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Esperamos que el fin de semana pasado no se os hiciera muy largo :)
Esta semana criticamos a varios ministros y secretarios de estado, entre ellos, a Félix Monteira, ex-director de Público, que será el SE de Comunicación; Salgado admite que eliminar el impuesto sobre el patrimonio fue un error, nuevas ayudas al ladrillo y Esperanza Aguirre ejerce como líder de la oposición.
La campaña «ésto sólo lo arreglamos…» resulta ser una tomadura de pelo, el Defensor del Menor espía a su hijo por el Tuenti, y dos estudios sobre sexo: mirar a mujeres con curvas produce un efecto similar a las drogas y las áreas donde se consume más pornografía sufren un menor número de delitos sexuales.
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Como va siendo típico en occidente, y en especial en nuestro maravilloso país, a cada bache económico de más o menos magnitud se manifiesta claramente una adoración (que nada tiene que envidiar a otras religiones) a la persona de John M. Keynes, ovacionado economista. Populacho y políticos por igual le aman y dan por ciertos sin dudar sus esquemas. Y no es de extrañar: según la teoría Keynesiana, la clave de una economía sana es una demanda estable, que no aumente ni disminuya fuera de los equilibrios deseados, garantizando un circular constante del dinero, y todo ello conseguido con la intervención activa del gobierno. Qué político se opondría a la intervención estatal? Y qué político que se precie no podría convencer a una masa a cada día más crédula del bien sin límites que puede hacer el Gran Administrador?
Y la realidad, que esté quietecita y no estorbe, que callada está muy guapa.
Por una de esas bromas del destino que tanto le gustan al Altísimo, lo que debiera haber acabado siendo una aproximación de cierta valía y a corto plazo de la economía clásica se exaltó de tal forma que ahora ocupa su lugar al lado de Imagine y Una Verdad Incómoda como pilares fundamentales de la civilización modernilla. Y pobre del que niegue sus verdades!
Pero como dijo aquel, no he venido a adorarle sino a enterrarle. La ironía de la situación histórica en su globalidad es tan dulcemente deliciosa que hasta daría pena desmontarles el sueño a ciertas personas. Por… suerte? la mayoría de ellos ya han pasado el horizonte de sucesos de la lógica, y nunca más saldrán de él para darse cuenta de su error, se diga lo que se diga y pase lo que pase. Así que el circo va a continuar, aunque se les acabe cayendo la carpa encima.
Y es que sus premisas básicas ya se agujerean con solo pensar un poco. Demanda. Circulación. Control. Esas son las palabras clave para un keynesiano, las que gobiernan todo lo demás y lo atan en las tinieblas. Nada importa, excepto garantizar que la demanda no se reduzca (como pasa en una desaceleracion/recesion, por ejemplo), que no aumente (como en expansiones fuertes o booms), fijando el flujo de dinero mediante control monetario descarado.
Y qué contrasentido es poner la demanda por encima de todo. No negaré que el así llamado consumo, la demanda de los productos es una parte imprescindible de la economía (vamos, que si nadie compra nada, mal vamos). Tampoco se puede negar que tiene un gran efecto de feedback sobre la oferta y la producción, como bien dicen las leyes clásicas del mercado. Pero pretender que la demanda es el único factor relevante, y aún más, identificarla como “variable de control” que se hace variar a voluntad para regular el sistema es, no solamente estúpido, sino también un error.
Se puede ilustrar muy fácilmente porqué la demanda no debe ser glorificada en macroeconomía con un pequeño ejemplo. Bueno, pequeño no, pero ejemplo sí.
En la serie Futurama, la imaginaria Universidad de Marte tiene por lema «el conocimiento lleva al miedo». En nuestro país no es exactamente así; el conocimiento, en este caso, lleva al cabreo.
Llevar dos podcasts de actualidad me permite y obliga a escudriñar las noticias a la vez que, cada unos cuantos meses, repasamos las hemerotecas para analizar en perspectiva lo que ha sucedido ya hace un tiempo. Hoy estaba archivando los guiones de programas de hace un año y he descubierto algo que me ha recordado otra cosa y que, a su vez, me ha enlazado con sucesos recientes de mi entorno, desembocando en un ansia feroz por dar consejos de Juanito a diestro y siniestro. Pero voy a ir por partes, que si no este artículo parecerá el mítico gag de Cruz y Raya. (Nota: Debo de ser el primero que enlaza a dos vídeos de youtube para presentar un artículo supuestamente serio)
Todo esto viene por la famosa y esperada Ley de Dependencia, que ofrece ayuda económica para todas aquellas familias que tienen personas dependientes a su cargo. Esta ley, cuyo fondo es impecable y que goza de una redacción bastante consensuada entre nuestros parlamentarios, se añade a varios paquetes de ayudas que el Gobierno ha ido aprobando durante la presente y la pasada legislatura. Por poner algunos ejemplos, me refiero a las ayudas de 420 euros a los desempleados, la renta para ayuda a la emancipación, la desgravación de 400 euros a todas las rentas, el “cheque bebé” de 2500 euros y, en general, una serie de medidas fiscales que no están enfocadas a paliar el problema de fondo, sino que ayudan a parchear una situación existente. En fin; para discusiones sobre qué es socialismo o liberalismo y si el Estado debe dar dinero al ciudadano o invertirlo en infraestructuras, escuchad el programa.
Pero, ¿qué pasa cuando las arcas están vacías? De nada sirve legislar barras libres si no hay botellas en el mostrador. Y esto me lleva al segundo punto: ¿qué pasa si te asignan una ayuda pero no la pagan?
Todos sabemos qué pasa si no se paga al Estado: aparece Hacienda y embarga los bienes. Uno puede dejar a deber dinero al Estado, no está permitido. Ahora bien, el Estado puede deberle dinero a uno, y bien que puede.
Conozco personalmente casos de familias a las que les han asignado ayudas a la dependencia, pero aún no han cobrado, y que quizá cuando llegue el momento la persona dependiente ya no estará. Becas que se retrasan o que jamás llegan–las FPI de 2008, por ejemplo–, deducciones que se aplican a razón de 33 euros al mes–¡el Estado nos paga un café al día!–, ayudas a la emancipación que llegan al año de haber dejado el piso y obligan a renovar el papeleo, etcétera.
Ahora llevemos este concepto un paso más allá. Resulta que el principal acreedor de este país es el Estado. Visto en los periódicos resulta llamativo, pero conozco un caso que os quiero exponer y que ayudará a entender por qué la crisis en España es más grave que en otros países y por qué el paro está como está. La cultura popular tiene al empresario como un señor sin escrúpulos que exprime al trabajador, una postura muy fácil de «enemigo único» al que culpar de todos los males.
Los empresarios están ahí para ganar dinero pero también, aunque no es tan visible, para pasar cuentas a Hacienda. La gran mayoría del papeleo de una persona lo gestiona indirectamente su empleador, aunque esto no sea muy conocido. Muchos problemas del Estado rebotan contra la barrera del empresario y nunca llegan al trabajador, que no se da cuenta de que quien le está perjudicando no es en realidad su jefe, sino el Estado.
Hecha esta aclaración, vamos al caso que, repito, es real. Supongamos una PYME a la que llamaremos ASDF, S.A.
ASDF da–y se beneficia del–trabajo de aproximadamente 200 personas. No es una multinacional, así que queda fuera del poder de presión que éstas ejercen, como por ejemplo los fabricantes de coches. Es decir, el Estado no le pagará dinero para que mantenga la fábrica, a éste le da absolutamente igual porque si esta empresa cierra no saldrá en los periódicos.
ASDF lleva las cuentas al día. Paga a sus trabajadores, paga a Hacienda. Resulta ser que ASDF realiza una actividad económica a nivel internacional, por lo que puede reclamar que el Estado le devuelva el IVA cada trimestre–ahora, cada mes, según la nueva ley–. ASDF está con el agua al cuello, como muchas empresas.
ASDF pide al Estado que le devuelvan al IVA para poder pagar el sueldo del mes siguiente. El Estado dice que no hay dinero, y que de momento no le puede pagar. ASDF, entonces, pide al Hacienda que le descuenten esta deuda de los pagos de la Seguridad Social del mes siguiente, que no puede afrontar precisamente porque Hacienda le debe dinero. El Estado se niega, diciendo que «no puede hacer eso»
ASDF se va a un banco a pedir un crédito. Le demandan el 11% de intereses. Se va a otro. Como son amigos, le ofrecen el crédito al 10,5%. Tócate las pelotas.
ASDF le dice al Estado que pedirá un crédito al banco al 10,5%, pero que le reclamará los intereses a Hacienda, porque son ellos quienes le deben en realidad este dinero. Hacienda responde que no se lo dará por las buenas, tendrá que ir a juicio, y que «buena suerte con ello»
ASDF dice, entonces, que no va a pagar la SS del mes siguiente porque, volviendo al fondo de la cuestión, el Estado le debe dinero. Un funcionario de Hacienda le dice, un poco a escondidas, que «lo mejor que puede hacer» es rellenar un formulario aportando pruebas de que no tiene dinero, y entonces puede dejar a deber ese dinero –que, retorcidamente, le pertenece– a Hacienda, y ésta sólo le cobrará unos intereses del 3%. ¡Menos que el banco!
La historia sigue, pero no quiero recargarla. ASDF no tiene dinero para pagar, porque el Estado no le paga. Lo que los trabajadores ven es que su empresa se retrasa con las nóminas. Éstos no saben que, si no les pagan, es porque el Estado no ha saldado sus deudas. El Gobierno ha aprobado una ley que obliga al pago del IVA mensual, para –se supone– solucionar este problema, pero no cumple sus leyes. Sólo queda ir a juicio, y «buena suerte»
Leí hace unas semanas en La Vanguardia un artículo en el que se afirmaba que, para salir de la crisis, lo que el Estado tiene que hacer es pagar sus deudas. Sin embargo, de cara a la galería, queda mucho mejor legislar y dar dinero a la gente que está en paro, en vez de liquidar los pagos que debe a las empresas, y que éstas puedan mantener a sus trabajadores en vez de echarlos a la calle.
Ahora que se acaba el artículo, vuelvo a la frase inicial. El mero hecho de saber que estas cosas suceden le hierve a uno la sangre. Me parece absurdo, por una parte, que el Estado no contemple el equilibrado de deudas, es decir, que no te perdone el dinero que le debes si él también te debe dinero. Me parece indignante, simplemente, que el Estado no pague. Y lo que ya me parece la tomadura de pelo máxima es que el Gobierno saque leyes que sabe a ciencia cierta que el Estado no cumplirá, sólo para que parezca que están haciendo algo.
El conocimiento acerca de cómo funciona Hacienda me obliga a dar un consejo de Juanito a la Doctora Elena Salgado, ministra de Economía y Hacienda. Por favor, deje de levantar aceras, no me descuente los dichosos 400 euros a razón de un euro al día y use este dinero para que la gente que está en la cuerda floja no pierda su trabajo.
La economía española se basa en las PYMES, y cuando éstas cierran, la gente se va a la calle sin hacer mucho ruido. No se puede obviar a la pequeña y mediana empresa y, sobre todo, como dice el título, menos legislar y más pagar.
En DLV vamos a hacer un esfuerzo para intentar publicar cada lunes nuestro consejo de Juanito de la semana, justificando el por qué, y ofreciendo direcciones para que el responsable en cuestión deje de hacer el ridículo.
Presentamos un nuevo periódico que ha caído en nuestras manos, analizamos la respuesta de las instituciones de la Unión Europea, Alemania baja los impuestos, Schwarzenegger es un cachondo enviando comunicados, la paranoia infantil provoca que se prohiba a los padres entrar en los parques en UK, adaptamos las Leyes de Internet, y finalmente resulta que las cucarachas tienen un superpoder que, por otra parte, no aparece publicado en ningún sitio.
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Hola de nuevo.
Esta semana tenemos un “pack” sobre Oriente Medio, entrando a fondo en las elecciones en Irán y el anuncio de Netanyahu sobre la posible creación, con condiciones, de un Estado Palestino. Mencionamos por encima cómo es que puede ser noticia el que Obama mate una mosca y, peor, la reacción de PETA, que pierde toda credibilidad —aunque ciertamente mantiene la coherencia con sus principios.
En otro orden de cosas, en Vigo aprueban una normativa municipal que recuerda al «régimen anterior», y el gobierno sube los impuestos sobre el tabaco y gasolina, algo que enfurece mucho a Crespo y agrada a Carlos, quienes se ponen a discutir sobre qué es una política de derechas o de izquierdas.
¡Nos vemos la semana que viene!
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