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21 de Enero 2014 ,

Normalmente voy a trabajar en transporte colectivo. Lo hago porque me sale mucho más económico que el individual. Y voy más cómodo. A parte, colaboro con una movilidad más pacífica. Hace unos días hice el trayecto de unos 50 km en coche. Aunque hace muchos años que conduzco y que ya sé cómo va el mundo , no dejó de sorprenderme el nivel de agresividad y nerviosismo que vi en la autopista camino hacia Barcelona a las siete y media de la mañana.

Coches avanzando en zig zag, motos adelantando entre carriles con densidad de tráfico, intermitentes usados para reafirmar que estamos en mitad de un cambio de carril en lugar de un anuncio de intenciones. La distancia de seguridad es algo que sólo está en el código de circulación. Cada tantos kilómetros hay unos enormes carteles luminosos que nos recuerdan algo que debería ser obvio: “Mantenga la distancia de seguridad”. Recuerdo que se me pasó por la cabeza que deberían tener un punto más de agresividad y decir “¡Mantenga la distancia de seguridad, idiota!”

Cuando las administraciones siembran de radares las carreteras lo suelen hacer con una cierta vergüenza, y se excusan diciendo que no tienen fines recaudadores. A mi no me parece mal que los malos conductores paguen más por las carreteras. Eso se hace con radares. Con radares con fines recaudatorios. En mi sistema de multas ideal, la primera o segunda multa tendrían importes bajos, a modo de aviso. Irían aumentando conforme se acumularan denuncias en un año. De manera que el profesional del slalom del cemento acabara pagando más. Sr. Montoro, se lo dejo como idea. Si multamos a los vehículos que conducen intimidando al de delante, sin respetar la distancia de seguridad, se termina el déficit y volvemos a la Champions de la economía en un periquete.

4 comentarios

  1. Martes, 21 de Enero de 2014 a las 09:40 | #1

    En Barcelona se conduce de manera muy agresiva. Creo que es por como están organizadas las salidas y entradas a la ciudad. Si se te pasa la tuya tienes que dar un rodeo enorme, con lo que la gente se pone muy nerviosa hasta que no esté en el carril correcto.

    Además tengo la sensación de que en el interior de la ciudad los carriles son más estrechos de lo normal, obligando a los coches a ir más pegados unos a otros.

  2. Carlos F.
    Martes, 21 de Enero de 2014 a las 10:31 | #2

    @angelitoMagno
    Lo segundo es cierto, estrecharon la mayoría de carriles para hacer el carril bus. En lo primero no estoy de acuerdo, si te pasas la salida de la ronda o la autopista, tienes la siguiente en menos de 1 km.

    Yo he conducido ya casi por media España, y donde se conduce peor, con diferencia, es en Madrid. La gente no sólo es agresiva (yendo a 80 por ciudad) sino que se están pitando entre ellos constantemente.

    Barcelona tiene un sistema muy racional para los conductores, una señalización excelente, y además la gente no suele correr mucho. Es una de las pocas cosas que creo que está mejor que en otras capitales.

    Sobre lo que menciona Joan de los flipados de las 7:30, pues sí, aunque imagínate los de las 20:00 que tienen ganas de llegar a casa. Aun con todo creo que no se conduce del todo mal. Voy cada día a BCN y en los últimos 6 meses sólo recuerdo 5-6 flipados de verdad, y algún capullo que hace cambios de carril extraños. Menos de 1 conductor imbécil por día. No es una mala cifra.

  3. Andrés
    Miércoles, 22 de Enero de 2014 a las 13:56 | #3

    A mí me parece que el objetivo tiene que ser que los malos conductores se transformen en buenos conductores, ya que si tu objetivo es recaudar casi que te interesa que existan malos conductores (obviando otros gastos tipo accidentes), aunque no digo que los métodos para conseguir los dos objetivos no sean los mismos (vamos, que no digo que ésta reflexión sirva para algo). Y de todas formas, no se si me parece tan bien que por ser malos conductores paguen más por las carreteras a menos que el hecho de que sean malos conductores sea lo que provoque o aumente el gasto en carreteras.

  4. Julián
    Domingo, 26 de Enero de 2014 a las 18:14 | #4

    En la línea de lo que comentaba Andrés, tu planteamiento corre el riesgo de convertir el saltarse las normas no en algo sancionable, sino en un privilegio que solo pueden permitirse gente con mucho dinero. Para este problema la típica aproximación liberal no me termina de convencer, porque las externalidades negativas que puede generar un accidente de tráfico propiciado por alguien que no respeta las normas son difíciles de valorar (si es que se puede poner precio a una vida cuando ocurre lo peor).

    Creo que la solución es educación y concienciación, fomento del transporte público y de formas de transporte alternativas. Eso, hasta que llegue Google con sus coches que se conducen solos, y todo cambie de tal forma que este debate quede obsoleto.

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