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4 de Octubre 2013 ,

Hoy en día todos sabemos lo que es un monopolio, ni que sea gracias al famoso juego de mesa. Pero en el siglo XXI la mayoría de legislaciones avanzadas los prohíben (oligopolios y coleguismo aparte), así que las grandes empresas están optando por otra estrategia desleal para sortear la ley y romper el mercado: el monopsonio. Esta práctica consiste en romper el mercado mediante la existencia de un solo comprador, lo que puede parecer sorprendente, pero si cambiamos la palabra “comprador” por “intermediario” seguro que os vienen nombres a la cabeza, ¿verdad? En España el más famoso es Mercadona, y a nivel mundial, Amazon. Son empresas que han conseguido reducir tantísimo sus márgenes y precios que tienen una cuota de mercado enorme.

Su posición les permite negociar mejores precios con sus proveedores a cambio de volúmenes de compra brutales. Mercadona tiene aproximadamente el 40% de cuota de mercado en el campo de los supermercados, así que venden mucho. Entonces, negocia con los productores un volumen de venta a un precio ajustado, supuestamente, beneficioso para ambas partes, aunque en algunos casos con cláusulas de exclusividad. La posición dominante les permite forzar determinadas cláusulas monopolísticas. Entonces, estos productores ajustan su producción a los niveles que les exige Mercadona. El año siguiente, Mercadona les ofrece un precio de compra muy, muy inferior al anterior. Como el volumen de producción era elevadísimo, previendo satisfacer a este comprador, y el resto de intermediarios son tan minoritarios que no pueden ofrecer salida a tanto producto, el productor no tiene más alternativa que ceder en el precio, aunque sea a pérdidas, o bien tirar su stock. Se han convertido en el único comprador de facto.

Amazon hizo algo similar con sus libros electrónicos. Mediante la venta a pérdidas (ilegal en España pero no en otros países) consiguió prácticamente el monopolio del ebook, y por tanto, el monopsonio desde el punto de vista de las editoriales. Una vez destruyó a su competencia, decidió unilateralmente subir sus precios para empezar a tener beneficios, y tanto clientes como productores salieron perdiendo. He querido destapar este tema porque, al final, el consumidor sólo ve el precio de compra, y a similar calidad, escoge el más barato. Es lógico y sano, en un mercado libre. Pero por desgracia, el precio barato refleja unas tácticas de mercado invisibles a los ojos del consumidor y desleales. Es importante conocerlas, porque al final, cada euro que gastamos dicta cómo queremos que sea el mundo en que vivimos.

1 comentario

  1. Sábado, 5 de Octubre de 2013 a las 10:32 | #1

    “cada euro que gastamos dicta cómo queremos que sea el mundo en que vivimos.”

    Grandísima frase Feno, hay que insistir en la visión del consumo como acto político.

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Comentarios cerrados.