29 de septiembre

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El Parlament resol avançar cap a un referèndum d’autodeterminació, ens preguntem què passaria si, en un cas hipotètic, Catalunya decidís no pagar el seu deute, el PSC renuncia a fer primàries just quan Tura afirma que s’hi presentaria, parlem sobre diferents escenaris a les eleccions anticipades i acabem amb un estudi que demostra que la gent defensa allò que creu que ha afirmat anteriorment, encara que no sigui veritat.

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21 de septiembre ,

Antes de nada, quiero dar las gracias al lector por el simple hecho de dedicar su tiempo a leer este texto. Estoy escribiéndolo con la intención de explicar la situación del conflicto entre Cataluña y España desde un punto de vista que quizá no coincida con el que el público está acostumbrado.

He escrito este artículo como respuesta a las maravillosas críticas —que no necesariamente positivas— que recibí del anterior, El gato de España. Aquél trataba el problema desde un punto de vista identitario y de derechos, usando una metáfora para expresar el sentimiento percibido por los catalanes de que “Cataluña no es España”. Considero que sigue siendo vigente, pero reclama un análisis más profundo.

Por ello, este texto es diferente, mucho más largo y filosófico. Está enfocado desde una perspectiva extremadamente defensiva pero pedagógica, con un desarrollo escalonado, extenso, y con el objetivo de hacer llegar paso a paso la percepción del problema catalán al lector, por muy reacio que sea de base a estos planteamientos. Entiendo que hay muchos prejuicios por ambas partes pero considero que el lector de este blog está abierto a nuevas perspectivas y aprecia que se le trate como un adulto razonable. Espero que sea bien recibido.

Voy a empezar sentando las bases del diálogo, partiendo de la base que, aunque hechos sólo hay uno, verdades hay muchas, y aunque sean contradictorias todas pueden ser verdad. Hemos de aceptar que podemos estar equivocados, no por ser poco inteligentes, sino por estar condicionados por la falta de información.

La comprensión del otro punto de vista es la clave para tomar una decisión razonada, y en este conflicto hay intereses para desinformar a ambos bandos. También es muy importante aceptar la posibilidad del propio error y estar abierto al cambio de perspectiva e incluso el cambio de opinión.

El cambio de posición en la cuestión independentista

Insisto en la importancia de conocer ambas perspectivas, ya que soy el primero que he cambiado de posición y de argumentación varias veces. Sin ir más lejos, hace unos cinco años estaba en contra de la independencia. Hace diez, estaba en contra del derecho a decidir. Es algo que ahora me parece increíble, pero gracias a ello, creo que puedo contribuir a llegar al lector más reacio a aceptar estos planteamientos, utilizando argumentos precisos y adaptados al lenguaje y el contexto al que pueda estar acostumbrado.

Igual que he cambiado de posición gracias al diálogo, escribo este artículo con la intención, ya no quizá de que el lector cambie de opinión, pero sí para fomentar el pensamiento y la apertura a una visión nueva.

Para empezar, es absolutamente necesario aceptar que hay un problema muy importante con las relaciones entre Cataluña y España. Desde algunos sectores se intenta minimizar o incluso negar, utilizando argumentos demasiado simplistas y que rompen el debate.

Cuando un millón de personas, aproximadamente, se manifiestan a favor de algo, todo aquél que los trate condescendientemente de infantiles, manipulados o borregos está cometiendo un gravísimo error. Uno puede ser más inteligente o menos inteligente que la media de la población, pero de ninguna manera se puede despreciar una manifestación que moviliza al 15% de la población, algo inaudito en nuestro país.

Es necesario, pues, que todo aquél que se disponga a opinar conozca los motivos de ambos bandos. Y, en segunda instancia, que utilice aquellos argumentos que le ayuden a difundir sus ideas con mayor eficacia.

Hay aún otro hecho que puede ayudar a entender la dimensión del problema a la gente que vive fuera de Cataluña y no lo percibe como tal. Hace unas líneas he comentado que mi posición con respecto a la independencia ha variado con el tiempo. Pues bien, la cuestión independentista es un tema recurrente en las conversaciones cotidianas en Cataluña y, como tal, todo el mundo da su punto de vista. A veces sucede que una persona asume que su posición estaba condicionada por una serie de prejuicios, argumentos débiles, o sencillamente se siente más atraída por los motivos del otro bando y cambia de posición.

Pues bien, en Cataluña, este cambio de posición se suele producir en un único sentido, el de la aceptación del derecho a decidir, y muchas veces incluso la reclamación de un Estado propio, lo que se conoce como independencia. Muy pocas veces un independentista pasa a opinar que Cataluña no debería ser independiente.

¿Por qué sucede así? Principalmente, muchos ciudadanos llegan a Cataluña con una serie de preconcepciones, y acaban descubriendo con el tiempo que no son ciertas. Hay que entender que es difícil opinar con conocimiento de causa si no se vive en Cataluña.

Tampoco es debido a la educación, el llamado “argumento del adoctrinamiento”, ya que muchos adultos que cursaron sus estudios en el resto del territorio también aceptan esta visión. Recientemente, poblaciones con una fortísima inmigración, poco integradas en la sociedad catalana, y que por tanto no hablan catalán o consumen medios de comunicación en catalán, deciden aceptar la independencia como solución. Y es que la independencia no es un problema, es una solución, y así lo intentaré explicar en este texto.

Para entender la situación hay una segunda clave, muy importante. Aunque no se quiera aceptar desde algunos sectores de España, los ciudadanos de Cataluña cada vez se sienten menos españoles. No entraré en usar adjetivos como maltrato, expolio, u otros que circulan por algunos artículos. Creo que no ayudan al entendimiento. Es más sencillo afirmar que un catalán no se siente español porque no se ve representado por el gobierno de su Estado.

Me permitiréis citar al refranero popular con “cuando el río suena, agua lleva”. Es necesario tener este debate, y es deseable que ambas partes escuchen los argumentos en vez de descartar las opiniones de los demás por considerarlas manipuladas o adoctrinadas, sin haber previamente analizado si esas razones son legítimas o no.

Muchos catalanes y muchos españoles están cansados de este debate, considero, porque sus argumentos son reduccionistas y no llegan al rival. Cuando defendía mi postura no independentista, estaba harto de escuchar “Cataluña no es España” sin más, y asumía que no era cierto “porque lo pone en tu DNI”. Hoy día, rechazo ambos argumentos por pueriles, pero admito que los dos son verdad.

Éstos reflejan un problema más profundo, la falta de entendimiento y la poca propensión a comprender las ideas del otro. Por ello es imprescindible lanzar por la borda todas las afirmaciones dogmáticas, ciertas o no, verdades o no, dejar de repetir consignas demasiado sintéticas, y explicar el problema tal y como es.

Para ello, me ha ayudado mucho mantener durante los últimos quince días unos debates muy interesantes por Twitter con algunos lectores y oyentes que repetían consignas de este tipo. En cualquier otro momento, las hubiera ignorado, por simples, o hubiera replicado con otra simpleza. Pero la situación es ya irreversible, y pienso que todos debemos contribuir al entendimiento mutuo. El uso de un argumento simplista implica, creo, el desconocimiento del problema de fondo. Una persona que realmente entiende qué representa la independencia no cita como problemas la liga de fútbol, las pensiones o el DNI. Todos ellos son cuestiones que se encargarán de resolver los técnicos, de la misma forma que se resuelven los acuerdos internacionales.

Para empezar, muchos ciudadanos españoles no comprenden este sentimiento independentista, ya que su relación con los ciudadanos catalanes es buena. Yo me incluyo en este grupo; mi relación a titulo individual siempre ha sido buena. El problema es que el individuo es benévolo, pero el colectivo no lo es. Hay una percepción de que el gobierno del Estado español no trata como corresponde al ciudadano catalán.

Es importantísimo hacer un pequeño alto en el camino para reflejar de que hemos llegado a la clave de todo el problema, el motivo último, la fuente del conflicto. Si alguien deja de leer en este punto, por favor, quédese con esto: Cataluña quiere la independencia porque no se siente representada en el Estado español. Este concepto, que se percibe como una falta de soberanía por parte de los catalanes, es el que provoca el sentimiento llamado de “desafección” con España; en realidad, se trata de un problema de falta de representatividad política.

Entiendo también que algunos actos de la población catalana, representada por su Parlamento, pueden entenderse como egoístas, prepotentes o despectivos de cara al resto del Estado. No voy a minimizarlos; pero he decidido no extenderme aquí porque mi objetivo es llegar al lector del Estado español, y no aportaría nada explicarle cosas que ya sabe. Pero, que no quepa duda, lo tengo presente, y no los apoyo. Aun así, considero personalmente que no son equiparables en gravedad a los expuestos aquí.

Falta de representatividad y esclavos de las leyes

Antes de seguir tenemos que entender en que consisten la soberanía y la representación. La representación se basa en el principio político de que los que gobiernan están al servicio del ciudadano, y así lo han de reflejar las leyes. Sin embargo, en nuestro país, el gobierno central no realiza la labor de defensor de sus regiones, ni siquiera de mediador imparcial, de juez. El Estado central es un ente que sólo vela por sí mismo, por su autosustentación, a costa de las regiones.

Lo que el Estado español no ha entendido es que no es soberano respecto a su pueblo, sino al revés. Es la ciudadanía quien escoge a sus gobernantes, la que los pone y los quita. Cuando parte de la población reclama algo, sea lo que sea, espera ser escuchada y por lo menos iniciar un debate, pero en su lugar se ve ninguneada por sus gobernantes, usando la legislación actual como excusa.

La legislación debe estar al servicio del ciudadano, y no al revés. Nuestra Constitución necesita una profunda revisión para adaptarla a la realidad española actual, pero en vez de ello, los gobernantes se obcecan en izarla como si fuera una bandera, un ídolo, un dios, en vez de ponerla a trabajar como la herramienta que debería ser.

Cuando los ciudadanos son esclavos de sus leyes y sus gobernantes, tenemos un problema.

Para mi análisis, extendiendo el argumento de que el objetivo del Estado actual es la preservación de sí mismo, aprovecharé el conocido argumento “los catalanes se sienten ciudadanos de segunda”.

Pese a ser cierto, encierra una trampa de interpretación, y es que invita a personas de otras regiones a pensar que, si los catalanes, que tienen trenes de alta velocidad e infraestructuras de calidad, se sienten ciudadanos de segunda, ¡qué no se sentirán ellos!

Bien; están absolutamente en lo cierto.

España trata a sus ciudadanos y a sus territorios como elementos de segunda categoría, por debajo del Estado. Lo que es peor, no les representa, sólo se representa a sí mismo. Su cámara territorial, el Senado, se ha convertido en el aparcamiento de cargos políticos obsoletos y constitucionalmente se le ha despojado de todo poder legislativo, para escarnio del modelo democrático.

Animo a todo aquél que no tenga claro qué es el Estado español, qué representa, cuáles son sus instituciones, y cómo sirven estas instituciones al ciudadano, a que invierta unos minutos en navegar por la Wikipedia e informarse. Toda mi argumentación se basa en un mal modelo de Estado; eso no significa que la existencia del Estado sea algo malo, sino que el nuestro no funciona.

El Estado central es el principal fracaso de nuestra democracia. Los ciudadanos, organizados por regiones según la Constitución, se sienten infravalorados, todas ellos, y con razón. Lo vemos día a día, con múltiples protestas y reclamaciones de más democracia.

La cuestión independentista catalana es exactamente la misma reclamación de justicia y libertad universal, sólo que con un factor añadido, que es el sentimiento nacional.

Mientras unas comunidades se sienten infravaloradas y reclaman más representatividad mediante un cambio de modelo de Estado y una reforma de las cámaras representativas, en Cataluña se entiende que la situación no tiene remedio, y la única solución es emanciparse de ese Estado fracasado.

¿Es la mejor solución? ¿Es la única? Sinceramente, lo desconozco, aunque ya conocéis mi posicionamiento. Lo que está bastante claro es que necesitamos reformular el Estado español, y si el Estado no lo permite, precisamente por ese sentimiento animal de autopreservación que ha adquirido, no me parece un mal planteamiento romper con él.

Nuestro Estado español ha perdido el norte.

El nacionalismo

En Cataluña, además, se asocia este intento de preservar el Estado a toda costa con un sentimiento nacionalista español. El nacionalismo español existe, y algunos nacionalistas españoles no son conscientes de su condición. Es más, algunos han llegado a afirmar que el nacionalismo es “un cáncer” o que “se cura viajando”. El nacionalismo, como sentimiento, no es malo. Es el mismo sentimiento de hogar que todos tenemos cuando volvemos a casa después de pasar unos días fuera. Es el sentirse comprendido, representado, perteneciente a un grupo.

El nacionalismo es la diferencia entre el sentimiento que tenemos cuando vemos una actuación de Fiesta Mayor en nuestro pueblo, y cuando lo vemos en otra parte del mundo, donde lo consideramos bonito, pero exótico, que no nos pertenece, mientras que observamos los bailes locales con orgullo y admiración. Es la diferencia entre ver un gran partido de fútbol donde dos selecciones nacionales ofrecen un espectáculo histórico, brillante, pero neutro e inocuo, y ver un partido aburrido en el que nuestra selección va perdiendo pero marca un gol de penalti injusto en el minuto 96 y saltamos de la silla de alegría.

Todo aquél que se haya sentido así en algún momento, a algún nivel, debe sentirse afortunado, porque ha vivido un sentimiento que le proporciona otra herramienta para entender qué es el nacionalismo. Cualquier territorio, ciudad, estado o continente es susceptible de provocar un sentimiento nacionalista, aunque lógicamente serán diferentes.

No es un sentimiento estrictamente útil pero tampoco es malvado ni nos debe nublar la visión.

El nacionalista español debe entender que España es plurinacional. De nada sirve afirmar que España es una única nación, y mantener un Estado fracasado, esperando que así se mantenga la integridad esa nación española, antes que recrearlo con una fórmula exitosa y longeva. Incluso se llega al extremo de atacar a cualquiera que proponga un modelo diferente de organización estatal, especialmente si este nuevo modelo implica la secesión de alguna región. No deja de ser irónico que ambos nacionalistas, en su condición de tales, no sean capaces de aceptar al otro.

El modelo mononacionalista español con el que se redactó la Constitución ha fracasado. Todos los partidos mayoritarios ya lo han reconocido. Para la existencia de una nación sólo se necesita la percepción de su existencia. Es algo similar al concepto de autoridad, sólo existe si todos la asumen. Bien, en Cataluña y Euskadi, al menos —no me veo capacitado para opinar sobre otras regiones— hay concepto de que se es una nación, así que la dialéctica de nada sirve si la visión popular es diferente.

Cualquier ciudadano español podría ser independentista, sólo es necesario que desee la autodeterminación para su territorio como solución al problema del Estado fracasado, en vez de preferir “arreglarlo” de algún modo.

Tanto el nacionalismo como el independentismo, y sus sinónimos, han sido objeto de tantos ataques que han adquirido de forma injusta unas connotaciones muy negativas. Ello provoca que los que se sienten nacionalistas o independentistas se vean agredidos cuando alguien afirma, sin más, que el nacionalismo es “un cáncer” o que los independentistas “quieren romper con todo”.

Me reitero en que respeto por igual ambas opciones, y me gustaría que el lector hiciera lo mismo. Muchos coincidimos en que España tiene un problema, y ambas posturas tan sólo quieren una solución para que, al fin y al cabo, los ciudadanos sean más felices y prósperos.

Algunos ejemplos para justificar el escaso sentimiento español de los catalanes

Lo que nos lleva a la pregunta de por qué los catalanes están descontentos con el Estado español, si al fin y al cabo no están tan descuidados como pueda apreciarse en el resto de España.

Voy a poner algunos ejemplos, que sólo son eso, ejemplos, pero pido que se lean con una mentalidad abierta. Algunos de son difíciles de trasladar a otras regiones, ya que se trata de reclamaciones muy ligadas a la cultura catalana, pero ello no les resta legitimidad.

El primer ejemplo es el del dominio de Internet .cat. Desde Cataluña se pidió a su gobierno estatal que iniciara los trámites para que los organismos internacionales aceptaran este dominio de Internet. El gobierno, por contra, se dedicó a bloquear esta propuesta, alegando que las regiones no podían tener dominios de Internet, sólo los Estados.

¿Por qué no dejó el gobierno que fueran los organismos internacionales quienes decidieran eso? Es más, ¿por qué el Estado español no defendió una petición totalmente inocua y trivial de una de sus regiones? Desde Cataluña, esto se percibió como un ataque a su derecho a estar visible en Internet. ¿Quién tiene razón? No lo sé. Pero mi objetivo hoy no es llegar a una conclusión, sino ofrecer herramientas al debate.

Otro tema similar es el del distintivo regional en las matrículas de los coches. Este ejemplo es todavía mejor, ya que hay otros países europeos cuyas regiones aparecen en las matrículas. El Estado español decidió que las matrículas de nuestro Estado Estado no las llevarían. Desde Cataluña no se entendieron los motivos, y se vio como un intento de hacer la puñeta por parte del gobierno. ¿Lo era? Podría ser, o no. Pero, ¿por qué no se argumentó de forma razonada, en vez de cerrar la puerta sin más?

Si en estos dos ejemplos el causante del conflicto es el Estado central, aquél que antes he criticado por dedicar más recursos a autopreservarse que a representar realmente a sus ciudadanos y a sus regiones, ahora le toca a los ciudadanos que, con pequeños actos individuales, han contribuido a este malestar.

El tercer ejemplo, ya escalando en el grado de importancia, es el boicot al cava catalán.

En el año 2005, un grupo de ciudadanos descontentos con la actitud de los catalanes decidieron iniciar un boicot al cava catalán. Este boicot aún dura hoy día en algunos sectores residuales, pero en aquellos momentos en que la cuerda estaba más tensa y la cuestión se publicitó en los medios de comunicación, los bodegueros catalanes reportaron un descenso de entre el cuatro y el cinco por ciento de las ventas al resto del Estado, llegando incluso a pedir al Presidente del Gobierno que mediara en este asunto para recuperar las ventas.

Es difícil para un catalán comprender por qué un ciudadano de su mismo Estado le perjudica a propósito, con mala fe, y sin ningún beneficio para su persona. No estamos hablando de reclamaciones políticas que tienen diferentes lecturas; se trata de un boicot a un producto de calidad del propio país, del cual los boicoteadores no obtenían ningún beneficio más allá del placer del sufrimiento ajeno.

No entraré a valorar el boicot ni tampoco en las causas que llevaron a algunas personas a realizarlo, porque creo en la libertad individual. Lo que sí me parece justo es afirmar que las decisiones del parlamento catalán no se toman para fastidiar al resto de España, sino por beneficio propio —egoísta o no—, mientras que un boicot no tiene otra justificación que el placer en el dolor ajeno, un dolor que acaba permeando en el boicoteador, ya que la economía catalana y española están comunicadas.

Este hecho marcó a muchos ciudadanos, y en las tertulias de bar, se empezó a escuchar la preocupación por parte de inmigrantes españoles de que su propia familia de otra región había dejado de comprar cava catalán; se entendían los motivos del boicot, pero no se aprobaba que fuera una respuesta racional. Mucha de esta gente empezó a interesarse por el independentismo como solución a un problema que cada vez era más evidente.

El español, que siempre ha mantenido un trato excelente con el catalán a nivel individual, empezaba a comportarse de forma agresiva a nivel colectivo. Ambos territorios empezaban a entrar en una espiral de acción-reacción en la que todo lo que hace el otro se percibe como ataque a la integridad propia.

El cuarto ejemplo es, quizá, el que ha indignado a más ciudadanos catalanes y, como se suele decir coloquialmente, ha fabricado más independentistas. Se trata de la recogida de firmas contra el Estatuto de Autonomía que había aprobado el Parlamento catalán.

Internamente, la ciudadanía catalana ya percibía que su Parlamento había recortado drásticamente el Estatuto antes de su aprobación por el Congreso. De hecho, hubo muchas críticas al Parlament por este motivo. Se consideró un Estatuto descafeinado. Con razón o sin ella, este detalle ayuda a comprender el resto del contexto.

Poco después, el Partido Popular inició una campaña ciudadana por las calles de diferentes ciudades, animando a los transeúntes a firmar “contra el Estatuto de Cataluña”.

De nuevo no cuestionaré la legitimidad de una iniciativa que, no olvidemos, no fue ciudadana sino motivada por un partido político con la intención clara de manipular a su electorado. Lo que no se puede ignorar es que este hecho sentó como un puñetazo en el estómago de la población catalana, que veía como un partido utilizaba su territorio como simbolismo de todos los males, y así fomentar la discordia en el que quizá haya sido el acto más masivo de enfrentamiento entre Cataluña y España.

Cuatro millones de personas, a título invididual, de su puño y letra, habiéndose leído o no el Estatut, firmaron en contra de su aprobación, en un acto absolutamente gratuito que, sin duda, contribuyó a romper España.

El hecho de manipular a la población para que firme en las calles lo que un partido no tiene mayoría para defender en el Congreso, cualquiera que sea el ejemplo, es de un bajísimo nivel moral.

Para que no se me malinterprete, elevo al mismo nivel las manifestaciones por la Guerra de Irak y las del Prestige. Aunque, a diferencia de éstas dos, donde la ciudadanía protestaba contra sus políticos, los firmantes contra el Estatut dirigían su protesta contra un territorio de su mismo Estado y no una resolución de su Parlamento.

El grado de importancia de esta puntualización, de nuevo, queda a criterio del lector, pero en Cataluña no sentó bien. El hecho circunstancial de que fuera el PP quien interpusiera la denuncia no implica que el resto de partidos del Congreso tengan una actitud más respetuosa con la voluntad catalana, así que pido disculpas por abusar en mis ejemplos de este partido.

Un punto de inflexión, el agravio comparativo del Estatut

El Partido Popular, no contento con ello, elevó legítimamente al Tribunal Constitucional algunos artículos del Estatut, considerando que no encajaban en el marco jurídico vigente. Una decisión respetable, añado.

Lo que el Partido Popular no hizo en su momento es denunciar algunos artículos del Estatuto de otra región, cuyo redactado es idéntico letra por letra al catalán, y que por tanto deberían haber sido examinados de igual forma.

La denuncia del Estatuto al Tribunal Constitucional es una herramienta de lucha jurídica cuando un partido está en minoría en el Congreso, intentando conseguir sus objetivos forzando un fallo jurídico a su favor aunque no tengan la mayoría democrática en el Parlamento.

Si en el caso anterior nos encontrábamos de una manipulación de la población para eludir una minoría parlamentaria, ahora nos encontramos con una perversión de la separación de poderes del Estado de derecho, utilizando con fines políticos al Poder Judicial.

Lo que es absolutamente inaceptable es que un partido que aspira al Gobierno del Estado —objetivo que a fecha de hoy ha conseguido— se dedique a denunciar las leyes de un territorio, decidiendo de forma arbitraria y de mala fe no denunciar leyes idénticas de otro.

El tema lingüísico

Ya he hablado sobre el conflicto entre el castellano y el catalán en otras ocasiones, y lo mantengo. Resumiendo; la ciudadanía catalana conoce ambas lenguas gracias gracias a un modelo premiado internacionalmente de normalización lingüística.

Todo aquél que diga que el castellano está perseguido en Cataluña, o bien miente como un bellaco, o sencillamente está desinformado. En el artículo mencionado anteriormente aparecen datos para apoyar este modelo lingüístico, donde se muestra que pese al bilingüismo teórico, no toda la población catalana conoce el catalán, ni lo usa diariamente.

Hoy no es mi objetivo debatir sobre este tema, pero no deja de ser un ataque importantísimo a la parte más esencial de la cultura catalana, que es su lengua. Se ha demostrado que la educación vehicular en catalán no tiene desventajas para el alumno, sólo beneficios. ̉¿Cómo va a ser malo adquirir más conocimientos?

Sin embargo, el Estado español, representado por el alto Tribunal, dictamina que un adulto puede decidir privar a su hijo de una competencia que le es útil, por no decir imprescindible, en su día a día en un territorio donde se hablan dos idiomas. Valoraciones aparte, la consecuencia es que desde luego no es un laude apreciado por la población catalana, consciente de los beneficios para los niños de aprender tres idiomas en la escuela y muy protectora con su lengua.

La población catalana es muy sensible a la cuestión lingüística, y el Estado español ha demostrado continuamente poca sensibilidad al tratarlo, lo que denota una falta de respeto. Todo lector que viva en una zona bilingüe, que las hay y muchas, aunque no salgan por los medios, apreciará la importancia y la riqueza cultural que proporciona no tener uno, sino dos idiomas maternos.

¿Qué ha de ser un Estado y a quién ha de servir?

Me gustaría que se entendiera la diferencia entre los actos que reclaman un derecho para sí mismo, sea extensible posteriormente (o no) al resto de territorios —más soberanía, más dinero, más visibilidad identitaria, uso de la lengua propia— de los que niegan un derecho a los demás, que incluso sería beneficioso o al menos neutral si se aplicara para todos, incluyendo al propio territorio que niega —matrículas, dominios de Internet, autodenominación como nación—.

El Estado tiene la obligación de mediar cuando un territorio realiza demandas que chocan con los derechos del resto de territorios, faltaría más. Personalmente, algunas de las demandas que han salido del Parlamento catalán me han parecido sobredimensionadas o injustas, si llegaban a afectar al bienestar de otras regiones. Pero lo que no es justo es que el supuesto defensor de los territorios que administra se convierta en su principal oponente, de manera sistemática. Da que pensar.

Una representación estatal adecuada es la que toma como propias las proclamas de un territorio, las eleva al panorama internacional, las defiende, y las asume aunque no le beneficie —ni le perjudique—directamente, sino sólo a ese territorio. En España no sucede eso, sino lo contrario; el Estado es tan egoísta que no mueve un dedo por sus territorios. El Estado que queremos los catalanes, sencillamente, es uno que nos represente y nos permita desarrollar nuestra vida cotidiana sin tener que lidiar con fricciones e impedimentos constantes. Un Estado tan sólo es una herramienta. Como todas las herramientas, si no funciona, se debe cambiar.

Me gustaría pedir al lector un pequeño ejercicio e intentara verse representado en los ejemplos que he desarrollado anteriormente, que imaginara en la medida de lo posible cómo se sentiría si fuera él o su territorio el que se viera implicado en estos conflictos. Simpatice o no con la causa, he intentado mostrar que hay motivos suficientes para esta desafección. En este punto del texto creo que ya es innegable.

Así pues, el ciudadano catalán, igual que el ciudadano de cualquier otra región, entiende que el Estado no le sirve a él —ni a sus conciudadanos— sino a sí mismo.

Además, viendo que es objeto de agravios en el trato, laudes legales que atacan a su cultura y la percepción de un cierto rechazo —mayor o menor, pero lo hay— por parte de parte de ciertos sectores ideológicos de su propio país, decide que la mejor solución para unos y otros es desligar su futuro del Estado Español.

No podemos ignorar el problema, alegando que un millón de personas sencillamente están equivocadas, manipuladas u ofuscadas por un odio nacional. Espero que este artículo haya ofrecido suficientes herramientas para entender el punto de vista catalán, aportando al debate dos puntos clave. Si alguno de los lectores no está de acuerdo con alguno de los puntos expuestos, que no lo dudo, le pido sencillamente que tenga en cuenta que hay gente que opina de esta manera, muchos o pocos, y que use ese conocimiento para enriquecer su contexto en este conflicto.

El primero, en ambos bandos hay personas utilizando argumentos que, en mi opinión, no contribuyen al entendimiento, ni siquiera a la solución. Temas como el fútbol, el dinero o el sentimiento visceral pueden ser más o menos importantes, pero no llevan a la raíz del problema.

El quid de la cuestión es el fracaso del Estado de las autonomías por la negación de que España es un Estado plurinacional y, a su vez, la construcción de un Estado cuyo objetivo no es servir al ciudadano, sino preservarse a sí mismo.

El segundo punto consiste en que la independencia, entendida como una herramienta de convivencia, supone ofrecer a Cataluña una estructura de Estado nueva y renovada, sin perjuicio de seguir persiguiendo cambios estructurales que nos lleven a una sociedad más justa y menos corrupta.

Los catalanes somos conscientes de que no por el hecho de tener un Estado propio se van a solucionar nuestros problemas de corrupción, paro o desigualdad social. Pero, como el movimiento 15-M, los sectores de la izquierda socialista o incluso la derecha más liberal, creemos que hace falta un cambio de modelo de Estado. Y que, debido a los problemas de convivencia, innegables, entre el territorio catalán y el territorio español, escogemos la vía de la secesión como herramienta para hundir los cimientos del Estado actual y la construcción de un Estado nuevo. Esta lucha no es incompatible con reclamaciones por un Estado del Bienestar real y la justicia social.

La unión no siempre hace la fuerza, ya que reman más rápido dos barcas pequeñas que una grande, si en la grande cada uno rema en direcciones opuestas.

Pienso sinceramente que la reconstrucción del Estado español, usando como detonante la independencia de Cataluña, recordemos, reclamada masivamente por su ciudadanía y aceptada por su Gobierno en un acto inaudito de revolución ciudadana, puede ser lo mejor que ha sucedido a España como Estado, y a sus ciudadanos a título individual desde la Transición.

Seamos adultos y no hagamos trampas. El Estado español no nos roba, pero tampoco nos representa, ni a los catalanes, ni a la mayoría de los ciudadanos de este país, y es nuestro derecho presentar herramientas para solucionarlo.

Nota: si compartís el texto de este artículo, por favor, acordáos de añadir un enlace a esta página web. Gracias.

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15 de septiembre

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Fem un programa monogràfic sobre la manifestació independentista de l’11 de setembre, divisant escenaris independentistes, analitzant les reaccions i pensant quines passes s’han de seguir tant per a aconseguir la independència com per a evitar-la

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15 de septiembre

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Intentamos explicar qué significa la independencia, el derecho a la autodeterminación y qué supone disponer de la herramienta de un estado propio para un territorio. Comentamos un artículo que critica la clase política española, y acabamos relacionando sexo de riesgo con vodka y redbull

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11 de septiembre ,

España tenía un gato.

Un día, el gato se intentó escapar, así que España lo encerró en una habitación. Al día siguiente, cuando le fue a poner el plato de comida, el gato habló.

“Esto es injusto, España. Yo me quiero ir”, dijo el gato. España le contestó “no seas pueril, gato. Eres un gato, ¿adónde vas a ir?”

El gato contestó, “eso te debería dar igual; soy un ser vivo, y como tal, tengo derecho a decidir sobre mi futuro”. España sonrió, “Ahí te equivocas, gato. Aunque seas un ser vivo, tú me perteneces. Lo pone en este papel.”

“Pero ¡eso es injusto! Yo no firmé el papel”, dijo el gato. “No, pero lo firmó tu padre. Y tú lo has consentido durante todo este tiempo. ¿Por qué quieres marcharte ahora?”

“Te doy la razón”, contestó el gato, “tienes un papel. Pero mi padre firmó bajo coacción, porque no había alternativa. El anterior inquilino de la casa le obligó a cederte mi custodia o bien eutanasiarme. Yo acepté porque me había maltratado durante años, y tenía miedo.”

El gato continuó, “Tú lo sabes, los papeles sólo son convenciones. Las circunstancias exigen un cambio de statu quo. Nada está escrito en piedra, y sólo porque existe ese papel no significa que deba seguir siendo así por los siglos de los siglos”. “Me decepcionas, gato”, dijo España. “Eres un egoísta. Te he alimentado durante estos años, y ahora me quieres abandonar”.

El gato se enfadó. “Seamos sinceros. Tú me has alimentado, y yo te he hecho compañía. Tú has tenido siempre la última palabra, pero los dos nos hemos beneficiado de la relación. Míralo así, las leyes humanas aceptan que los seres vivos tienen derecho a ser libres. Esto me lo tienes que aceptar.”

España contestó “Sí, pero para mí, el documento de propiedad es vigente, y tiene más valor que las leyes internacionales sobre animales. Sabes que tengo la legitimidad.”

“Según tu punto de vista, sí”, replicó el gato, “el problema es que has sido mi amo durante tanto tiempo que has perdido la perspectiva. Yo siempre he sido un gato, un ser libre de espíritu pero no de acción, y he aceptado vivir contigo porque fue necesario durante un tiempo.”

“Ya que sacas el tema, la historia es muy importante”, afirmó España. “Te agarras a lo que te interesa. Durante un tiempo fuiste libre, pero hay muchos períodos durante los que tus antepasados han pertenecido a mis antepasados, o a los de tu amigo Aragón, o a los vecinos los Romanos. ¿Por qué, de todos esos statu quo, escoges la independencia?”

“Buen argumento”, reconoció el gato, “pero le puedo dar la vuelta. Ahora he decidido que vuelvo a necesitar la libertad. ¿Por qué? Porque me apetece. ¿Algún problema? Me acabas de reconocer que hay precedentes históricos.”

“Pero no quiero caer en tu trampa”, siguió, “ya que el argumento histórico es muy tramposo; no soy yo el responsable, sino mis antepasados, los tuyos, y el contexto del pasado. El mundo cambia.”

Concluyó, “Lo único que te pido es que me dejes ir. Olvida los documentos y las firmas, y enfócalo como un simple tema de derecho animal. Dejemos de discutir; hay muchos argumentos a favor y en contra, muchos puntos de vista: el dinero, el maltrato de tus antepasados a los míos, mi cultura, la historia; pero todos ellos, en realidad, son estériles.”

“Y es que hay uno que está por encima de todos ellos: Yo te lo pido, y como ser vivo, me lo tienes que conceder.”

España zanjó la conversación, “Ay, gato, todo eso está muy bien. Te reconoceré que casi me convences. Pero me he acostumbrado a que vivas conmigo, toda mi familia quiere que te quedes. Eres un gato, y no una persona, y según mis normas y mis leyes, yo tengo la última palabra y no hay nada que puedas hacer.”

“Pues me escaparé”, le espetó el gato. España dudó unos segundos, y amenazó, “La próxima vez que te intentes escapar, sacaré la escopeta y te dispararé, como se ha hecho siempre. Me perteneces, y serás mío, o no serás.”

El gato, cabizbajo, creyó que España no había entendido nada.

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Aquest article té el propòsit d’oferir informació sobre el debat arrel de l’acord del Consell de l’Audiovisual de Catalunya sobre la prestació de serveis de comunicació audiovisual per internet (mitjans altres que l’espectre radioelèctric concretament), que ha estat interpretat com una regulació restrictiva a la publicació de podcasts, videoblogs, i altres formes de expressió per Internet.

Arrel de l’article d’Oriol Gargallo al respecte en aquest mateix blog, s’ha posat en contacte amb el Dòna’m la Veu l’equip de comunicació del CAC, que han volgut aclarir-nos en què consisteix aquesta regulació. A continuació, us resumim el que n’hem pogut extreure.

Abans que res, han apreciat l’article d’Oriol Gargallo, per ser molt equànime i escrit sense apriorismes, cosa que els ha sorprès agradablement, quan està veient quantitat de blogs on proclamen que “el CAC vol controlar Internet” i criden a calar-li foc a tot. Ens fa la sensació que la gent del CAC està en mode de control de danys després que hagi saltat la noticia i s’estiguin fent interpretacions extremes i esbiaixades d’aquesta regulació.

Específicament, han volgut matisar un punt de l’article del Gargallo, que interpreta incorrectament la norma: La regulació que ha fet el CAC és un règim purament informatiu; el CAC no dona ni denega el permís per emetre en aquest cas. Per tant, que demanen que s’informi, res més, que tothom pot expressar-se per internet com vulgui. Repetim, no cal autorització prèvia, només amb informar, si el CAC no diu res es pot emetre.

El CAC no podria denegar arbitràriament l’emissió d’un canal de TV i autoritzar-ne una altra, la norma no serveix per això. Ens han explicat que l’única situació en que podrien emprendre mesures contra l’emissió seria si l’emissor de continguts tingués una sentencia judicial ferma a sobre que li prohibís l’emissió de continguts (p.e.; una tele de TDT que emet a l’hora per internet i estigui condemnada per emetre pornografia en obert), i en general respecte la infracció de les regulacions de contingut per a TV i Radio (ara entrarem en aquest punt, que és l’important). Insisteixen, aquesta norma no dóna lloc a l’arbitrarietat ni a censurar blogs, pàgines, ni mitjans d’expressió.

Així mateix, ens han aconsellat mirar la nota de premsa que van emetre, que resumeix una mica el text de la regulació.

L’altre tema sobre el que hem parlat llargament ha estat a qui afecta aquesta regulació. La regulació afecta les emissions de TV i de radio d’acord amb la definició que fa la UE sobre el que és TV i radio. Per tant, definir què és i què no és TV i radio és essencial.

Seria interessant espavilar-nos a trobar els documents on s’indiquen el que defineix, però de moment ens han insistit en 3 grans característiques que defineixen els subjectes de la regulació del CAC:

  1. Existència d’una programació pre-establerta.
  2. Existència d’un control editorial (p.e., Youtube no té control editorial, ergo no és TV).
  3. Estar radicat a Catalunya (aquesta és del CAC, no de la UE, of course)

Ens han aclarit que això està pensat per TVs i radios que emetin per internet a més de per l’espai radioelèctric, i no per gent que penja videos al seu blog, per exemple. No, jo tampoc veig clar com es podrà distingir el que és propòsit del que és complement, ni el que és emissió propia del que és fer servir un canal de youtube, però aquests són problemes que ja hauran d’aclarir des del CAC a mesura que ho intentin aplicar.

Pel que hem pogut capir de tot plegat, el gran tema és que les regulacions de continguts que hi ha per llei sobre la TV i la radio (pornografia, horaris protegits, etc.) també s’han de complir per a TVs i radios que emetin per l’espai no-radioelèctric, i entenem que el primer pas és saber que existeixen, d’aquí la normativa.

Cal tenir molt present també tot això és desenvolupament de directives de la UE, de la llei audiovisual espanyola, i de la llei audiovisual catalana. De fet, el que desenvolupa l’acord del CAC que ens ocupa ho estableix la Llei de la Comunicació Audiovisual de Catalunya des de 2005 (Capítol IV). Així mateix, ens han recordat que “la Comissió del Mercat de les Telecomunicacions així com els governs de Canàries, País Basc i Navarra ja han aprovat disposicions que regulen el sistema de comunicació prèvia esmentat en els àmbits respectius”. Per tant, tot el que diu aquesta norma fa temps que existeix i està en marxa.

Evidentment, hem comentat el tema dels podcasts i com ens pot afectar tot això. I la resposta ha estat que realment no saben en quina categoria cauríem, si ens considerarien radio o no. En el fons té lògica, el podcasting és un fenomen força minoritari com perquè hi hagin pensat amb calma. Ens han aclarit que no és un buit legal, en tot cas és un buit interpretatiu perquè ningú ho ha hagut d’interpretar fins ara. Alhora, subratllen que la regulació sobre què és TV/radio és exigent, i que no és tant fàcil caure dins la categoria.

Per acabar, ens han insistit un cop més que la normativa té per objectiu aplicar les regulacions de continguts de TV/radio a la TV/radio, i no retallar cap dret de llibertat d’expressió a Internet, que la gent del CAC sap que no pot pretendre regular. En tot cas, cal valorar positivament que els tècnics del CAC s’hagin posat en contacte amb nosaltres per poder comentar la situació detingudament.

La meva conclusió particular és que ens hauriem de mirar les lleis audiovisuals i buscar la definició legal del que és radio. Aquest és el punt essencial, i per tant, a llegir lleis i a buscar informació. Que no és sexy? No ho és, però és necessari. En el “pitjor” dels casos, podríem trobar-nos que estiguem equiparats a les emissions de radio, i haguéssim de complir amb les regulacions de contingut. Que vol dir que ens hauriem de mirar més lleis… però si radio Intereconomía emet, tant difícil no deu ser.

En defintiva, que aquella pregunta que repetim a les jornades de podcasting fins a convertir-la en una broma ha resultat anar de debó: El podcast és radio? Al final, la resposta pot ser important.

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El PP canvia el temari d’Educació per a la Ciutadania per a “evitar que es torni en una eina d’adoctrinament”, les autonomies presenten el seus plans d’ajustos davant el Govern Central, Artur Mas anuncia la tercera ronda de retallades a Catalunya, i un estudi descriu models matemàtics i físics que expliquen per què cau el cafè quan camines amb una tassa plena.

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10 de septiembre

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Dentro de nuestro objetivo de difundir el bilingüismo en Catalunya, hablamos sobre la polémica generada en Catalunya por una sentencia contraria a la Normalització Lingüística (artículo en el blog), y después tratamos el tema de la reforma de la Constitución para introducir una limitación del déficit.

Si queréis que grabemos el programa en directo durante las jornadas de podcasting, ¡votadnos, por favor!

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11 de mayo ,
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12 de febrero

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Pese a la pandemia de gripe, tres valientes toman las riendas del programa para que no os falte vuestra dosis semanal de DLV. Se merecen al menos un comentario, ¿no? ;)

Se presenta Sortu, Duran y Sánchez-Camacho opinan sobre la deuda catalana, el PP amplía su ventaja sobre el PSOE, las mujeres de los políticos belgas hacen huelga de sexo para forzar la formación de un gobierno y Berlusconi denunciará al Estado italiano.

Os recordamos que la semana que viene no habrá programa

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