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Entradas Etiquetadas ‘huelga’
12 de febrero

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Pese a la pandemia de gripe, tres valientes toman las riendas del programa para que no os falte vuestra dosis semanal de DLV. Se merecen al menos un comentario, ¿no? ;)

Se presenta Sortu, Duran y Sánchez-Camacho opinan sobre la deuda catalana, el PP amplía su ventaja sobre el PSOE, las mujeres de los políticos belgas hacen huelga de sexo para forzar la formación de un gobierno y Berlusconi denunciará al Estado italiano.

Os recordamos que la semana que viene no habrá programa

4 de diciembre

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¡Hola Rubalcaba! Gracias por aplicar las medidas que recomendamos en el programa anterior. Nos haría mucha ilusión si, en tu próximo discurso, nos hicieras un guiño de complicidad y dijeras la frase “dame la voz” camuflada entre el contexto. Seguro que no tendrás problema en hacerla encajar y para nosotros sería un detallazo por tu parte. De lo contrario, dejaremos de dar ideas para salir de la crisis.

En este programa hablamos largo y tendido sobre la última gran filtración de Wikileaks, bajo varios puntos de vista: ¿es ético poner en riesgo la vida de la gente por la libertad de información? ¿va a redefinir Wikileaks el mundo del periodismo? ¿por qué los gobiernos se empeñan en matar al mensajero? Además tocamos dos temas que nos afectan muy de cerca: el seguimiento a Garzón por “antiamericano” y el bloqueo a la investigación por la muerte de Couso y las presiones estadounidenses para legislar al respecto del copyright en España.

En el poco tiempo restante comentamos rápidamente (y en tiempo real) el estado de alerta a causa del boicot de los controladores aéreos,  las nuevas medidas para reactivar la economía y el que seguramente sea el descubrimiento científico de la década: una bacteria que ha sustituido el fósforo de su ADN por arsénico.

Abrimos con el que ha sido el tema de las últimas semanas: la huelga general y sus posibles repercusiones. Mientras se aproueban los Presupuestos, el Gobierno sube los impuestos a las rentas más altas.

Andrés nos envía una aplicación para comparar mediante gráficos los diferentes países del mundo y, cómo no, comparamos a España con Turquía. Pen Pen, por su parte, nos apunta a un artículo en el que se desvela que algunos de los participantes en el programa Espejo Público son actores. Hacemos una pequeña mención al fallecimiento de Labordeta y la trágica pero irónica muerte de Jimi Heselden, inventor del Segway.

En el bloque final comentamos el positivo de Contador por clembuterol y la suspensión de Fullana. Acabamos con una alerta por “pandemia” de obesidad y un estudio estúpido en que dibujan un elefante usando cuatro componentes complejas.

(Descargar MP3, ir a iTunes)

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Abrimos con un breve comentario sobre el Club Bilderberg, y luego pasamos a comentar una amplia sección sobre la huelga de funcionarios: el sindicato de funcionarios rompe con CCOO y UGT, Cospedal ofrece el apoyo del PP a los trabajadores, y resumimos un correo de un oyente sobre el estado de los trabajadores públicos.

Después, Julio Gisbert propone crear economías paralelas, Moody’s ataca al Euro y discutimos el caso de éxito de Mercadona.

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Llevo meses esperando a que me convoquen a la huelga. El año pasado todavía pensaba que una huelga no tenía razón de ser, porque la crisis no es algo que se pueda solucionar con un paro general. Sin embargo, a raíz de la mala gestión y de las medidas recaudatorias que afectan principalmente a la clase media, no era difícil pensar que había llegado el momento de ir a la huelga.

¡Pero una huelga general!

Voy a exponer mi argumento de forma muy sencilla. Llevamos tres años de crisis, dos de ellos con unos problemas económicos gravísimos. En este tiempo, los empleados de la empresa privada han sufrido lo indecible, han sido despedidos indiscriminadamente y han visto recortados sus sueldos mediante EREs u otros métodos. La mayoría han aceptado los recortes, todo sea por conservar el puesto de trabajo.

El mes pasado el Gobierno anunció una serie de medidas destinadas a reducir el gasto público, entre las que se contempla reducir el sueldo a los funcionarios. La gran mayoría, los que tienen nóminas sobre 1500 euros mensuales, las verán reducidas entre un 0,5% y un 3%. Una miseria, comparado con lo que han sufrido los de la privada. Fijáos que no estoy apoyando el recorte; simplemente lo estoy comparando con lo que sucede en el mundo real, fuera de la burbuja feliz en que viven los trabajadores públicos.

Pues bien, ahora los sindicatos han despertado y hoy, 8 de junio, se está celebrando una huelga de funcionarios. ¿Pero cómo, sólo de funcionarios? Sí, sólo de funcionarios.

Entendería que este recorte fuera la gota que colma el vaso y llevara a la convocatoria de una huelga general. Sería algo interesado por su parte y llegaría tarde, pero entra dentro de lo comprensible. Ahora ya todos estamos cubiertos de mierda, públicos y privados.

La postura de los sindicatos, que ha sido reaccionar con una pataleta frente a un mísero recorte cuando el resto llevamos tres años luchando por no engrosar las listas del paro, me parece egoísta a más no poder.

Me ofende que no me convoquen a la huelga. Hace tiempo que deseaba una convocatoria, pero aquí todos moros o todos cristianos. Andarse a medias tintas es feo de cojones y rezuma superioridad, dando a entender que los únicos que merecen derechos laborales son los funcionarios públicos y al resto que nos den. Los derechos deben ser para todos.

No penséis que soy un revolucionario de sofá. «Monta tú una huelga», me dije hace tiempo. Error. Ha de quedar muy claro que sin el apoyo sindical es materialmente imposible.

Os pongo en contexto; hace meses me reuní en diversas ocasiones con los sindicatos para organizar movilizaciones cuando se anunciaron los recortes en I+D. Y, ¿sabéis que me dijeron? Que no había para tanto. A duras penas conseguimos su apoyo para convocar una manifestación. Entonces pensé que los sindicatos estaban comprados.

Quiero suponer que he visto las dos caras de la moneda y, desde la ignorancia, que tengo algún conocimiento de causa como para poder formular estas críticas. No me cabe la menor duda de que habrá muchos sindicalistas y funcionarios que pensarán como yo; por lo que esto no es una crítica al sistema sino a los hechos que están sucediendo y la forma en que se presentan a la sociedad.

Ahora me he dado cuenta de que los principales sindicatos no están comprados; simplemente son unos egoístas interesados.

Para rizar el rizo, por lo visto se ha extendido una «genial ocurrencia» entre algunos funcionarios. Éstos han pedido asuntos propios para el día de hoy y, de esta manera, no les descontarán un jornal del sueldo. Alegan que lo que no quieren es que el Gobierno salga beneficiado de la huelga, ahorrándose el pago de un día de sueldo.

Lo entiendo, pero no lo comparto, y os diré por qué. Aunque están en su derecho, de nuevo, este artículo trata sobre el fondo ético de la huelga. Para mí, una huelga representa una protesta en su máxima expresión; indica que el trabajador está tan cabreado que está dispuesto a dejar de cobrar el sueldo de un día con tal de demostrar su enfado. Bajo mi punto de vista, esto desvirtúa la huelga por completo. Ir a la huelga y cobrar es como estar en misa y repicando. Se pierde toda la fuerza moral que otorga no percibir el sueldo.

Debería haber quedado claro que la huelga no es por el dinero, no es por ese 0,5% menos del sueldo. La huelga debería reclamar un reajuste serio de la economía, impuestos sobre los más ricos, impuestos sobre el capital bancario, facilidades para la creación de nuevas empresas, reducción de las dietas de los políticos y dinero que se tira por el retrete en levantar aceras que ya están bien puestas y visitas oficiales.

Àngel decía que, si un 10% de su sueldo iba a servir para arreglar la crisis, que se lo quitaran. Que me lo quiten a mi también; seguro que muchos de vosotros pensáis igual. Pero, a la vez, que metan mano a los ricos, y que ese ahorro lo inviertan correctamente.

Para acabar, resumo los tres puntos que he intentado explicar en este artículo.

A los sindicatos: o nos convocan a la huelga, o que no esperan nuestro apoyo ni simpatía por la causa. Al Gobierno: antes de recortar el sueldo de los funcionarios y subir el IVA, aumentad el IRPF para rentas superiores a 100.000 euros y gravad las transacciones interbancarias. Y, por el amor de dios, ¡facilitad la creación de nuevas empresas! De lo contrario, la única alternativa seguirá siendo el trabajo público, y tendréis que seguir recortando el sueldo a los funcionarios.

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Ampliamos un poquito el tema del recorte con las últimas novedades mientras los sindicatos perfilan la huelga, Paco González irá a Telecinco a locutar el mundial, el Banco de España interviene Cajasur y, aunque no salgan por la tele, sigue habiendo perros peligrosos.

En el segundo bloque del programa hablamos largo y tendido sobre la mal llamada “vida artificial” que han creado en los laboratorios Venter. Aclaramos qué ha sucedido en realidad, las implicaciones sociales y éticas, y desvariamos un ratito sobre qué es la vida. Enlaces interesantes: interpretación de la noticia en El País, artículo original en Science, réplicas en Nature y una entrevista en Reddit a uno de los autores del artículo. Muy interesantes, y si no entendéis el inglés os recomendamos que lo intentéis con Google Translator.

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Me animo a escribir un artículo que no generará ningún flame, pero lo escribo igualmente. Es tan sólo una reflexión sobre un fenómeno que suele repetirse de vez en cuando y que a mi parecer destroza más que arregla. Me refiero a esas huelgas de empresas públicas que ya tienen unas condiciones de trabajo más que aceptables.

No quiero herir sensibilidades. Si existe una situación de abuso siempre queda la protesta legítima, pero hay ocasiones en las que lo ganado va a parar a una estrecha minoría mientras que el resto de trabajadores, incluso los futuros empleados de dicha empresa pública, se ven perjudicados.

Pongamos un ejemplo. Imaginemos que los empleados del metro de una gran ciudad deciden ir a la huelga para tener más días libres y poder disfrutar del fin de semana. Evidentemente tienen todo el derecho del mundo a pedirlo (por pedir que no quede), pero ya de entrada generan un cierto malestar: las empresas de base pública suelen tener mejores condiciones que la empresa privada, pues han de servir de ejemplo. Evidentemente ir a la huelga en el caso del metro tiene numerosos efectos colaterales en la vida de la gente común (retrasos, problemas laborales, cabreo matutino y vespertino…), y además puede que el común de los mortales no entienda que se deba mejorar lo que de entrada ya parece bueno (vacaciones, sueldo fijo, descuentos, etc…). La empresa se aprovecha de estos efectos para efectuar un pulso con los sindicatos, que, como su empleo nunca está en peligro, no tienen nada que perder (ya sabéis quién pierde siempre).

Una vez conseguido (o no) el objetivo de la huelga se habrá mejorado la situación laboral de los empleados fijos de una empresa. Para compensar las mejoras de este personal el siguiente paso lógico para no perder dinero será subcontratar servicios o sencillamente reducir el número de empleados fijos, con lo que conseguimos pan para los de hoy y hambre para los que vendrán más tarde. De forma incomprensible, a los sindicatos se la trae más que floja ( es curioso que en la situación de crisis y EREs continuas los sindicatos estén tan satisfechos del trabajo hecho).

¿Es que acaso soy antihuelga? No digo en ningún momento que se deba dejar de protestar por situaciones abusivas. Lo que sí hay que hacer es obrar de forma responsable, precisamente porque las empresas públicas deben dar ejemplo. Ya sé que dirán que no todas las empresas de servicios públicos son públicas, pero cabe preguntarse: ¿no será que la mala praxis en la administración crea un clima propenso a las privatizaciones? ¿es que soy el único que sintió vergüenza por la huelga de los funcionarios de justicia? La responsabilidad (prefiero no usar la palabra “culpa”) no es tan sólo de los gobiernos, sino de los trabajadores que sostienen el país con su trabajo. Sí señores, he dicho que la responsabilidad de sostener un país es de todos. Hay que quejarse cuando las cosas no van bien, es más, hay que exigir unos servicios públicos a la altura del país que queremos ser; pero siendo coherentes y buscando mejorar la situación y no ir con la mentalidad de “después de mí, el diluvio”.

Seamos realistas. Si este país funciona es por la gente que sigue dando el callo, y aguanta estoicamente despidos improcedentes, corrupción desbocada, políticos ineptos y brindis al sol. El día que nos cansemos se va todo esto a pique, pero eso no pasará. Tenemos esa responsabilidad y nosotros no somos como esa gente que dice que nos va a salvar pero luego son tan sólo palabras.