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13 de Enero 2014 ,

Nos decían que el Estado del Bienestar (EB) era un modelo económico basado en el libre mercado, con pequeñas regulaciones estatales para garantizar la igualdad de oportunidades y la protección de los más necesitados. Todos estábamos más o menos de acuerdo en que era algo bueno.

Con el paso del tiempo, no es que haya sucedido lo peor, que sería la destrucción del EB. Ahora estamos viviendo lo repeor, que no es ya el desmantelamiento de los servicios públicos, sino la evidencia de que los servicios privados estaban sustentados y avalados con dinero público, aniquilando por tanto todas las manos invisibles que, se supone, hacen que esto funcione. Una cosa es la privatización de servicios esenciales y la otra es la pseudo-nacionalización de empresas fracasadas, que luego serán reprivatizadas como si nada. Aquella frase famosa de socializar las pérdidas, privatizar los beneficios.

Por si fuera poco, ya nadie se esconde. Los poderes fácticos han iniciado una ofensiva tanto legislativa como mediática para convencer a los españoles de que esto de los servicios públicos es algo deficitario, que el sistema privado es mucho más eficiente, y que en realidad nos hacen un favor cediendo los contratos a las empresas de su cuñado. Están intentando que los propios ciudadanos reneguemos del EB y exijamos su desmantelamiento de motu propio porque “está gestionado por chorizos” y “si tienen que robar, para eso, que no exista el servicio”. Lo segundo es cierto, pero el razonamiento es un non sequitur. Echemos a los chorizos y recuperemos el Estado del Bienestar. La única institución de este país que vela por el ciudadano es el ciudadano. Ya nadie nos representa.

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