Syriza guanya les eleccions a Grècia, fan cas al Galceran i s’inicia un “concurs de constitucions” catalanes, ajudats per Podemos ens preguntem què és casta, el Consejo de Estado diu que no és bona idea multar els peatons.

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Mas i Junqueras no es posen d’acord, castiguen un jutge per proposar una constitució catalana, el Barça es desintegra, volen prohibir els piropos, i el PP vol permetre la urbanització de les zones cremades

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22 de noviembre

Comentem la moció per a reconeixement de l’Estat Palestí, discutim com hem de tractar la població que no és independentista, batalles de fiscals i querelles, i ciberatac a la web de la Gencat.

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18 de octubre

Carlos explica los problemas que tenemos por estar insensibilizados a la corrupción, comentamos el tratamiento de la crisis del ébola y el pánico social, y acabamos con un artículo que explica que democracia no es sólo votar.

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3 de octubre ,

En el país E hay un conflicto social en una región determinada llamada C.

Este conflicto es muy curioso, porque no está claro si hay una mayoría a favor de la solución A o la solución B. La característica principal del conflicto es precisamente esa incertidumbre.

El gobierno de E habitualmente realiza encuestas mensuales llamando por teléfono a 3000 personas. El resultado no es concluyente. Curiosamente, se niega a preguntar a la región C qué opina sobre el conflicto. Ni siquiera a preguntarlo a todo el país. Más curioso aún porque el gobierno de E permite que ciudades de C realicen encuestas a nivel municipal en caso de conflicto. Esperad, el gobierno de E incluso permitió en 2006 una encuesta muy similar a la actual sobre el estatuto de C. ¿Por qué ahora no?

El poder judicial de E… bueno, una aclaración primero. El poder judicial de E está nombrado por el poder político de E. El poder judicial decide interpretar las leyes según le conviene; son conocidos varios casos en que regiones como A se les permiten cosas que a C no. Esto sólo contribuye a aumentar la fricción en vez de ofrecer una solución al conflicto.

Lo que es peor, seguimos sin saber si es mejor la solución A o la B. Quién sabe, quizá la Z. No lo sabremos porque el gobierno de E niega el debate y la posibilidad de solución.

La única vía de escape es consultar a los ciudadanos de C mediante unas elecciones regionales. Pero entonces, ¿qué consecuencias habría? El gobierno resultante de las elecciones de C habría sido elegido específicamente con un objetivo. Y si ese gobierno regional representara una mayoría favorable a la solución A, ¿no tendrían la responsabilidad de ejecutar A? Legalidad aparte, ¿es esto lo mejor para todos?

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El gobierno de E afirma “lo que tiene que hacer la rueda es desinflarse” mientras el poder judicial de E añade “debe desinflarse porque lo pone en el manual de instrucciones”, mientras con la otra mano aumentan la fuerza de la bomba de inflado.

Mirar a otro lado no hace que se desinfle. Señalar con el dedo al manual y decirle “debes desinflarte” no hace que se desinfle. Estamos hablando de hechos consumados. Ya ha pasado el tiempo de debatir sobre si la rueda tal o la rueda cual.

Si yo fuera ciudadano de E, no sólo de C, estaría enfurecido con mis instituciones. La única solución que han permitido es que la rueda reviente. Y no sabremos si cuando reviente saldrá disparada hacia la carretera o hacia la carrocería del camión.

Cuando estemos volando por los aires, pensaremos, ojalá se lo hubiéramos preguntado cuando estábamos a tiempo.

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11 de diciembre ,

La que se está armando por un congreso. Desde luego, si el que le puso nombre quería crear polémica, lo ha conseguido: “Espanya contra Catalunya” llama la atención, y mucho. Especialmente si, como se supone, es un congreso académico; el título debería de haber sido más neutral.

Ahora ambas partes están a la defensiva, lo que no favorece al debate, un concepto muy maltratado de por sí en nuestro país. Lo que me resulta curioso es que los que comparan a Artur Mas con Hitler –algo que no es cierto– se rasguen las vestiduras porque unos académicos han buscado agravios en el BOE –algo que sí es cierto– y los van a comentar en un congreso. Es decir, un ciudadano tiene motivos de sobras para enfadarse; no seré yo quien defienda la oportunidad de un simposio así. Pero me da la risa al oír a Rosa Díez denunciar a la Agencia Europea de los Derechos Humanos (¡ojo!) el título de unas charlas porque incita al odio, mientras acto seguido compara a los catalanes con los nazis y a los españoles con los judíos. En cualquier otro país civilizado la denunciada sería la señora Díez por banalización del holocausto.

Repito por tercera vez en este texto que no comulgo con el título, y me cuestiono la necesidad de un debate así. Sin embargo, a raíz de las reacciones, todos salimos perdiendo. Los catalanes volvemos a ser hitlerizados por la caverna española, y los españoles se sienten humillados por un acto institucional, seguramente, sacado de contexto. Al final, no olvidemos que en el fondo de la cuestión están unos historiadores que se han dedicado a recuperar documentos con supuestos agravios; actos que, sean agraviosos o no, sucedieron. Todavía estoy esperando ver al primer español gaseado por un catalán. Y lo peor es que, seguro, alguno de los que está leyendo esto está pensando “al tiempo”.

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30 de septiembre ,

Quiero aprovechar esta columna para dar un poco de resonancia a la propuesta de Galceran en el programa del último sábado, donde pedía que, si nos consideramos demócratas de verdad, la consulta por la independencia tendría que tener tres opciones: independencia, mantener statu quo, o negociar una reforma federal, con segunda vuelta si una opción no gana por el 50%. Es muy curioso que a nadie se le hubiera ocurrido antes lo de la segunda vuelta. Primero, la opción de la tercera vía fomentaría la participación, ergo el reconocimiento internacional, y por otra parte, hombre, pues es más democrático, ya que hay una parte no negligible de la población catalana que querría optar por esta opción.

Algunos de los que plantean la consulta desean que sea algo hermético, y lo entiendo. Quieren ganar, y jugar con las opciones es una manera de condicionar el voto. Está claro que, a la práctica, la opción federal sería equivalente a mantener el statu quo, ya que dos no se federan si uno no quiere, así que votar por una hipotética federación española sería como votar por que el Ebro pase por Sevilla. Haciendo números, en una segunda vuelta muy probablemente se enfrentarían la opción independentista con la federalista, y parte de los que votaron al No quizá muevan su voto al federalismo. Las últimas encuestas (pág 6), sin embargo, indican que los independentistas no tienen que temer al fantasma del federalismo, pero el miedo a pensar que esta bonita inercia independentista se pueda quedar en homeopatía de borrajas está ahí.

Personalmente, propongo una reflexión. Si Catalunya se independiza, una parte de la población se sentirá derrotada–y si no, también, no lo olvidemos; esta situación ya no tiene marcha atrás. Para evitar una ruptura social en ese futuro país es mucho más razonable que el derrotado asuma que su opción ha perdido de forma democrática y apabullante. Es tentador plantear la consulta como dar la vuelta a la tortilla, pero la realidad es que la tortilla que está sobre un lado se quema, así que no se ha de voltear, se ha de revolver. La nación catalana existe; la pregunta es si se debe incluir al resto de la población en el nuevo estado independiente catalán, y cómo hacerlo. La respuesta correcta es que no sólo les debemos incluir, sino que necesitamos que se sientan reconocidos, aceptados, y reflejados en las instituciones y la consulta. Si no, crearemos un Estado cuyo fundamento no será diferente de la España actual, y sólo será cuestión de tiempo que se rompa, como le ha pasado a ésta.

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25 de septiembre ,

Dos no discuten si uno no quiere, pero dos no negocian si uno no quiere. En el problema del encaje de Catalunya en España hay dos actores, ergo, las instituciones catalanas y las instituciones españolas; estas últimas, especialmente degradadas a ojos de los catalanes después de temas como el Estatut del 2006 y el bilingüismo.

La tercera vía debe ser un ofrecimiento de las instituciones españolas, no una reclamación de las catalanas. Si no, corremos el riesgo de que digan “sí, sí” y luego el Congreso o los Tribunales digan “no, no”, y todos hayamos perdido el tiempo. Por este motivo, la mayoría de los catalanes recelan de estos planteamientos.

Para la federación de dos estados, ambos participantes deben ser eso mismo, estados, y entonces negociar un tratado de federación. En un proceso de secesión es absurdo plantear una federación, ya que al fin y al cabo es un paso posterior a la independencia, no un sustituto. Por ello, los que están a favor de la tercera vía deberían estar a favor de la independencia de Catalunya (y el resto de comunidades que lo deseen), si acaso, enmarcado en un proceso de federación impulsado por el estado español.

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21 de septiembre
18 de septiembre ,

No está bien que unos radicales españolistas peguen a la gente en un acto en la Blanquerna, no está bien que unos radicales catalanistas peguen a Rosa Díez en la Autònoma. No está bien que salgan niños en la tele defendiendo la independencia porque se lo han dicho los padres, no está bien que salgan niños en la tele defendiendo la unidad de España porque se lo han dicho sus padres.

No está bien machacar constantemente a los catalanes para posicionar a la sociedad española contra la independencia, no está bien machacar constantemente al resto de españoles para posicionar a la sociedad catalana a favor de la independencia. No está bien decir que Artur Mas es un nazionalista, no está bien decir que el gobierno del PP es fascista.

No está bien poner un aeropuerto en Castellón, no está bien poner un aeropuerto en Lleida. No está bien hacer caso a Marhuenda, no está bien hacer caso a Rahola. El tema es serio y se está desbordando. ¿Podemos tener ya un debate razonado y dejar tranquilo al hombre de paja? A todo aquel que use un incorrecto para tapar otro incorrecto, bueno… “¡y tú más!”

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