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22 de Febrero 2015 ,

¿Recordáis ese programa? No sé si aún lo echan. Es un concurso de la tele donde unos niños, casi siempre algo repelentes, responden preguntas que los adultos no saben.

—”¡Hay que ver!”—oía comentar

—”¡Lo que se nos olvida cuando nos hacemos mayores!”—decían algunos

—”¡Pobre, qué vergüenza estará pasando ese señor!”—se exclamaban

Voy a ser bastante directo: ese programa sólo muestra que los niños de primaria tienen la cabeza llena de basura. No es que los adultos seamos tontos o “nos olvidemos”, sino que los niños tienen la cabeza llena de conocimientos inservibles.

 

¿Por qué hemos llegado a esta disonancia?

Voy a expresarlo con un símil.

Igual que lo de Charlie Hebdo acabó derivando en un debate estéril sobre la libertad de expresión, cuando debería haber sido otro, siempre que se discute sobre educación salen los mismos argumentos inútiles sobre si hay que enseñar más horas de religión o explicar que ser gay no es un delito, que si el sistema educativo tal o el sindicato de profesores cual. Es que no nos podemos comparar con Finlandia; aquí hace mucho calor; somos un país que cena muy tarde. ¡Excusas, excusas!

Tenemos que resolver los problemas que están en nuestra mano, empezando por replantearnos si la escuela es un parking de niños, si la universidad es una FP más cara, y qué conocimientos esperamos que adquieran nuestros conciudadanos que no siguen estudiando después de la educación secundaria obligatoria.

 

Entonces, ¿es un problema del currículo?

Está claro que tenemos un problema con los conocimientos que enseñamos a nuestros hijos. Preguntadles qué han aprendido hoy en el cole, y pensad un momentito cuántas veces ese conocimiento les va a ser útil en el resto de su vida. Ya no sólo de forma directa; contad también como conocimiento básico para formar otros conceptos.

En realidad, estoy de acuerdo en mantener el 80-90% del currículo. Sinceramente, y sin cinismo; me ha costado encontrar ejemplos de “conocimientos absurdos” para este artículo. Una vez se acaban las raíces cuadradas, las ecuaciones de segundo grado y el pretérito pluscuamperfecto cuesta recordar conceptos que nos hayan grabado a fuego de forma inútil. Pero haberlos, haylos, y como ejemplo me remito al famoso programa de la tele.

También sé que hay muchos conocimientos que no tienen una aplicación práctica inmediata, pero sirven para construir la base del conocimiento de las personas. Hay que enseñar de todo; ciencias, letras, arte, filosofía. Pero necesitamos asignar unas cuantas horas semanales para enseñar a los niños “la universidad de la vida”, en el colegio. Y no me refiero a educación para la ciudadanía, educación de valores. Se trata de saber cómo calcular una hipoteca en función de los ingresos de la pareja, los gastos y el riesgo.

Si eliminamos un 10-15% del temario general podremos enseñar a los niños otro tipo de conocimientos que necesitan para el día a día y no tienen. ¿Por qué se establecen los sueldos en función del mercado? ¿Por qué trabajos aparentemente duros, como la mina o la obra, no se pagan tan bien como otros aparentemente más ligeros, como un cargo directivo? ¿Cómo se hace una planificación de gastos mensual en una familia?

Los niños escogen su futuro a los 16 años, al acabar la secundaria obligatoria, y por mucha información y ayuda que les ofrezcamos, no tienen las herramientas mentales necesarias para decidir qué quieren ser en la vida. Es sencillamente imposible. Por ello les empujamos a que estudien una carrera “de lo que les gusta”, para que al menos estudien, pero acaban, con suerte, de administrativos en un bufete con su título de filología. Qué drama personal, qué despilfarro de recursos públicos, qué desgracia social. Licenciados en un McDonalds. Y sin embargo, sucede.

Cada vez que ha pasado por el Gobierno un partido nuevo ha hecho una reforma educativa que nunca va a resolver el problema real. Y reconozco que es muy fácil “solucionar el mundo” desde mi sofá y un blog. Quizá yo no tendría lo que hay que tener para plantear un cambio tan radical del modelo educativo, dada la oportunidad. Afortunadamente, soy blogger, no presidente del Gobierno, y cobro como tal—es decir, cero.

 

¿Pero entonces sólo debemos enseñarles cuestiones prácticas? ¿Y qué pasa con la “cultura general”?

Reitero que no es una cuestión binaria. No quiero dejar de enseñar a sumar para explicar cómo actuar cuando estás trabajando y crees que tienes la gripe. Busquemos un punto medio.

Mirad, igual sirve para ganar un quesito del Trivial, pero ya me diréis de qué sirve poder nombrar las partes de una flor o los afluentes del Tajo. Y, ya de un poco más mayorcitos, saber nombres de reyes de la Edad Media, estudiar reacciones químicas o hacer senos y cosenos. ¡Qué importante es la trigonometría en ingeniería! Lástima que el 99% de la población no sean ingenieros, claro. Sin embargo, el 99% aspirará a trabajar algún día, y empezará sin saber prácticamente nada del mundo laboral.

Y es que uno puede parecer muy tonto cuando no sabe si el Ebro es el río más caudaloso o el más largo de la Península, pero más grave es que mucha gente todavía culpa al Gobierno cuando sube el precio del pan o a los empresarios cuando suben los precios por el IVA.

Lo único que intento es pedir un poquito más de relevancia para los contenidos no clásicos del currículo educativo.

 

¡Pero este papel lo cubre la familia! o ¡Ya lo aprenderán en la vida!

Lee el siguiente punto.

 

¿Qué debe ser la escuela primaria y secundaria?

Este es el quid de la cuestión.

Tengo la sensación de que la escuela primaria no es más que una guardería y los currículos educativos son un conjunto de conocimientos que se ha mantenido estable desde hace 100 años, renovándose sólo en aquellos casos donde la ciencia ha contradicho algún postulado anterior o para actualizar los libros de historia con el ganador de las elecciones de turno.

Si no, ¿cómo se entiende que los niños salgan por la tele, orgullosos de “saber más” que sus papás? ¡Estos niños no saben nada! Claro está, por algo son niños, no les culpemos a ellos. ¿Cómo reducir en medida de lo posible este gran vacío entre lo que les enseñamos y lo que luego, como adultos, necesitamos conocer?

No basta con decir que “ya lo aprenderán cuando sean mayores” o “la escuela no está para eso”. ¡Claro que está para eso! La escuela está para formar ciudadanos preparados, con igualdad de oportunidades frente a las dificultades de la vida. Y, que me perdonen, pero todavía no me he encontrado una sola vez en la vida con un problema cuya respuesta sea “segunda persona del plural del pretérito pluscuamperfecto”.

¿Y si en vez de enseñarles conocimientos decimonónicos nos enfocamos en cosas útiles?

Claro que la familia está para enseñarles esas cosas, y la sociedad es un gran apoyo. Pero si tenemos un sistema educativo público es porque entendemos que no todo el mundo nace en familias estructuradas o dispuestas a dedicar un tiempo a sus hijos en este aspecto. ¿Para qué, si no, tenemos un estado al que le reclamamos que nos ayude?

¿Cómo podemos aceptar moralmente dar dinero en efectivo a adultos con necesidades, sin antes preguntarnos qué hicimos cuando eran niños para evitar que hayan llegado a esa situación social? ¡Qué hipócrita limpiarnos nuestra consciencia con problemas sociales alegando que “es problema del Estado” pero no le permitimos—ni exigimos— que resuelva estos problemas sino que los delegamos, de nuevo, en nosotros mismos, la sociedad!

 

¿Y cómo formaremos entonces a eruditos y grandes pensadores y profesionales?

Para saber qué opino sobre la educación universitaria, escuchad la segunda parte de este programa. En resumidas cuentas, la Universidad se ha convertido, de facto, en una formación profesional. Hay tres opciones: escondemos la cabeza—solución actual—, empujamos a los estudiantes hacia la FP desde el mundo laboral—p.ej. “para esta vacante no se aceptan titulados universitarios”—o reconocemos el problema y reformamos la Universidad.

Reconocer el problema pasa por adaptar las paradójicas demandas de la sociedad, que es que todos queremos una carrera porque es la única manera de tener trabajo, a la realidad, donde la carrera no te enseña a trabajar y necesitamos estudiar más para trabajar.

Dividamos la universidad en dos niveles: el que enseña a trabajar, que vendría a ser una FP en esteroides o para trabajos que requieran mucha preparación, y el que enseña a pensar y avanzar el conocimiento; el máster/doctorado de toda la vida.

Vivimos en un mundo tan loco donde llamamos máster a unos estudios universitarios cursados después de adquirir conocimientos académicos, para enseñar competencias 100% enfocadas al mundo laboral. ¡Menuda contradicción! Tengo una idea. ¿Y si lo llamamos… Formación Profesional y lo cursamos antes de los conocimientos académicos avanzados?

Sólo hace unas decenas de años, desafortunadamente, la gente no estudiaba, sino que se echaba a trabajar con catorce años, y cuando alguien deseaba ampliar conocimientosaprender la teoría de su trabajo se iba a la Universidad. Ahora la gente aprende la teoría de un trabajo y se da cuenta de que, ¡oh sorpresa! la teoría no es suficiente para trabajar. Y las empresas que les contrataron por tener una carrera les empujan a hacer un máster, para aprender cosas más prácticas. No me digáis que no es perverso a muchos niveles. Tenemos que destruir este modelo ahora mismo y reconstruir el mundo educativo superior.

Como posible solución, permitamos que el mundo laboral entre en el mundo universitario, pero a la vez blindemos el segundo ciclo e informemos a los que lo cursan que esos conocimientos no les servirán para trabajar. Universidad pública y económicamente accesible, sí, ¡pero también útil socialmente!

Ya basta de engañar a los adolescentes. Reformemos la Universidad para adaptarla a lo que les hemos dicho que es, protegiéndola simultáneamente para no perder el último reducto de conocimiento filosófico que nos queda en la sociedad.

 

¿Cómo decidir qué quitar y qué poner en el currículo?

Está claro, no se puede decidir en un par de horas delante de un ordenador. Pero si no lo intentamos nunca lo conseguiremos. Hagámonos unas preguntas sencillas. ¿Qué parte de la población va a necesitar en algún momento de su vida aplicar el conocimiento X? De aquí nos salen grandes bloques de currículo que jamás deberían ser asignaturas troncales, como las ecuaciones de segundo grado, el ciclo celular o la teoría de conjuntos.

Siendo sincero, la división de los currículos en bloques obligatorios y optativos es un gran paso adelante, y es evidente que un estudiante que desee cursar una ingeniería debe tener a su alcance las asignaturas de matemáticas que sean necesarias. Pero, ¿y el que quiera estudiar música?

Lo que echo a faltar es un bloque obligatorio donde enseñen a hacer la declaración de la renta, preparar una factura y presentar una reclamación por escrito a la Administración. No es que tengamos que salir de la educación obligatoria con una experiencia como si tuviéramos 50 años, pero sí lo básico.

Hay que permear ciertos conocimientos universitarios a la educación básica, y elevar otros de la secundaria al primer año de carrera. Cosas básicas como la estadística o la sociología, por poner ejemplos tanto de ciencias como de letras se enseñan sólo en estudios universitarios aunque son imprescindibles para interpretar el día a día.

Todo ciudadano debe saber que la correlación no implica causalidad, o que ciertos demográficos son proclives a la delincuencia no por su “cultura” o su “raza” sino porque viven en situación de exclusión social. En vez de ello, enseñamos a todos los niños cómo se hace una raíz cuadrada a mano. Que me lo expliquen, por favor.

Y, aunque sea tópico, un niño jamás debe acabar la educación obligatoria sin saber (1) comprender un artículo periodístico, (2) redactar un texto que sea comprensible para un desconocido, y (3) haber practicado y saber hablar en un registro profesional en una entrevista de trabajo.

De lo contrario, cuando sea adulto, estará encasillado en un estrato social determinado y le será muy difícil salir de él. “bengo x lo del kurro”. Preguntad a amigos de RRHH y os dirán los horrores que han visto, leído y escuchado.

Incluso, imaginad, nos podríamos plantear ideas totalmente revolucionarias como enseñar a conducir o cocinar de forma obligatoria en la escuela. Aun con las implicaciones sociales y económicas que esto tendría—los de las autoescuelas me matan—, empecemos a pensar out of the box.

Imaginad el titular “Dinamarca enseña a conducir como parte de la educación secundaria”. ¿No suena tan descabellado cuando lo presentamos como una iniciativa de un país más avanzado, verdad?

Qué gran avance social sería para, por ejemplo, movimientos como el feminismo, si todas las mujeres adultas salieran del colegio con una serie de competencias básicas que podrían haberles sido negadas de otro modo en su familia o entorno por cuestiones culturales o sociales.

 

Pero algo se estará haciendo bien

Muchas cosas se están haciendo bien. Creo que hay voluntad para el cambio dentro de la comunidad educativa. Además, es un tema que interesa a todos; la educación de nuestros hijos es una de las cuestiones más importantes y que moviliza a más ciudadanos.

En los últimos años se ha conseguido un gran avance, que es la educación obligatoria dividida en asignaturas obligatorias y optativas. De esta manera conseguimos enseñar conocimientos comunes a todos los ciudadanos, permitiendo que aquellos que se deseen especializar en ciertos temas así lo hagan.

Me he estado documentando para escribir este artículo, y veo que ha habido bastantes cambios respecto a la educación básica que recibí yo hace 15-20 años. Dentro de las asignaturas básicas se enseñan muchos conocimientos de forma aplicada, como interpretar gráficas, mapas o comprensiones de texto más modernas que Garcilaso. Me encanta la poesía, es un arte. Por desgracia, parece que sólo una milésima parte de la sociedad son poetas. Al resto, nos hubiera ido mejor sabiendo cómo calcular un finiquito en vez de que un soneto son dos cuartetos y dos tercetos endecasílabos. (¿Cómo es posible que me acuerde de esto de memoria?)

Por desgracia, el debate no se centra donde seguramente sería más práctico y productivo. Sigo echando en falta asignaturas obligatorias, con un peso real, donde expliquen estos conocimientos necesarios. Muchas veces se enseñan en talleres o días esporádicos, o salidas de aquellas que “si faltas a clase no pasa nada”.

El concepto clave es coste de oportunidad. Cada hora que dedicamos a estudiar un conocimiento inútil es una hora que podríamos haber dedicado a mejorar el futuro de un niño. Los estudiantes pasan muchas horas en el colegio y hay sitio para casi todo si jugamos un poco al Tetris y ordenamos mejor el currículo.

 

¿Qué debemos esperar de la sociedad?

Espero que quede claro que, pese a intentar generar algo de polémica usando ejemplos concretos de cosas que podemos recordar con cariño pero hemos de reconocer que no sirven para nada, mi principal problema es la inmovilidad respecto el currículo educativo.

Es inaceptable que alguien acabe la educación secundaria sin saber cómo se redacta un CV o sin conocer los timos más clásicos de marketing. Muchas empresas viven de cambiar productos a grandes pero con menos contenido u ofreciendo ofertas que multiplican su precio pasados X meses y acaban costando más que pagando el precio estándar. ¿Y por qué lo hacen? Algunos dirán: porque es legal. Pero no es correcto. Lo hacen porque funciona.

“Ya lo irán aprendiendo” no es un argumento válido; por esa regla de tres, dejemos que los alumnos aprendan a leer en su tiempo libre. No. La educación pública obligatoria debe formar a ciudadanos preparados para vivir en el contexto social actual, no a jugadores de Trivial Pursuit.

Vivimos en una economía de la estupidez, donde muchos sectores se benefician de la falta de conocimientos básicos de la sociedad para subsistir. ¿Cuántos no han pagado por cambiar un faro del coche? ¿Y por formatear un ordenador? ¿Y por hacer una declaración de la renta?

El problema no es querer pagar por falta de tiempo o por la tranquilidad de contar con un profesional. Hay muchos casos en los que tenemos que recurrir a un experto, para eso están. Lo grave es vernos obligados a hacerlo porque no tenemos alternativa, porque nadie nos ha enseñado a solucionarlo por nosotros mismos.

Está claro que no todo el mundo puede saberlo todo, y estos servicios afortunadamente seguirán existiendo, pero la total especialización del conocimiento y la externalización de tareas básicas personales son perjudiciales para la sociedad y fomentan el timo y el abuso.

 

¿Y esto contribuirá a un mundo mejor?

Os hago la siguiente pregunta: A la hora de votar, ¿preferís que vuestros conciudadanos, cuyo voto vale igual que el vuestro, sepan dónde está la sierra del Guadarrama, o que sepan qué implica la privatización de la sanidad pública? ¿Que hayan leído El Lazarillo y conozcan la picaresca española—como si tuviéramos que remontarnos al s.XV para experimentar la picaresca—o que sepan qué porcentaje de impuestos sobre su facturación paga un autónomo?

Algunos alegarán que esto es imposible por X Y Z problemas técnicos. Ya sabéis lo que opino de los problemas técnicos; se usan como excusa para esconder una falta de voluntad política y social. A nadie le gusta ponerse manos a la obra y asumir la responsabilidad de adaptar el currículo educativo de forma constante. Igual tampoco tenemos unos políticos que estén a la altura; en realidad, cada vez que han intentado cambiar parte del currículo ha acostumbrado a ser para barrer para casa.

También tendría otras implicaciones curiosas, como que diferentes generaciones no tendrían los mismos conocimientos básicos. Compartirían, claro está, el saber resolver ecuaciones o diferenciar un fémur de una tibia. Pero, ¿es esto un problema o sencillamente un reflejo de la realidad?

Dejadme que plantee la pregunta al revés: ¿qué conseguimos estudiando el mismo currículo básico que nuestros abuelos?

La respuesta la tenemos a nuestro alrededor. Adultos que saben distinguir una preposición de un pronombre pero no saben interpretar una gráfica cuyo eje Y no empiece en cero. Adultos que se mofan de otros por desconocer trivialidades como la capital de Castilla-La Mancha, pero que no entienden por qué cada año Andalucía, Cataluña y Madrid suman el 50% de los casos de violencia doméstica en España.

Sólo hay una manera práctica de evitar que nos engañen: educando mejor a nuestros hijos. No más horas, ni con más valores, ni más duramenteMejor.

¡Manos a la obra!

6 comentarios

  1. Sergiopero
    Domingo, 22 de Febrero de 2015 a las 21:18 | #1

    Hola Carlos, y demás. Vaya por delante que es un placer a ver sabido de vosotros hace años y seguir escuchandoos aqui en México donde vivo desde hace 2 años. Sois mi vinculo mas fiable con la realidad española.
    Solo os escribo despues de haber leído tu post, pues ayer mismo revisioné las TEDs y el trabajo de un educador Indio que ha trabajado muchos años en un concepto educativo bastante novedoso.
    Resumiendo mucho su hipótesis es que la educación es un sistema auto-organizativo, es decir no requiere de una guía ni creación de estructura externa (profesores, sistema educativo, etc) Y que proveyendo a un grupo de niños de las herramientas adecuadas (básicamente acceso a internet) y produciendo las condiciones pedagógicas adecuadas. El aprendizaje sucede como producto lógico de la educación.
    Así dicho poco interesante, pero el tipo se ha dedicado años a hacer experimentos y recopilar resultados en áreas rurales de india.

    Vale la pena gastar 20 minutos en ver si primera TED de 2008:
    http://www.ted.com/talks/sugata_mitra_shows_how_kids_teach_themselves

    Y otros 20 en su segunda TED dos años despues, y con un poco mas de fondos para gastar.
    http://www.ted.com/talks/sugata_mitra_the_child_driven_education

  2. Javier Romero
    Lunes, 23 de Febrero de 2015 a las 07:40 | #2

    ¡Me has leído la mente! En serio, llevo mucho tiempo dando la vara a mis allegados con el tema de lo innecesario de la cultura “Trivial”, más ahora que se han derribado las barreras que permiten acceder al concimiento (de hecho, encuentro geografía como la asignatura más inútil hoy en día; quizás se podría mejorar con conocimientos más sólidos sobre geopolítica); de hecho, creo que ese es uno de los principales problemas: no nos damos cuenta de que la información que históricamente nuestros antepasados debían almacenar en su memoria era consecuencia de la imposibilidad de acceder a dichos contenidos.

    También suelo hablar de que se podría dar algo de derecho administrativo o, mejor, de cómo hablar con la administración; se podrían dar las normas de tráfico, que al final las aprendemos de oídas para que luego nos sorprendan en las autoescuelas…

    En fin, no quiero repetir lo que has escrito (y lo estoy haciendo), porque lo has expresado muy bien, pero también tengo la impresión de que no se atacan las raíces del problema y, posiblemente, tardaremos mucho tiempo en entenderlo. Claro que no es fácil, pero es que encima parece que no queremos ni empezar a plantearlo.

  3. Andrés
    Lunes, 23 de Febrero de 2015 a las 09:54 | #3

    El problema no son (solo) los aspectos técnicos sino los ideológicos. ¿Realmente estamos todos de acuerdo en relegar la poesía o en dar a elegir optativas a niños de 15 años?

    Por argumentar un poco en contra, si no se enseña geografía a alguien cuando se le puede obligar, no la va a aprender nunca mientras que la mayoría de cosas practicas que dices es mas fácil que se interese por aprenderlas más adelante.

  4. Aarón Blanco
    Lunes, 23 de Febrero de 2015 a las 10:52 | #4

    Hay varios puntos en los que no estoy de acuerdo pero no los voy a rebatir porque sí que lo estoy en el tema central que traes a debate: hay que repensar TODA el sistema educativo/formativo español. Es decir, en vez de andar medio-rebatiéndote como forma de mirar al dedo, observo la luna a la que apuntas y te digo que tienes razón.

    A este respecto hay muchísimos profesionales teorizando formas alternativas para reformar el sistema educativo a todos los niveles, es decir, energía potencial hay, y mucha, “solamente” hace falta que los políticos muestren una intención real de reformar el sistema educativo y se pongan a ello, que formen equipos multidisciplinares para cada etapa educativa y que los ponga a debatir y a crear propuestas COMPLETAS, no propuestas/parche para cierto agujero que detectamos, sino propuestas completas. Eso va a ser complicado conociendo nuestros políticos, muchas veces las dinámicas de nuestros políticos son reflejos de las dinámicas de la sociedad y, por tanto, de todxs nosotrxs como individuos. Mi casero es profesor en un instituto y te podría contar muchas historias sobre la total reacción al cambio de los mismos equipos directivos de las escuelas.

    El otro día escuchando El club de jazz un contrabajista hablaba del sistema educativo sueco y me recordó mucho al que hay implantado en Finlandia. Allí tienen una especie de “bachilleres profesionales” que sería algo así como bachiller + FP todo en uno que hace que todo el que quiera tenga una profesión, eso sí, la universidad se vuelve súper elitista, con notas de acceso imposibles para la mayoría de los “cerebros medios”. Yo, por ejemplo, creo que hubiera tenido muy difícil hacer una carrera en Finlandia debido a que mis notas de bachillerato eran más bien bajas ya que no tenía, en aquél entonces, visión a largo plazo de cuánto estas podían afectar a mi futuro, y es que también tenemos que comprender el proceso de desarrollo de la corteza prefrontal (que madura completamente entre los 22 y los 27 años) para no dejar sin oportunidades a personas que, por los tiempos de desarrollos cerebrales propios, no tienen capacidad para entender cómo afectarán sus vidas decisiones que tomen a los 16 años. Sin embargo, a lo que iba, ese bachillerato+FP es un concepto buenísimo en el que puedes estudiar bachiller (lo cual te da acceso a la universidad si después quisieras continuar por ese camino) mientras, por ejemplo, estudias mecánica, construcción, joyería, música, técnicas de laboratiorio, etc…

    Yo no estoy de acuerdo en que la educación Finlandesa sea paradigma que alcanzar como si fuera una utopía, creo que tiene muchos errores que a mí no me gustaría trasladar a España, pero ejemplos como este que os comentaba me parecen muy útiles para ser estudiados.

    Platero y yo no es poesía, ejem, ejem :)

    Yo a día de hoy leo mucha poesía (véase mucha comparado con el general de la sociedad ya que no soy una gran lectora de poesía) y entiendo perfectamente que todo lo estudiado en poesía en la escuela, a mí, personalmente, no me ha servido de nada, (y así también con la historia, ahora que me interesa tengo que estudiar cosas de las que sencillamente no me acuerdo y debería saber, pero aquí también entran cuestiones personales de motivación, etc,), creo que las asignaturas enfocadas al arte deberían centrarse en desarrollar la sensibilidad (también sensibilidad artística, pero no solo), la intuición, la curiosidad, el hacer cosas con las manos, la estética, la búsqueda de la belleza, como elementos que se enclavan profundamente en el alma (todos sabemos a qué me refiero cuando hablo de alma) y pueden afecta profundamente en campos, por ejemplo, como el de el estudio científico, ya que la búsqueda de la belleza o la potenciación de la intuición están muy relacionados con el placer que genera el descubrimiento científico por ejemplo.

    Gracias por todas estas reflexiones. Nos quedamos con la esencia: es necesario un cambio.

  5. Carlos F.
    Lunes, 23 de Febrero de 2015 a las 12:18 | #5

    @Aarón Blanco
    Gracias por lo de Platero. Ya lo he cambiado. Este texto ha pasado por 12 revisiones según WordPress, y en alguna de ellas he movido bloques de texto y se me ha cruzado el tema de la poesía con el clásico de lectura (Lazarillo).

    A mí personalmente la poesía no me entusiasma pero sí me gusta otros tipos de arte. ¿Tienen aplicación práctica en la vida? Pues mira, sí. Te hacen mejor persona, como dices. Pero resolver raíces cuadradas no. Por eso he intentado no enfocarme en el eterno debate “ciencias vs letras”. Curiosamente, defiendo que letras son necesarias, y hay cosas de ciencias que no.

    Respecto al resto de comentarios, estoy de acuerdo. Mi cuestión sigue siendo: ¿debemos enseñar cuestiones ciudadanas prácticas, y si es así, cómo adaptamos el currículo para encajarlo?

  6. Aarón Blanco
    Lunes, 23 de Febrero de 2015 a las 18:27 | #6

    Carlos F. :
    @Aarón Blanco
    Gracias por lo de Platero. Ya lo he cambiado. Este texto ha pasado por 12 revisiones según WordPress, y en alguna de ellas he movido bloques de texto y se me ha cruzado el tema de la poesía con el clásico de lectura (Lazarillo).

    En realidad no era tan importante como para merecer un cambio, se me olvidó poner algo que estaba pensando y es “en sentido estricto”, por lo que quedaría “Platero y yo no es poesía en sentido estricto”, puesto que muchos escritos en verso se alejan incluso más de lo que es comúnmente entendido como “sentimiento poético” y por lo tanto no es (ni por asomo) una barbarie decir que Platero y yo es poesía. Tampoco es que yo crea mucho en las diferencias entre el verso y la prosa, creo que se están empezando a desdibujar con la desaparición de la rima y la métrica y la aparición formal de experiencias intermedias como eso que se llama prosa poética. Pero bueno, lo cambiado bien cambiado está :)

    Carlos F. :
    @Aarón Blanco
    A mí personalmente la poesía no me entusiasma pero sí me gusta otros tipos de arte. ¿Tienen aplicación práctica en la vida? Pues mira, sí. Te hacen mejor persona, como dices. Pero resolver raíces cuadradas no. Por eso he intentado no enfocarme en el eterno debate “ciencias vs letras”. Curiosamente, defiendo que letras son necesarias, y hay cosas de ciencias que no.

    Soy muy defensor del arte como materia a impartir en las escuelas pero no creo que este te haga mejor persona per sé, la indagación sobre los elementos de la sensibilidad artística que me parecen interesantes para la escuela están plasmados en mi comentario anterior, en el cual no expongo la contradicción arte/ciencias en ningún momento. Me gusta mucho estudiar ciencia, “las ciencias”, y entiendo la necesidad de una formación base completa en ciencias desde dos perspectivas: 1) Desde la ayuda que me supuso haber estudiado matemáticas y electrónica a la hora de ponerme a estudiar neurociencia por mi cuenta 2) Para que la sociedad no sea tan crédula a hipótesis absurdas y no crea que de ciencia puede opinar lo que le de la gana sin base alguna, por poder puede, pero que entiendan que delante de gente entendida quedarán mal, es decir, que hace falta cierta formación científica para hablar con propiedad sobre ciencia.

    Carlos F. :
    Respecto al resto de comentarios, estoy de acuerdo. Mi cuestión sigue siendo: ¿debemos enseñar cuestiones ciudadanas prácticas, y si es así, cómo adaptamos el currículo para encajarlo?

    En este caso voy a poner en práctica algo que he aprendido que era importante recientemente en mi vida (y en parte gracias a vosotros), a decir no lo sé. Yo por ejemplo esta es la primera vez que leía una proposición como la que has escrito y tengo que reflexionar y pensar sobre ella. Me parece interesante en ciertos aspectos así que a ver cómo evoluciona dentro de mí. Lo que yo comentaba es que ideas como las que tú propones suponen algo más dentro de el esfuerzo generalizado que (yo entiendo) ha de darse: el obligar a la clase política a que usen el ministerio de educación para repensar todo el sistema educativo con agentes con ideas como esta y que las debatan, además de forzar a tener un equipo de I+d permanente en educación atento a los estudios científicos sobre educación más punteros.

  1. Sábado, 28 de Febrero de 2015 a las 14:37 | #1
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