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Este fin de semana Carlos apareció como invitado en el podcast Dime Tú, de Dani Aragay, donde hablaron en castellano y catalán sobre Dame la voz y algunos temas de actualidad, el Estatut y las diferencias entre España y Suecia.

Podéis escuchar la entrevista aquí o bien descargar el mp3 directamente.

3 de marzo

(Es difícil no leer este artículo en diagonal e interpretarlo como una mera chorrada, pero voy a pedir un pequeño esfuerzo por parte del lector para llegar hasta el fondo de la cuestión. Gracias.)

La lluvia es noticia. Datos al margen, ha caído tanta agua en estos dos meses como en un año entero, cosa que es positiva para los embalses pero negativa para los incendios. Como me explicó un amigo biólogo, la lluvia en invierno provoca una gran exuberancia primaveral. Ese exceso de hierbecitas y matojos se suele secar en verano, ya que ni aun en los años más lluviosos hay precipitaciones en junio-julio, y a la que llega agosto se convierte en un peligroso caldo de cultivo para los incendios. Y de las alergias mejor no hablamos. En fin, como suele decirse, nunca llueve a gusto de todos.

Al margen de los efectos de la lluvia en la biosfera, me gustaría plantear una hipótesis. No digo que vaya a suceder, pero tampoco es imposible. Estos días, conversando con los compañeros de trabajo, muchos extranjeros me decían en broma que «si llegan a saber que en España hace tan mal tiempo, no se vienen» y algunos españoles que han vuelto reconocen que «Europa es deprimente, uno vuelve por el sol, y se encuentra esto». Otro compañero había descubierto que, hasta esta semana, en Barcelona ha llovido cada lunes del 2010, y «así no hay quien se anime un lunes». Medio en broma, medio en serio, podemos extraer que el buen tiempo es un factor determinante en atraer gente a nuestro país.

Bien. Imaginemos que, por aquellos ciclos imprevisibles de la naturaleza, España se pasa los próximos 3-5 años con un clima atlántico. Lluvia, viento, frío, más lluvia, más frío. En vez de tener 300 días soleados al año, pasamos a tener 150 días de buen tiempo; lo que vendría a ser verano, más un par de días a la semana. ¿Qué puede entonces España ofrecer para ser atractiva?

Nuestro país es un destino de multinacionales, que montan aquí sucursales para enviar a algunos directivos como premio. Los científicos que vienen a nuestro país renuncian a sueldos cinco veces superiores por un buen ambiente de fiesta, buena comida y el sol y la tranquilidad. Los españoles que se han marchado vuelven porque no pueden soportar el mal tiempo que hace al norte de los Pirineos.

Luego están los turistas, que se verían muy afectados por el mal tiempo, metiendo en graves problemas al sector terciario. No hablemos tampoco del hecho que las infraestructuras españolas están ideadas de cara al buen tiempo: las paradas de tren y autobús muchas veces no tienen ni marquesinas por si llueve, los campos de deporte—pistas de cemento en las que no se puede jugar si caen cuatro gotas—están descubiertos, las calles se inundan si llueve más de diez minutos seguidos y un largo etcétera que todos conocemos.

Si el maldito cambio climático, o los ciclos solares, o la madre que lo matriculó, en vez de aumentar las temperaturas las disminuye, convertirá España en un país con el clima de Alemania y las condiciones laborales y sociales… bueno… las condiciones españolas. ¡Bravo! ¡Así se consigue atraer el talento!

Así que, por favor, tengamos esperanza en que el tiempo mejore y la lluvia no se convierta en algo habitual. Yo de momento voy a dejar de lavar las sábanas, porque cada vez que las tiendo llueve. Y a los que podáis, os recomiendo que dejéis de cantar en la ducha o lavar el coche porque, si no, el país se va al garete.

9 de noviembre

Como va siendo típico en occidente, y en especial en nuestro maravilloso país, a cada bache económico de más o menos magnitud se manifiesta claramente una adoración (que nada tiene que envidiar a otras religiones) a la persona de John M. Keynes, ovacionado economista. Populacho y políticos por igual le aman y dan por ciertos sin dudar sus esquemas. Y no es de extrañar: según la teoría Keynesiana, la clave de una economía sana es una demanda estable, que no aumente ni disminuya fuera de los equilibrios deseados, garantizando un circular constante del dinero, y todo ello conseguido con la intervención activa del gobierno. Qué político se opondría a la intervención estatal? Y qué político que se precie no podría convencer a una masa a cada día más crédula del bien sin límites que puede hacer el Gran Administrador?

Y la realidad, que esté quietecita y no estorbe, que callada está muy guapa.

Por una de esas bromas del destino que tanto le gustan al Altísimo, lo que debiera haber acabado siendo una aproximación de cierta valía y a corto plazo de la economía clásica se exaltó de tal forma que ahora ocupa su lugar al lado de Imagine y Una Verdad Incómoda como pilares fundamentales de la civilización modernilla. Y pobre del que niegue sus verdades!

Pero como dijo aquel, no he venido a adorarle sino a enterrarle. La ironía de la situación histórica en su globalidad es tan dulcemente deliciosa que hasta daría pena desmontarles el sueño a ciertas personas. Por… suerte? la mayoría de ellos ya han pasado el horizonte de sucesos de la lógica, y nunca más saldrán de él para darse cuenta de su error, se diga lo que se diga y pase lo que pase. Así que el circo va a continuar, aunque se les acabe cayendo la carpa encima.

Y es que sus premisas básicas ya se agujerean con solo pensar un poco. Demanda. Circulación. Control. Esas son las palabras clave para un keynesiano, las que gobiernan todo lo demás y lo atan en las tinieblas. Nada importa, excepto garantizar que la demanda no se reduzca (como pasa en una desaceleracion/recesion, por ejemplo), que no aumente (como en expansiones fuertes o booms), fijando el flujo de dinero mediante control monetario descarado.

Y qué contrasentido es poner la demanda por encima de todo. No negaré que el así llamado consumo, la demanda de los productos es una parte imprescindible de la economía (vamos, que si nadie compra nada, mal vamos). Tampoco se puede negar que tiene un gran efecto de feedback sobre la oferta y la producción, como bien dicen las leyes clásicas del mercado. Pero pretender que la demanda es el único factor relevante, y aún más, identificarla como “variable de control” que se hace variar a voluntad para regular el sistema es, no solamente estúpido, sino también un error.

Se puede ilustrar muy fácilmente porqué la demanda no debe ser glorificada en macroeconomía con un pequeño ejemplo. Bueno, pequeño no, pero ejemplo sí.

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21 de agosto

Una de las cosas que más me gusta de vivir en España es que todo el mundo es un experto en todo, y por lo tanto puede opinar al respecto. Macroeconomía «la crisis es culpa de los bancos», fútbol, por supuesto «Real Madrid, campeón de Europa», el favorito de los abuelos, arquitectura «pues con esos cimientos el edificio no va a aguantar», biología «las farmacéuticas fabrican los virus para luego vendernos la vacuna» y el último descubrimiento, el alpinismo «pues si hubiera sido Messi, seguro que le rescatan»

Hay ámbitos en los que la todología puede aceptarse en mayor o menor medida. Quien más, quien menos, ha jugado a fútbol y entiende algo, aunque muchos de los que opinan jamás han tocado un balón. Todo el mundo tiene derecho a opinar, claro está, aunque suelte burradas del calibre de «el Gobierno debería bajar el precio de los pisos». Además, esta pandemia no está limitada a la sociedad civil, puesto que cada vez más periodistas sufren de todologuismo, especialmente los de Recoletos.

Pese a lo pringaos que somos en Dame la voz, muchas veces nos habréis oído comentar «vamos a dejar que Saúl nos inlumine sobre el tema de Corea, porque el resto no la entendemos» o «aunque el tema del día es el caso Gurtel, mejor no lo tocamos, porque es muy complejo y no estamos suficientemente informados».

Claro que nosotros no tenemos que vender periódicos de 70 planas cada día.

No sé si os habrá pasado, pero a mí se me caería la cara de vergüenza si dijera que «cómo es que el hombre ha llegado a la luna pero no puede enviar un helicóptero a rescatar a Óscar». Me refiero a que como pregunta razonable tiene su qué, pero presuponer que “alguien” lo hace “adrede” es una burrada. La respuesta, si uno se informa, es que no es lo mismo preparar una misión lunar durante quince años que rescatar a una persona en quince días. Da igual, porque para esta gente que cree que los duendes hacen funcionar internet, todo es posible, y si no está inventado es porque hay una conspiración para que no se haga. Hablando de conspiraciones, animo a Galceran o a Oriol para que escriban un artículo con las conspiraciones más curiosas que conocen, y os vais a reír un rato.

Tampoco es que uno tenga que ser doctor para poder opinar de algo, pero hombre, antes de hacer el ridículo es mejor callarse. No pasa nada por no saber de algo, es honesto reconocer que tal tema se nos escapa o que no tenemos ni idea de tal concepto. Aún más; con la existencia de la Wikipedia e internet, no cuesta nada llegar a casa y mirar de qué se trata o preguntar para que alguien nos lo aclare.

Se está produciendo un fenómeno curioso; dentro de pocos años, crecerá la primera generación de niños que no conocen el desconocimiento. Me explico, cuando yo era pequeño, muchas veces nos surgían preguntas un poco inocentes, pero de las que era difícil saber la respuesta. ¿Por qué a las lagartijas les crece la cola si se la cortas?. Tenías que preguntar a un adulto, que muchas veces tampoco lo tenía claro, o ir de propio a una biblioteca. Eso sí era un coñazo. Hoy día, te vas a Yahoo! Answers y en diez minutos cualquier hoygan tiene la respuesta.

Sarcasmos aparte, hace muchísimo tiempo que no consigo encontrar la respuesta a alguna pregunta que me surja. El que es un ignorante es por voluntad propia, no por falta de acceso a la información. Si te apetece saber cómo funciona el mecanismo de regeneración de las lagartijas, lo buscas en la Wikipedia, en la que no sólo tienes la explicación científica sino un resumen para todos los públicos.

Voy a acabar con una paradoja que me resulta muy curiosa. Aunque está de moda aparentar que sabes de todo, está mal visto estar realmente informado y conocer un poquito lo que pasa a nuestro alrededor. Después de discutir con algunos todólogos sobre temas de los que no tenían ni idea, en vez de reconocer su desconocimiento, me suelen atacar con que «es que tú estás muy enteradillo», con sorna, como si fuera algo malo saber cosas.

Es normal estar muy enterado de las noticias si uno hace dos programas semanales de actualidad. Es mi “trabajo”. Aunque, visto lo visto, es mejor aparentar que sabes muchísimo de todo, pero a la hora de la verdad ser un ignorante. Es más guay.

Os dejo, voy a poner Telecinco, creo que Belén Estéban va a explicarnos cómo funciona el LHC.

7 de marzo

Importante: La semana que viene no grabamos porque Carlos está de calçotada. Disfrutad de este programa :)

Comentamos las portadas del ABC y La Razón de este lunes, con bastante poco rigor periodístico, para pasar a comentar los resultados de las elecciones y qué pasa con esos 100.000 votos nulos de los que nadie quiere hablar.

Luego, para recuperar vuestra atención tras el coñazo, hablamos del lapsus de Zapatero, una nueva medida para potenciar el alquiler y el experimento de los cinco litros.

Hecho el inciso, analizamos varios estudios, serios y estúpidos. Los españoles de padres inmigrantes no se sienten españoles, Torcuato nos dice qué música te vuelve tonto, y Juan Carlos apunta a la absurda prohibición de twittear (pero no bloguear) desde la Asamblea de Madrid.

Podéis escuchar el programa desde el reproductor que hay en la sección derecha, o bien bajar el fichero mp3 desde aquí.

Un tema que no pudimos tocar esta semana en los podcast es el de las declaraciones de Thierry Henry en una entrevista a La Vanguardia publicada el pasado día 27. Un entrevista bastante banal, típica y tópica, excepto por un detalle:

¿Le costó mucho adaptarse?
Lo que pienso es esto: Catalunya no es España, es otra cosa y eso hay que sentirlo. El Barça es otra historia. Cuando llegas aquí del Arsenal te sorprende ver a tanta gente, es un shock. Hay que vivirlo para entenderlo. En Inglaterra es otra mentalidad. Cuando salí de allí después de ocho años, estaba asombrado, pero después de ocho meses, cuando ya no me dolía la espalda, tenía que volver a ganar confianza y ganarme a la gente.

“Catalunya no es España”, una frase mágica que ha levantado titulares no sólo en medios deportivos y generalistas en España sino también en el extranjero. A lo que se refiere Henry con ésto no está plenamente claro, pues no sabemos si se está expresando en términos políticos o culturales, aunque probablemente fuera lo segundo a raíz de sus declaraciones a El Mundo del día siguiente:

“Lo que dije de que Cataluña era algo diferente a España, no es mi opinión, sino lo que yo percibo como un sentimiento de mucha gente que vive en Cataluña. No de toda, pero sí de una parte. Cuando hablé sobre ello me refería a lo que yo veo, lo que veo que aquí siente mucha gente”, afirma el francés.

El internacional además niega que él hable de política. “La semana pasada me preguntaron en Francia sobre los problemas que hay en Guadalupe (colonia francesa de ultramar donde hubo disturbios) y les dije que no, que no opinaba de política“.

Pero da igual, la polémica ya está servida porque los medios han hecho la interpretación que más les ha convenido: la política. En cierto modo, Henry ha reabierto por enésima vez un flame que no por repetitivo va a ser resuelto más pronto. El número de comentarios al respecto de esta noticia en las webs de los periódicos va camino de récord.

Me resulta particularmente gracioso porque quien ha lanzado el flame esta vez no ha sido un político, artista, o cualquier otro ciudadano de Catalunya o de España. Ha sido un futbolista francés que ha vivido buena parte de su carrera en Londres. Es un indicador preocupante: ¿estamos dispuestos a que alguien venido de fuera nos diga cómo de diferentes somos los catalanes y los españoles? Inaudito.

Pues es su visión de las cosas, tan limitada como su percepción le permita. A quien le incomode, que coma ajos. Y a quien se alegre, pues bien por él. Pero que se suponga que Henry tiene que influir en la opinión de alguien es risible, y en este juego es donde ha caído demasiada gente. Los amantes de la crispación pueden estar tranquilos: si titulares como Carod bajan de forma, la cantera es amplia.

Por eso agradezco a Henry. Porque ha conseguido, voluntaria o involuntariamente, dejar en evidencia una vez más la rancedumbre de los periodistas de esta España casposa, tan preocupada de encontrar cabezas de turco debajo de las piedras, tan obsesionada con reabrir debates inconclusos que lo único que levantan es polvo. Y lo peor es que la gente va y muerde el anzuelo. País.

"Pues yo prefiero Windows a Linux", declaró el futbolista.

"Pues yo prefiero Windows a Linux", declaró el futbolista.