Archivo

Entradas Etiquetadas ‘gobierno’

Me vais a permitir que encarne en el «catálogo de Ikea» todo lo que vienen a ser los folletos publicitarios, triple envoltorio de plástico para las magdalenas, doble precinto de las botellas de agua, flyers, y un largo etcétera de productos de un solo uso con utilidad nula. He escogido al catálogo como cabeza de turco porque es un tocho de papel satinado, a todo color, que yo no he pedido que me envíen y que anuncia un producto en el que el lector sólo estará interesado cuando se mude o reforme su casa, es decir, una o dos veces en la vida.

Por el párrafo anterior ya podéis intuir de qué va el tema. Parece que una magdalena va a estar contaminada de ébola a menos que lleve un plástico individual, otro plástico para el pack de 3 “para llevar” y otro plástico para la bolsa, sumado a un tercer plástico que es la bolsa de la compra. De todos ellos, irónicamente, el único reutilizable es la bolsa de la compra, que la mayoría de la sociedad usamos para tirar la basura. ¿Los otros? Simplemente, forman parte de esa basura. Digo que es irónico porque las administraciones están poniéndose serias para restringir las bolsas del súper, cuando lo que deberían hacer es parar la vorágine de productos de un sólo uso o, sorpresa, de cero usos.

Como no quiero que me malinterpretéis, os voy a comentar que soy un convencido y un activista del reciclaje. En casa tengo varios cubos: orgánica, papel, vidrio, envases, aceite, pilas, electrónica y finalmente la “basura” propiamente dicha, que no entra en ninguna otra categoría. YO RECICLO. Es por eso que me enfurece que me traten como un idiota, que quieran prohibir la única bolsa útil —seamos sinceros, a veces estás en la calle y te ves obligado a entrar en el súper sin haberlo previsto— mientras a mi alrededor se amontonan una serie de residuos y nadie hace nada para evitarlo.

Soy uno de esos estúpidos a los que educaron de pequeños en la economía sostenible, tanto en casa como en el colegio, y se lo creyó. Por poner algunos ejemplos; me hace duelo tirar comida y por eso compro lo justo para que no se me pudra en la nevera, aunque me implique echar a correr muchos días porque tengo la nevera vacía. Me invade un sentimiento de culpa cuando en la impresora del trabajo imprimo un documento a una sola cara en vez de a doble cara, aunque luego reaprovecho el papel para hacer garabatos. Cierro el grifo cuando me lavo los dientes, ¡leches! si hasta hay veces en que no tiro de la cadena después de mear, si sé que voy a volver dentro de un rato. Tengo difusores en todos los grifos, doble botón en la cisterna del wc, bombillas de bajo consumo, apago los monitores cuando voy a comer para que no gasten luz en stand-by. En resumidas cuentas, intento despilfarrar lo mínimo; y uso la palabra «despilfarro» porque, seamos sinceros, no me voy a lavar mejor los dientes porque esté el grifo chorreando.

Como os iba diciendo, soy un poco tonto y creo en eso de que «todos los gestos cuentan». Por eso me indigno cuando, en plena sequía, todos los céspedes y piscinas de la zona alta de Barcelona estaban relucientes. Cuando llego a casa y me encuentro el buzón lleno de publicidad imprimida a todo color, en papel satinado, mientras imprimo los artículos en arial 8 para ahorrar papel y tinta. Cuando me compro una botella de agua y tiene «doble precinto de seguridad» —más el tapón en sí.

Ya que aparece el tema del agua, quiero aclarar una cosa. En Vilanova i la Geltrú el agua del grifo es imbebible, y por eso todos compramos garrafas. No sabéis qué lujo es poder beber agua del grifo, pero nosotros, simplemente no podemos. El agua es blanca. Pero, ¿sabéis qué?, ese agua es potable, y la pagamos como tal. Voy a ser más específico; pagamos el recibo del agua con un suplemento porque es potable. ¿De qué sirve que sea químicamente potable, si es humanamente imbebible? No sirve ni para regar las plantas. Pero claro, de cara a la galería, cuando realicen los informes del ayuntamiento, se jactarán de que «el agua de Vilanova i la Geltrú es potable» y se colgarán la medallita.

He de reconocer que me considero una persona moderada, dentro de mi estupidez. Por ejemplo, considero que está bien dejar encendidos los focos de la Sagrada Família por la noche, aunque gasten luz. Es bonito, y es un consumo asumible. También me parece bien, por contra de lo que opina mucha gente, que jueguen al fútbol de noche, con el consiguiente gasto de luz. ¿Habéis intentado jugar a fútbol en junio a las tres de la tarde, como hacen en el norte de Europa? El sol abrasa, ciega a los porteros aunque lleven gorra y la gente no iría al campo sólo por no pasar calor. De nuevo, es un gasto asumible, en mi opinión. Debe de hacerse lo posible por ahorrar en este gasto, pero no es necesario cortar el 100% de los gastos superfluos.

¿Quién pone la barrera de lo que es superfluo? Hombre, nadie me negará que un bote de mantequilla no necesita tres precintos de seguridad. Que no es necesario que un edificio de oficinas esté iluminado por la noche. Que pongan el aire acondicionado a 16º «porque está regulado en la central» y tengamos que abrir las ventanas para que entre aire caliente, sin posibilidad de cambiar el termostato.

Cuando estuve en la Expo de Zaragoza vi unos gráficos que no he conseguido localizar para este artículo. Se trata del consumo de agua para la producción de algunos objetos o servicios. Me escandalicé al ver el agua y energía que se invierte —digámoslo así— en cultivar una lechuga, producir un cartón de leche, fabricar un ordenador. Son ejemplos básicos, y siento no tener cifras, pero lo de la lechuga era de escándalo. Algo así como 100 litros de agua. Lamentable, vamos.

Es decir, ¿yo he de aguantar la peste a orín en el wc de mi casa por no gastar 3 litros de agua, pero un agricultor no está obligado a usar técnicas de riego eficiente? ¿El ayuntamiento puede tener tuberías que pierden miles de litros de agua al día, pero me multan si tengo una gotera que da a la calle? ¿He de poner doble cristal para ahorrar en calefacción mientras el ayuntamiento tiene las puertas abiertas y el aire acondicionado puesto?

Agua, electricidad y recursos básicos como la madera son recursos relativamente escasos. No hay que llegar al extremo de intoxicarse por beber agua del grifo con tal de ahorrar, pero los estamentos públicos deben espabilar y legislar al respecto, sin demagogia ni perroflautismo, por favor. Dejar de imprimir el BOE y distribuir un PDF es inteligente. Prohibir las bolsas del súper, ignorando los envoltorios de los productos es hipócrita. Fomentar el ahorro energético y el consumo responsable es inteligente. Subir el precio de la electricidad es hipócrita. Mejorar el transporte público es inteligente. Obligarnos a circular a 40 km/h en autopista es hipócrita. Usar papel reciclado en las Administraciones es inteligente. Permitir que Ikea nos mande un catálogo con publicidad que cuesta 1/10 de árbol y 50 litros de agua es hipócrita. Legislar los hábitos de consumo del ciudadano y la Administración es inteligente. No legislar los de las empresas es hipócrita.

Esta doble moral, de cara a la galería, ecologismo de pandereta y ninguneo del ciudadano es lo que más me preocupa. Sería fácil decir que «paso de reciclar», pero no, yo asumo mi responsabilidad, y no voy a dejar de hacerlo. Pero, por favor, no me tomen el pelo. Un respeto a los estúpidos como yo.

Aviso: La semana que viene no hay programa. Nos vemos en 15 días.

Abrimos con el campeonato de copa, en lo deportivo y lo extradeportivo. TVE no retransmite la silbada y al día siguiente destituyen al director de deportes de la casa y hay reacciones políticas al respecto.

El País escribe un artículo sobre 4chan sin tener ni la más mínima idea, confundiendo churras con merinas, la OMS alerta sobre la gripe A mientras nosotros jugamos al Pandemic2, detectan niveles altos de cocaína y otras drogas en el aire, un par de reportajes sobre la píldora postcoital, Morpheus también escribe sobre los portátiles en primaria, Nuria nos envía una tira de Mauro sobre el cine español, y acabamos con nuestra inexistente sección de sexo, donde un hombre se compra un DVD porno titulado «Asuntos con las mujeres de otros» y descubre a su mujer… con otro.

Si quieres saber qué tertuliano de Dame la voz eres, ¡prueba el test de Facebook! Es parecido a los tests estúpidos que hacen tus amigos, ¡con la diferencia de que el nuestro mola! Y no te olvides de dejar un comentario con los resultados, nosotros no podemos saber quién te ha salido.

Podéis escuchar el programa desde el reproductor que hay en la sección derecha, o bien bajar el fichero mp3 desde aquí. Si estáis de buenas, os agradeceremos que os apuntéis a nuestro grupo en Facebook o nos dejéis un comentario en iTunes, caso de que uséis estos servicios.

20 de febrero

Si seguís el programa —¡mañana grabamos! ¡volved el domingo a escuchar el programa!—, sabréis que hablamos mucho de economía. A veces, incluso más de lo que nos gustaría. Pero en los tiempos que corren es muy necesario explicar qué está pasando en el mundo, por qué se dice que hay crisis y cuáles son sus consecuencias. Dame la voz intenta no sólo ser un debate entre amigos sino también divulgar sobre aquellos temas que no suelen estar demasiado claros en la vida real.

Dinero

Mucho money

Yo acostumbro a poner siempre el mismo ejemplo: el de los tipos de interés. Me apuesto un huevo y parte del otro a que habéis escuchado alguna vez en un telediario la frase «suben los tipos de interés». Ahora no me apuesto nada, pero estoy convencido de que la gran mayoría de veces el periodista que narra la noticia no se ha parado a explicar qué son o cómo funcionan. No tienen que explicarlo siempre, pero sí de vez en cuando, para recordar a la población que Zapatero no tiene un botón que dice «subir los tipos de interés» y lo va pulsando conforme le apetece.

No es que quiera defender a Zapatero, pero es que aún queda gente por el mundo que se piensa que todo depende del gobierno —el que sea, se entiende—. Si sube el pan, es culpa del gobierno. Si sube la gasolina, también. Si sube el IPC, también. Si sube el paro, también. Curiosamente, si les suben el sueldo siempre es gracias a sus méritos personales, pero eso ya es otra cuestión. (Imagen: Tracy O)

Hay que educar a la población en teoría económica. Es más, si yo puedo entender cómo funciona la economía, cualquiera puede. Como me da igual hablar y pifiarla, voy a intentar explicar básicamente por qué sube el pan o por qué sube la gasolina, con permiso de los economistas presentes en la sala. Si me tenéis que corregir, me corregís, pero por favor no me critiquéis el artículo por ser demasiado básico, porque ese es principalmente su objetivo.

Lo primero que se debe de tener en cuenta son los agentes que controlan la economía. Uno son los bancos, en concreto el Banco Central Europeo. Esta entidad regula los tipos de interés, que es el dinero que cuesta que te presten dinero. Por ejemplo, si pides dinero a tu banco de la esquina y los tipos de interés están al 2% TAE, tendrás que devolver un 2% anual más del que te dieron. A efectos macroeconómicos, si los tipos están bajos se prima el gasto por parte de la población, ya que no sale a cuenta tenerlo en la cartilla y además es barato pedir más dinero.

Muchos aún se asustan cuando descubren que el mundo trabaja con dinero que no existe. Que, por cada euro que tienes en el banco, éste puede trabajar con siete euros —perdón, creo que la proporción es ésta— nuevos. ¡Claro que es así! Si no, la economía estaría estancada. Si por cada persona que pide una hipoteca de 200.000 euros, el banco tuviera que disponer de cuentas corrientes por valor de 200.000 euros, ¡mal iríamos!

Leer más…

Esta semana hemos decidido NO hablar de Israel, para no cansar con el tema.

Para ello, hacemos mención a la labor de «oposición del PP» que está llevando el gobierno desde hace unas semanas, el cambio de director de Público, la dimisión forzada de Calderón, la web anticrisis del gobierno y alguna chorrada más, para variar.

Ya nos diréis qué os ha parecido. Podéis escuchar el programa desde el reproductor que hay en la sección derecha, o bien bajar el fichero mp3 desde aquí.