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9 de Noviembre 2016 ,

Imaginaos por un momento un país donde hay dos canales de televisión, donde la mitad de la gente mira un canal y la otra mitad mira el otro.

Todas las personas de ese país probablemente hablan el mismo idioma. Si se cruzan por la calle se saludan, cuando van a comprar hablan y se entienden, cuando se envían documentos en la oficina lo hacen en el mismo idioma.

Pero cuando salen de trabajar, van a un bar y comentan la semana mientras hacen unas cervezas, la comprensión básicamente termina. Dos personas que ven el mismo canal pueden debatir las notícias del día, pueden comentar el comediante del martes pasado, pueden hablar de los seriales sudamericanos que pone la tv por la tarde, pueden reírse con un chiste de la película que salió anoche. El hecho de ver el mismo canal les liga de una forma sutil pero profunda, y es una conexión que dos personas que ven canales diferentes no tendrán.

La cosa empeora cuando cada “audiencia” no sabe que existe otro canal. Una conversación entre dos personas de diferente audiencia es corta e improductiva; cualquier intento de referenciar contenido de un canal será respuesto con confusión por la otra persona. En el mejor de los casos la conversación terminará pronto; en el peor, una o ambas partes acabarán ofendidas o convencidas de la estupidez del otro.

Ese país que hemos imaginado, muy simplificado, es la civilización occidental. En este particular, Estados Unidos.

Y no, no me refiero a Republicanos y Demócratas. Ese es el problema.

 

En nuestro contexto, “canal” es el conjunto de memes culturales, geográficos, económicos, principios morales, etc. que caracterizan una población.

El primer canal es, esencialmente, la evolución continuista de la cultura primordial judeo-cristiana de occidente.

El segundo canal, mucho más reciente, surgió a partir de la progresía contracultural del siglo XX, que creció hasta volverse hegemónica en las élites políticas y medios de comunicación, hasta tal punto que llegaron a olvidarse de que otro canal jamás había existido. Los detalles no tienen importancia; lo importante es que el 99% de los políticos de finales del siglo XX y del XXI han acabado perteneciendo a este canal, por nacimiento o por osmosis. Políticos de ambos partidos.

Desde el punto de vista de la audiencia del primer canal, llevaban quizás 20 años con políticos que cada vez más les eran ajenos. Ya no es que estén más o menos de acuerdo con sus políticas; no les entienden, por mucho que todos hablen inglés. Los políticos, a su vez, tampoco les entienden a ellos, y cada vez más les ignoran o les tratan con desprecio, considerándoles demasiado estúpidos para su consideración.

Un buen dia, del lugar más insospechado del país llega un hombre que, teóricamente, debería tratarles cómo todos los demás políticos: Es de la capital metropolitana del mundo, billonario, con contactos en todas las esferas de la élite. Pero cuando se acerca al micrófono y empieza a hablar, la gente del canal original se queda atónita; Le entienden. Habla como ellos, mira los mismos programas que ellos, hace los mismos chistes que ellos, le gustan los mismos actores que a ellos. Él les dice, yo soy de los vuestros.

Las palabras exactas que usa esa persona no importan; cuando llevas tres días sin comer y te encuentras un vendedor de bocadillos, no te pones caprichoso con los ingredientes. Su audiencia, con alguna reticencia esporádica, le acepta y le abraza, y le alza como su mensajero y salvador.

Desde fuera, desde el otro canal, el fenómeno se ve con curiosidad y perturbación: Cómo puede ser una persona así tan popular cuando ellos no entienden nada de lo que dice? Es una persona claramente confusa y estúpida. Es imposible que gane nada o consiga nada, su incapacidad es manifiesta.

Excepto que se olvidaron de que existe el otro canal.

Hoy, el otro canal les manda un mensaje claro y contundente: “J’y suis. J’y reste!”

 

Estos próximos días escuchad las palabras de la prensa y los políticos, recordad lo que se dijo durante la campaña, y mantened los canales en la mente. Todo aparecerá claro.

2 comentarios

  1. Mindan
    Viernes, 11 de Noviembre de 2016 a las 11:14 | #1

    No sé cómo no he descubierto antes la maravilla que es Dame la Voz. Gargallo, eres mi héroe.

  2. Domingo, 13 de Noviembre de 2016 a las 15:37 | #2

    Enhorabuena por el artículo Gargallo, creo que has dado con un problema muy grande que la mayoría no podemos ver porque transciende nuestra narrativa colectiva.

    Te dejo un par de enlaces que igual te resultan interesantes.

    Aquí, Jonathan Pie en un rant de reacción a los resultados de las elecciones dice que Trump ha sido elegido porque la izquierda no sólo no debate con otros puntos de vista sino que no concibe que puedan existir y, que en todo caso, quien opine diferente es un un “ista” (racista, machista, loco o directamente Hitler). https://www.youtube.com/watch?v=GLG9g7BcjKs

    Y en el penúltimo capítulo de inquiring minds puedes escuchar como una socióloga demócrata se fue a comunidades sureñas, suspendió su “mecanismo de alarma política” y pudo no sólo empatizar con la narrativa del otro bando sino hacer amistades. Es una forma de asomarse a ese otro canal que comentas en este post.
    https://soundcloud.com/inquiringminds/154-changing-political-minds-the-deep-story-with-arlie-hochschild-and-reckonings

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