, se dan dos pasos adelante y uno hacia detrás. Y cuando viene ese paso hacia detrás, tenemos que estar preparados.

Personalmente, esto no me ha hecho cambiar mi opinión sobre el papel que tiene un ejército. Pienso que debe limitarse a intervenciones nacionales y defensa del territorio, evitando siempre que sea posible entrar en conflictos internacionales. Pero también estamos descubriendo que no hay una solución sencilla cuando nuestro territorio y, literalmente, nuestra civilización, están amenazados desde 10.000 km de distancia por un grupo con el que no hay negociación posible.

En fin, da que pensar. Primero los talibanes, y ahora ISIS están consiguiendo uno de sus objetivos, que es zarandear los fundamentos éticos del mundo occidental. Ahora es cuando nos daremos cuenta de si son sólidos o están hechos de naipes.

De momento, los talibanes van ganando la guerra sociológica. Si lo dudáis, id a coger un avión. Será interesante ver cómo será el mundo post-ISIS.

Si tenéis veinte minutos, en South Park nos ofrecen una solución al dilema belicista-pacifista.

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Comentem un fantàstic article de The Atlantic sobre ISIS, Grècia vol contractar turistes i mestresses de casa com a inspectors d’hisenda, EEUU considera internet com a servei públic.

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7 de marzo

Comentamos una encuesta que indica una recuperación de voto del PP y moderación de Podemos, explicamos nuestra experiencia como catalanes con Ciudadanos, y hay polémica por la reforma de la asignatura de religión.

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28 de febrero

Mencionem ràpidament la destrucció d’imatges per part d’ISIS, estem en una segona bombolla immobiliària, els Pujol compareixen davant una comissió d’investigació del Parlament, el sobiranisme es dispara uns quants trets al peu, el TC de Corea del Sud despenalitza l’adulteri.

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28 de febrero

El Gobierno aprueba una ley que obliga a declarar el impuesto de sociedades y mata a las pequeñas asociaciones sin ánimo de lucro, comentamos el artículo de Carlos sobre educación, nos preguntamos por qué la gente se ha vuelto loca como el vestido, el cónsul español en San Petesburgo participa en las condecoraciones de la División Azul, Uber intenta cooperar con las administraciones locales.

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22 de febrero ,

¿Recordáis ese programa? No sé si aún lo echan. Es un concurso de la tele donde unos niños, casi siempre algo repelentes, responden preguntas que los adultos no saben.

—”¡Hay que ver!”—oía comentar

—”¡Lo que se nos olvida cuando nos hacemos mayores!”—decían algunos

—”¡Pobre, qué vergüenza estará pasando ese señor!”—se exclamaban

Voy a ser bastante directo: ese programa sólo muestra que los niños de primaria tienen la cabeza llena de basura. No es que los adultos seamos tontos o “nos olvidemos”, sino que los niños tienen la cabeza llena de conocimientos inservibles.

 

¿Por qué hemos llegado a esta disonancia?

Voy a expresarlo con un símil.

Igual que lo de Charlie Hebdo acabó derivando en un debate estéril sobre la libertad de expresión, cuando debería haber sido otro, siempre que se discute sobre educación salen los mismos argumentos inútiles sobre si hay que enseñar más horas de religión o explicar que ser gay no es un delito, que si el sistema educativo tal o el sindicato de profesores cual. Es que no nos podemos comparar con Finlandia; aquí hace mucho calor; somos un país que cena muy tarde. ¡Excusas, excusas!

Tenemos que resolver los problemas que están en nuestra mano, empezando por replantearnos si la escuela es un parking de niños, si la universidad es una FP más cara, y qué conocimientos esperamos que adquieran nuestros conciudadanos que no siguen estudiando después de la educación secundaria obligatoria.

 

Entonces, ¿es un problema del currículo?

Está claro que tenemos un problema con los conocimientos que enseñamos a nuestros hijos. Preguntadles qué han aprendido hoy en el cole, y pensad un momentito cuántas veces ese conocimiento les va a ser útil en el resto de su vida. Ya no sólo de forma directa; contad también como conocimiento básico para formar otros conceptos.

En realidad, estoy de acuerdo en mantener el 80-90% del currículo. Sinceramente, y sin cinismo; me ha costado encontrar ejemplos de “conocimientos absurdos” para este artículo. Una vez se acaban las raíces cuadradas, las ecuaciones de segundo grado y el pretérito pluscuamperfecto cuesta recordar conceptos que nos hayan grabado a fuego de forma inútil. Pero haberlos, haylos, y como ejemplo me remito al famoso programa de la tele.

También sé que hay muchos conocimientos que no tienen una aplicación práctica inmediata, pero sirven para construir la base del conocimiento de las personas. Hay que enseñar de todo; ciencias, letras, arte, filosofía. Pero necesitamos asignar unas cuantas horas semanales para enseñar a los niños “la universidad de la vida”, en el colegio. Y no me refiero a educación para la ciudadanía, educación de valores. Se trata de saber cómo calcular una hipoteca en función de los ingresos de la pareja, los gastos y el riesgo.

Si eliminamos un 10-15% del temario general podremos enseñar a los niños otro tipo de conocimientos que necesitan para el día a día y no tienen. ¿Por qué se establecen los sueldos en función del mercado? ¿Por qué trabajos aparentemente duros, como la mina o la obra, no se pagan tan bien como otros aparentemente más ligeros, como un cargo directivo? ¿Cómo se hace una planificación de gastos mensual en una familia?

Los niños escogen su futuro a los 16 años, al acabar la secundaria obligatoria, y por mucha información y ayuda que les ofrezcamos, no tienen las herramientas mentales necesarias para decidir qué quieren ser en la vida. Es sencillamente imposible. Por ello les empujamos a que estudien una carrera “de lo que les gusta”, para que al menos estudien, pero acaban, con suerte, de administrativos en un bufete con su título de filología. Qué drama personal, qué despilfarro de recursos públicos, qué desgracia social. Licenciados en un McDonalds. Y sin embargo, sucede.

Cada vez que ha pasado por el Gobierno un partido nuevo ha hecho una reforma educativa que nunca va a resolver el problema real. Y reconozco que es muy fácil “solucionar el mundo” desde mi sofá y un blog. Quizá yo no tendría lo que hay que tener para plantear un cambio tan radical del modelo educativo, dada la oportunidad. Afortunadamente, soy blogger, no presidente del Gobierno, y cobro como tal—es decir, cero.

 

¿Pero entonces sólo debemos enseñarles cuestiones prácticas? ¿Y qué pasa con la “cultura general”?

Reitero que no es una cuestión binaria. No quiero dejar de enseñar a sumar para explicar cómo actuar cuando estás trabajando y crees que tienes la gripe. Busquemos un punto medio.

Mirad, igual sirve para ganar un quesito del Trivial, pero ya me diréis de qué sirve poder nombrar las partes de una flor o los afluentes del Tajo. Y, ya de un poco más mayorcitos, saber nombres de reyes de la Edad Media, estudiar reacciones químicas o hacer senos y cosenos. ¡Qué importante es la trigonometría en ingeniería! Lástima que el 99% de la población no sean ingenieros, claro. Sin embargo, el 99% aspirará a trabajar algún día, y empezará sin saber prácticamente nada del mundo laboral.

Y es que uno puede parecer muy tonto cuando no sabe si el Ebro es el río más caudaloso o el más largo de la Península, pero más grave es que mucha gente todavía culpa al Gobierno cuando sube el precio del pan o a los empresarios cuando suben los precios por el IVA.

Lo único que intento es pedir un poquito más de relevancia para los contenidos no clásicos del currículo educativo.

 

¡Pero este papel lo cubre la familia! o ¡Ya lo aprenderán en la vida!

Lee el siguiente punto.

 

¿Qué debe ser la escuela primaria y secundaria?

Este es el quid de la cuestión.

Tengo la sensación de que la escuela primaria no es más que una guardería y los currículos educativos son un conjunto de conocimientos que se ha mantenido estable desde hace 100 años, renovándose sólo en aquellos casos donde la ciencia ha contradicho algún postulado anterior o para actualizar los libros de historia con el ganador de las elecciones de turno.

Si no, ¿cómo se entiende que los niños salgan por la tele, orgullosos de “saber más” que sus papás? ¡Estos niños no saben nada! Claro está, por algo son niños, no les culpemos a ellos. ¿Cómo reducir en medida de lo posible este gran vacío entre lo que les enseñamos y lo que luego, como adultos, necesitamos conocer?

No basta con decir que “ya lo aprenderán cuando sean mayores” o “la escuela no está para eso”. ¡Claro que está para eso! La escuela está para formar ciudadanos preparados, con igualdad de oportunidades frente a las dificultades de la vida. Y, que me perdonen, pero todavía no me he encontrado una sola vez en la vida con un problema cuya respuesta sea “segunda persona del plural del pretérito pluscuamperfecto”.

¿Y si en vez de enseñarles conocimientos decimonónicos nos enfocamos en cosas útiles?

Claro que la familia está para enseñarles esas cosas, y la sociedad es un gran apoyo. Pero si tenemos un sistema educativo público es porque entendemos que no todo el mundo nace en familias estructuradas o dispuestas a dedicar un tiempo a sus hijos en este aspecto. ¿Para qué, si no, tenemos un estado al que le reclamamos que nos ayude?

¿Cómo podemos aceptar moralmente dar dinero en efectivo a adultos con necesidades, sin antes preguntarnos qué hicimos cuando eran niños para evitar que hayan llegado a esa situación social? ¡Qué hipócrita limpiarnos nuestra consciencia con problemas sociales alegando que “es problema del Estado” pero no le permitimos—ni exigimos— que resuelva estos problemas sino que los delegamos, de nuevo, en nosotros mismos, la sociedad!

 

¿Y cómo formaremos entonces a eruditos y grandes pensadores y profesionales?

Para saber qué opino sobre la educación universitaria, escuchad la segunda parte de este programa. En resumidas cuentas, la Universidad se ha convertido, de facto, en una formación profesional. Hay tres opciones: escondemos la cabeza—solución actual—, empujamos a los estudiantes hacia la FP desde el mundo laboral—p.ej. “para esta vacante no se aceptan titulados universitarios”—o reconocemos el problema y reformamos la Universidad.

Reconocer el problema pasa por adaptar las paradójicas demandas de la sociedad, que es que todos queremos una carrera porque es la única manera de tener trabajo, a la realidad, donde la carrera no te enseña a trabajar y necesitamos estudiar más para trabajar.

Dividamos la universidad en dos niveles: el que enseña a trabajar, que vendría a ser una FP en esteroides o para trabajos que requieran mucha preparación, y el que enseña a pensar y avanzar el conocimiento; el máster/doctorado de toda la vida.

Vivimos en un mundo tan loco donde llamamos máster a unos estudios universitarios cursados después de adquirir conocimientos académicos, para enseñar competencias 100% enfocadas al mundo laboral. ¡Menuda contradicción! Tengo una idea. ¿Y si lo llamamos… Formación Profesional y lo cursamos antes de los conocimientos académicos avanzados?

Sólo hace unas decenas de años, desafortunadamente, la gente no estudiaba, sino que se echaba a trabajar con catorce años, y cuando alguien deseaba ampliar conocimientosaprender la teoría de su trabajo se iba a la Universidad. Ahora la gente aprende la teoría de un trabajo y se da cuenta de que, ¡oh sorpresa! la teoría no es suficiente para trabajar. Y las empresas que les contrataron por tener una carrera les empujan a hacer un máster, para aprender cosas más prácticas. No me digáis que no es perverso a muchos niveles. Tenemos que destruir este modelo ahora mismo y reconstruir el mundo educativo superior.

Como posible solución, permitamos que el mundo laboral entre en el mundo universitario, pero a la vez blindemos el segundo ciclo e informemos a los que lo cursan que esos conocimientos no les servirán para trabajar. Universidad pública y económicamente accesible, sí, ¡pero también útil socialmente!

Ya basta de engañar a los adolescentes. Reformemos la Universidad para adaptarla a lo que les hemos dicho que es, protegiéndola simultáneamente para no perder el último reducto de conocimiento filosófico que nos queda en la sociedad.

 

¿Cómo decidir qué quitar y qué poner en el currículo?

Está claro, no se puede decidir en un par de horas delante de un ordenador. Pero si no lo intentamos nunca lo conseguiremos. Hagámonos unas preguntas sencillas. ¿Qué parte de la población va a necesitar en algún momento de su vida aplicar el conocimiento X? De aquí nos salen grandes bloques de currículo que jamás deberían ser asignaturas troncales, como las ecuaciones de segundo grado, el ciclo celular o la teoría de conjuntos.

Siendo sincero, la división de los currículos en bloques obligatorios y optativos es un gran paso adelante, y es evidente que un estudiante que desee cursar una ingeniería debe tener a su alcance las asignaturas de matemáticas que sean necesarias. Pero, ¿y el que quiera estudiar música?

Lo que echo a faltar es un bloque obligatorio donde enseñen a hacer la declaración de la renta, preparar una factura y presentar una reclamación por escrito a la Administración. No es que tengamos que salir de la educación obligatoria con una experiencia como si tuviéramos 50 años, pero sí lo básico.

Hay que permear ciertos conocimientos universitarios a la educación básica, y elevar otros de la secundaria al primer año de carrera. Cosas básicas como la estadística o la sociología, por poner ejemplos tanto de ciencias como de letras se enseñan sólo en estudios universitarios aunque son imprescindibles para interpretar el día a día.

Todo ciudadano debe saber que la correlación no implica causalidad, o que ciertos demográficos son proclives a la delincuencia no por su “cultura” o su “raza” sino porque viven en situación de exclusión social. En vez de ello, enseñamos a todos los niños cómo se hace una raíz cuadrada a mano. Que me lo expliquen, por favor.

Y, aunque sea tópico, un niño jamás debe acabar la educación obligatoria sin saber (1) comprender un artículo periodístico, (2) redactar un texto que sea comprensible para un desconocido, y (3) haber practicado y saber hablar en un registro profesional en una entrevista de trabajo.

De lo contrario, cuando sea adulto, estará encasillado en un estrato social determinado y le será muy difícil salir de él. “bengo x lo del kurro”. Preguntad a amigos de RRHH y os dirán los horrores que han visto, leído y escuchado.

Incluso, imaginad, nos podríamos plantear ideas totalmente revolucionarias como enseñar a conducir o cocinar de forma obligatoria en la escuela. Aun con las implicaciones sociales y económicas que esto tendría—los de las autoescuelas me matan—, empecemos a pensar out of the box.

Imaginad el titular “Dinamarca enseña a conducir como parte de la educación secundaria”. ¿No suena tan descabellado cuando lo presentamos como una iniciativa de un país más avanzado, verdad?

Qué gran avance social sería para, por ejemplo, movimientos como el feminismo, si todas las mujeres adultas salieran del colegio con una serie de competencias básicas que podrían haberles sido negadas de otro modo en su familia o entorno por cuestiones culturales o sociales.

 

Pero algo se estará haciendo bien

Muchas cosas se están haciendo bien. Creo que hay voluntad para el cambio dentro de la comunidad educativa. Además, es un tema que interesa a todos; la educación de nuestros hijos es una de las cuestiones más importantes y que moviliza a más ciudadanos.

En los últimos años se ha conseguido un gran avance, que es la educación obligatoria dividida en asignaturas obligatorias y optativas. De esta manera conseguimos enseñar conocimientos comunes a todos los ciudadanos, permitiendo que aquellos que se deseen especializar en ciertos temas así lo hagan.

Me he estado documentando para escribir este artículo, y veo que ha habido bastantes cambios respecto a la educación básica que recibí yo hace 15-20 años. Dentro de las asignaturas básicas se enseñan muchos conocimientos de forma aplicada, como interpretar gráficas, mapas o comprensiones de texto más modernas que Garcilaso. Me encanta la poesía, es un arte. Por desgracia, parece que sólo una milésima parte de la sociedad son poetas. Al resto, nos hubiera ido mejor sabiendo cómo calcular un finiquito en vez de que un soneto son dos cuartetos y dos tercetos endecasílabos. (¿Cómo es posible que me acuerde de esto de memoria?)

Por desgracia, el debate no se centra donde seguramente sería más práctico y productivo. Sigo echando en falta asignaturas obligatorias, con un peso real, donde expliquen estos conocimientos necesarios. Muchas veces se enseñan en talleres o días esporádicos, o salidas de aquellas que “si faltas a clase no pasa nada”.

El concepto clave es coste de oportunidad. Cada hora que dedicamos a estudiar un conocimiento inútil es una hora que podríamos haber dedicado a mejorar el futuro de un niño. Los estudiantes pasan muchas horas en el colegio y hay sitio para casi todo si jugamos un poco al Tetris y ordenamos mejor el currículo.

 

¿Qué debemos esperar de la sociedad?

Espero que quede claro que, pese a intentar generar algo de polémica usando ejemplos concretos de cosas que podemos recordar con cariño pero hemos de reconocer que no sirven para nada, mi principal problema es la inmovilidad respecto el currículo educativo.

Es inaceptable que alguien acabe la educación secundaria sin saber cómo se redacta un CV o sin conocer los timos más clásicos de marketing. Muchas empresas viven de cambiar productos a grandes pero con menos contenido u ofreciendo ofertas que multiplican su precio pasados X meses y acaban costando más que pagando el precio estándar. ¿Y por qué lo hacen? Algunos dirán: porque es legal. Pero no es correcto. Lo hacen porque funciona.

“Ya lo irán aprendiendo” no es un argumento válido; por esa regla de tres, dejemos que los alumnos aprendan a leer en su tiempo libre. No. La educación pública obligatoria debe formar a ciudadanos preparados para vivir en el contexto social actual, no a jugadores de Trivial Pursuit.

Vivimos en una economía de la estupidez, donde muchos sectores se benefician de la falta de conocimientos básicos de la sociedad para subsistir. ¿Cuántos no han pagado por cambiar un faro del coche? ¿Y por formatear un ordenador? ¿Y por hacer una declaración de la renta?

El problema no es querer pagar por falta de tiempo o por la tranquilidad de contar con un profesional. Hay muchos casos en los que tenemos que recurrir a un experto, para eso están. Lo grave es vernos obligados a hacerlo porque no tenemos alternativa, porque nadie nos ha enseñado a solucionarlo por nosotros mismos.

Está claro que no todo el mundo puede saberlo todo, y estos servicios afortunadamente seguirán existiendo, pero la total especialización del conocimiento y la externalización de tareas básicas personales son perjudiciales para la sociedad y fomentan el timo y el abuso.

 

¿Y esto contribuirá a un mundo mejor?

Os hago la siguiente pregunta: A la hora de votar, ¿preferís que vuestros conciudadanos, cuyo voto vale igual que el vuestro, sepan dónde está la sierra del Guadarrama, o que sepan qué implica la privatización de la sanidad pública? ¿Que hayan leído El Lazarillo y conozcan la picaresca española—como si tuviéramos que remontarnos al s.XV para experimentar la picaresca—o que sepan qué porcentaje de impuestos sobre su facturación paga un autónomo?

Algunos alegarán que esto es imposible por X Y Z problemas técnicos. Ya sabéis lo que opino de los problemas técnicos; se usan como excusa para esconder una falta de voluntad política y social. A nadie le gusta ponerse manos a la obra y asumir la responsabilidad de adaptar el currículo educativo de forma constante. Igual tampoco tenemos unos políticos que estén a la altura; en realidad, cada vez que han intentado cambiar parte del currículo ha acostumbrado a ser para barrer para casa.

También tendría otras implicaciones curiosas, como que diferentes generaciones no tendrían los mismos conocimientos básicos. Compartirían, claro está, el saber resolver ecuaciones o diferenciar un fémur de una tibia. Pero, ¿es esto un problema o sencillamente un reflejo de la realidad?

Dejadme que plantee la pregunta al revés: ¿qué conseguimos estudiando el mismo currículo básico que nuestros abuelos?

La respuesta la tenemos a nuestro alrededor. Adultos que saben distinguir una preposición de un pronombre pero no saben interpretar una gráfica cuyo eje Y no empiece en cero. Adultos que se mofan de otros por desconocer trivialidades como la capital de Castilla-La Mancha, pero que no entienden por qué cada año Andalucía, Cataluña y Madrid suman el 50% de los casos de violencia doméstica en España.

Sólo hay una manera práctica de evitar que nos engañen: educando mejor a nuestros hijos. No más horas, ni con más valores, ni más duramenteMejor.

¡Manos a la obra!

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El Gargallo ens explica algunes qüestions sobre els gasos d’efecte hivernacle i el context del canvi climàtic, parlem sobre el futur de les dades digitals, si el whatsapp millora o empitjora la comunicació.

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