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Entradas Etiquetadas ‘política’
7 de noviembre

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Inauguramos un nuevo diseño del podcast, que se completará en las próximas semanas con algunos ligeros cambios en el blog. De momento, como veis, hay integrado un reproductor de audio justo aquí arriba, para que podáis escuchar el programa sin salir de esta página. Además, hemos cambiado la retahíla de texto que aparecía debajo de cada artículo por un par de imágenes que enlazan a iTunes y a Facebook.

En este programa, la clase política es la cuarta preocupación de los españoles, la prohibición del WOW en China provoca un terremoto institucional, oímos campanas sobre la prohibición del tabaco, se propone la presidencia de la Unión Europea, debatimos sobre la ley sobre la regulación de los cortes de internet, envían dos años y medio de cárcel a un falso director de cástings por abusos y recuperamos el artículo que hablaba de las cucarachas.

Recuerda que estamos en «la semana del espartano» y estás obligado a recomendar DLV al menos a un amigo :)

itunes

Tengo un mal presentimiento sobre las reacciones a este artículo, pero me voy a atrever de todos modos. Creo que hay demasiados malentendidos al respecto y, como la mayoría de lectores también escucháis el programa sin ser catalanes, es necesario un punto de vista moderado –que no imparcial– sobre lo que nos pasa por la cabeza. Quede constancia de que no me proclamo como representante de nadie, y que ésta es mi opinión.

Apunto algo que es obvio pero nunca está de más decir: esto es un blog y no una tesis doctoral sobre ciencias políticas. Si queréis un análisis como dios manda, buscad una tesis al respecto. Esto es una simplificación para entender la situación política catalana. Gracias por vuestra comprensión.

Acabo de decir que considero que mi punto de vista es moderado, y lo voy a justificar alegando que en las últimas seis elecciones he votado a seis partidos diferentes, en función de la situación, el ámbito de la convocatoria y, claro está, evaluando cada partido según sus actos. A veces –muchas veces– conviene que A gobierne, B controle la comunidad, C el ayuntamiento y D nos represente en Europa, sin olvidar al Senado, el gran perjudicado de la democracia.

En este país hay mucho sectarismo con la política, y se convierte en un partido de fútbol: «yo voy con los míos aunque pierdan». Bueno, es un punto de vista. Y así nos va.

No todo es blanco o negro

El segundo punto, importantísimo, es que en Catalunya no tenemos el binomio derecha-izquierda. Tenemos la siguiente configuración, a rasgos generales:

  • PP: Conservador, nacionalista español, liberal, no independentista
  • PSC: Progresista, no nacionalista, socialista, no independentista
  • CIU: Conservador, nacionalista catalán, liberal, ligeramente independentista
  • Esquerra: Progresista, nacionalista catalán, socialista, altamente independentista
  • Iniciativa-IU: Progresista-ecologista, nacionalista catalán, socialista-comunista, ligeramente independentista
  • Ciutatans: Progresista, autoproclamados no nacionalistas –aunque yo opino diferente–, liberal, no independentista

Me dejo otros partidos más pequeños o de ámbito local, como UPyD o CUP, con configuraciones diferentes. Si os paráis un momento, veréis que hay partidos para todos los gustos. ¿Para qué conformarnos con un simple derecha-izquierda cuando la vida no se limita a eso?

He hecho toda esta introducción para que veáis que en Catalunya hay mucha gente «de derechas», pero no necesariamente ha de votar al PP. Un breve análisis de las características de los partidos revela cuál es el rasgo diferencial del PP y que hace que nunca consiga una cantidad destacada de votos: son nacionalistas españoles.

Vamos a respaldar esto con datos. He ido a la web de las últimas elecciones a Cortes Generales y he hecho unas gráficas que muestran las tendencias ideológicas de los catalanes en lo que respecta al Congreso español. Están ponderadas por porcentaje de votos, escalado a los partidos con representación. Es decir, originalmente los partidos con representación congregaban el 95% de los votos, pero yo los he tratado como si fueran el 100%, para simplificar. Podríamos decir que el margen de error de las gráficas es del 5% y así nos ahorramos problemas.

Este es, pues, el análisis simplificadísimo de la sociedad catalana.

La sociedad catalana

Creo que estas gráficas son suficientemente claras. Pese a la gran cantidad de partidos existentes, en comparación con el panorama español, no debemos de fijarnos en qué partido gana para extrapolar ese resultado, sino en la ideología ganadora. Y, aunque me repito, quiero reiterar que las ideologías no se resumen en derechas o izquierdas sino, en este caso, el nacionalismo, la política econónica o el independentismo. Aun así, cuando alguien vota a un partido, no tiene por qué comulgar al 100% con su ideología, pero con algunos datos tenemos que trabajar.

Los que me conocéis sabéis que me gustan los datos para respaldar las opiniones, pero no me quedo ahí. Yo voy a mojarme, como ya he dicho al principio, y que los dioses sean benévolos con el flame que se va a montar.

No tengo, a priori, ningún problema con que un partido se llame PP. Quiero decir, si no le voto es porque no me gusta sus ideas o su forma de actuar, no porque se llame «PP». Opino que en política no es bueno casarse con nadie y, si dentro de cinco años, hay un giro en sus políticas, quizá les vote, quién sabe.

Ciudadanos y sentimientos

Ahora bien, la situación actual es otra. El PP es un partido que, al ser nacionalista español, niega el nacionalismo catalán, y eso no está bien. Se puede ver que la sociedad catalana no es partidaria del independentismo, pero un gran porcentaje es nacionalista catalana, o simplemente no es nacionalista. El problema real es que, llamado nacionalismo, suena mal. No se trata de nacionalismo, se trata de amor propio, de orgullo. Las personas, nacionalistas o no, tenemos un sentimiento de pertenencia a nuestro entorno más cercano en mayor o menor medida, igual que tenemos un sentimiento de pertenencia a España, a Europa o a nuestra comunidad de vecinos.

No sé si me explico; a los catalanes nos gusta ser catalanes, sea como sea ese concepto. Para cada uno, el catalanismo es ligeramente diferente, pero somos catalanes. Esta es nuestra tierra, qué más dá la organización política. Tenemos una cultura, una forma de ser y, afortunadamente, un idioma que nos gusta. Más allá de la política, pero es lo que somos y queremos que se respete ese concepto de comunidad.

Entonces entra en juego un partido que niega ese sentimiento de pertenencia, y observad que no usaré el término «nacionalismo». El PP actual –no el PPC o, al menos, en menor medida– sufre de cierta catalanofobia; a priori puede parecer que es porque choca con su nacionalismo español, pero he dejado mi conclusión para el final.

El PP y los catalanes

Recopilando recuerdos, me ha salido una selección sesgada por mi memoria y por aquellos actos que más me han impactado, así que seguramente me dejo unos cuantos. Y por segunda vez, esto no quita para que sancione igualmente las reacciones de otros partidos a estos actos, como por ejemplo algunos sectores de Esquerra con su boicot a Madrid 2012. Me parece igual de incorrecto, dentro de ese contexto.

Quizá el mayor bombazo fue la aprobación del Estatuto catalán. El PP recurrió al menos 30 artículos de la carta catalana, pero no sus equivalentes en la andaluza. Para marcar aún más esta ironía, compró publicidad en las radios andaluzas para atacar al estatuto catalán.

También inició una campaña para conseguir firmas ciudadanas «en contra del estatuto catalán». Apoyó el «manifiesto por la lengua común», para defender de los derechos de los castellanohablantes en las comunidades con lengua cooficial. Mientras, la polémica por el trasvase del Ebro enfrentaba al norte con el sur.

Muchas veces me he preguntado por qué hacen esto. Por qué tanto odio contra Catalunya, y qué les hemos hecho nosotros. He llegado a la conclusión de que no es lo que hacemos, sino lo que no les hacemos: ¡no les votamos!

Con la coyuntura actual, es imposible que el PP gobierne en Catalunya, así que su estrategia se basa en quemar sus posibilidades catalanas para conseguir apoyos en el resto de España. Y aquí llegamos al quid de la cuestión, y el motivo real por el que en Catalunya no cae bien el PP: nos están utilizando para beneficio propio.

Usan agravios, como el del estatuto catalán y el andaluz, que adornan mentiras no carentes de ironía, como las cuñas precisamente en las radios andaluzas. Manipulan, con mesas para que ciudadanos anónimos firmen y así conseguir encender los ánimos. Se inventan realidades paralelas, como que el castellano está perseguido o en peligro de extinción, cuando es el catalán el que cada vez se habla menos. Usan la cuenca del Ebro como cortina de humo para desviar la atención de la falta de infrastructuras hídricas de Murcia, que podrían ser inmensas ya que dispone de playa.

En Zaragoza contestaron, con sorna, que «si Murcia quiere agua, Aragón quiere playa». La realidad sobrepasó al montaje del PP cuando, el año pasado, Barcelona tuvo que recorrer a severísimas restricciones de agua e incluso –manda narices– a traer agua de las desaladoras de Murcia porque los pantanos estaban al 15% de su capacidad. No sobra agua, nunca sobra, y lo que las comunidades costeras han de hacer es construir desaladoras, como ya se está haciendo en el área de Barcelona. Tarde, pero se está haciendo.

He hecho un intensísimo esfuerzo para no mezclar PP con medios afines al PP. Si analizamos el vergonzoso comportamiento de El Mundo, del que llevo leyendo las portadas de la edición madrileña desde hace cinco años, y se pueden contar con los dedos de la mano las veces que no ataca a Catalunya, la indignación se dispara. Sumemos a la COPE, Libertad Digital y otros medios, y conseguimos un caldo de cultivo que salta a la mínima. Por supuesto, aquí también tenemos medios de la izquierda independentista que intentan el efecto contrario para conseguir votos, pero dos incorrectos no hacen un correcto.

Por qué no nos cae bien el PP

Los catalanes, mayoritariamente, y como se puede ver con cifras, no queremos más derechos que “el resto” –concepto feísimo, por cierto– de los españoles. Dos tercios no quieren la independencia, y de los restantes, muchos son independentistas por motivos económicos o prácticos, pero no por rencillas. Otros, desgraciadamente, sí; hay de todo, claro está.

En resumen, lo único que queremos es que el PP nos deje en paz y se dedique a ganar el voto por méritos propios, no atacando a parte de su electorado para recibir votos de la otra parte.

El PP, –al igual que algunos partidos catalanes, pero ese es otro tema– necesita de la confrontación para conseguir votos y evitar alianzas estratégicas entre comunidades. Usa el catalán-valenciano para separar unos grupos históricamente amigos, como Catalunya y la Comunidad Valenciana, porque serían una gran alianza mediterránea, una potencia económica enorme que pondría en jaque la estrategia centralista y obligaría a una reestructuración de infraestructuras y recursos. Pero mientras Barcelona y Valencia se pelean por chorradas, ellos pueden seguir a lo suyo.

No digo que el resto sean mejores. Esto no es un alegato a favor del PSOE, o de CiU, o del que sea. Pero, el resto de partidos, al menos no tienen un «enemigo» tan claro, o ¡ese enemigo no es parte de su electorado, su gente, sus “clientes”!

¿Otro ejemplo? Los dos grandes feudos del PSOE, Catalunya y Andalucía. ¿Por qué íbamos a tener nada en contra de los otros? Entonces ellos se encargan de crear esos problemas, con cuñas, agravios y malestar general entre dos comunidades que no tienen motivos reales por los que pelearse. Enemistan a quince millones de personas para quitar al PSOE del poder. Eso está muy feo.

Honestamente, pienso que el PP no quiere la unidad de España. Quiere mandar en Madrid, a costa de la que llaman «desmembración de España», pero provocada por ellos. Los catalanes no tenemos nada en contra de madrileños, andaluces o valencianos, y viceversa. Las personas sólo son… personas. Lo primero es vivir, y disfrutar, y por eso me fastidia saber que hay un partido que ha puesto cuñas de radio para intentar que yo le caiga mal a un tío de Sevilla que no me conoce de nada, y fomentar así los prejuicios. ¿Pero qué les he hecho yo?

Por eso un partido tan relevante sólo consigue el 17% de los votos en Catalunya. Por eso no nos gusta, no lo votamos, y a veces echamos pestes de él. Cuesta encontrar opiniones fundamentadas, críticas y respetuosas, y por eso –ejem– he intentado contribuir al debate sensato con este tocho. Si a alguien no le parece bien, para eso están los comentarios. Yo considero interesantísimo saber cómo piensa la gente fuera de mi ámbito, y lo que más me gustaría es que alguien escribiera un buen artículo titulado «Por qué en España no caen bien los catalanes» para poder contrastar ideas.

Entiendo que un madrileño liberal vote al PP, porque no tiene alternativa. Ahora, que le vote porque «Carod es el demonio» me parece infantil. En serio, votad al que más os guste pero, al menos, tenéis que saber lo que pensamos aquí. Creo que la situación catalana es compleja e interesante, y generalizar como hace el PP para luego atacar es un mecanismo muy burdo si aspira a gobernar España, incluyendo a Catalunya.

Leyendo las noticias de Irán se me ocurre la idea loca que escribo en el título. Si se piensa en teoría política, prescindiendo de análisis parciales de izquierda o derecha, no deja de ser el arte de administrar una sociedad en un espacio determinado. Las diferencias ideológicas se refieren a las formas de administrar e incluso cambiar esa sociedad, pero en esencia el fin de la política es siempre este mismo.

Pero administrar no significa ser presidente de un consejo de una empresa, puesto que la sociedad tiene sus propias pautas de comportamiento. Ésta se parecería a un caballo, siendo el gobierno de turno su jinete (otra idea loca: el marxismo cree que el caballo puede pensar racionalmente, el capitalismo salvaje ofrece zanahorias). Aunque el caballo esté domesticado, no siempre puede ser obligado a hacer determinadas cosas, más si está asustado o barrunta algún peligro. Si obligas al caballo por encima de su capacidad, entonces te tira al suelo, sin pensar y por muchas zanahorias que le presentes no consigues nada.

Un sistema de gobierno administra la totalidad de la sociedad, y no sólo la parte que le ha dado su confianza (ya sea por votación o golpe de estado). Esto ocurre siempre, sin importar la cantidad de gente que esté claramente a favor de la propuesta (para gobernar sólo se necesita la indiferencia, no hace falta convencer, ¿verdad Zapatero?). Siguiendo con el caballo, a éste no le importa si su jinete es buena persona, o un sinvergüenza, porque quiere su zanahoria. La principal conclusión de lo anterior es que el arte de gobernar se basa en administrar mínimamente para todas las capas sociales, y aunque favorezcas a los tuyos, que es normal, nunca debes provocar en el resto la sensación de “o todo o nada”.

Entonces… ¿por qué se da una revolución? Porque se rebasa cierta línea no visible, pero que existe. Cambiando la metáfora por la del blog, se cruza el umbral del comentario. Normalmente un artículo en un blog lo que genera es indiferencia. Puede ser que al leerlo se esté más o menos de acuerdo, pero normalmente no se deja comentario. Incluso se da el caso de no querer dejar un comentario ante las salvajadas que ha escrito algún comentarista, que echan para atrás (siempre hay radicales que piden la revolución por “sistema”). Pero hay una línea en la que la indignación o el entusiasmo hace que la gente que nunca escribe lo haga, y en un éxtasis (para el autor, claro), ¡se llega a ser portada del menéame!

Lamentablemente, no nos engañemos, con el siguiente post vuelve la indiferencia.

Jugant a eurodiputats

Els diaris van plens de portades sobre guanyadors i perdedors, discussions, valoracions i estadístiques, les noticies ensenyen entrevistes, crítiques i felicitacions, la gent està trista de que “ellos” hagin guanyat i l’atmosfera general és la d’unes post-eleccions, si bé unes apàtiques i amb poc èxit.

Just as planned.

Els eurodiputats als que tocarà ocupar els seus llocs duran a terme una nova edició de la tragèdia titulada Unió Europea (o URSE pels amics). El parlament Europeu es l’únic òrgan de la burocràcia europea escollida en votació. La seva funció és poc més que consultiva, requerint-se la seva participació només per casos concrets de directives com assignacions de subvencions i nominaments de nous czars a la Comissió Europea. Els òrgans europeus que tenen el poder d’iniciativa legislativa, bàsicament la Comissió Europea i el Consell Europeu, no són construïts per elecció sinó designats pels seus pars i untats al parlament. L’estructura real de la Unió Europea recorda més a la oligarquia parlamentària d’Iran que a una república o democràcia que considerariem occidental. Però si la gent vol creure que les eleccions europees serveixen per alguna cosa, millor per ells.

Clau estatal

Tot i que les eleccions en sí són totalment irrellevants, les seves repercusions a nivell de cada país no ho són en absolut. Obviament no es poden identificar els resultats de les eleccions europees i unes hipotètiques nacionals (entre altres raons pel “vot útil” i la baixa participació), però sí que es pot fer una valoració general en termes de tendències. I la tendència és clara: Obviant les circumstàncies particulars de cada país, els votants han rebutjat el llenguatge polaritzador i culpabilitzador dels partits d’esquerra, i dels seus plans de subsidis generalitzats, apostant cap a programes fiscalment conservadors (o el que s’entén per fiscalment conservador a Europa), i cada cop més gent veu a Europa més com un problema que una solució i vota en conseqüència. També s’ha vist una polarització general de l’electorat, on els partits comunistes i ecologistes han sortit beneficiats, a més d’alguns partits populistes de caire neo-nazi.

Tot i que en conjunt el resultat d’aquestes eleccions són bones noticies, a la pràctica no es materialitzarà cap canvi fins que no es celebrin les respectives eleccions de cada país. I tot i així, els seus governs continuaran lligats a les tenebres de les directrius europees, així que en la seva major part tot canviarà per quedar-se igual.

L’ascens de Mr. Wilders

Una de les notes més remarcables d’aquestes eleccions és l’ascens estel·lar del Partit per la Llibertat (PVV) del polític holandés Geert Wilders, que ha passat de quedar tercer amb el seu anterior partit, el VVD, a quedar segon i a tant sols 3 punts del primer partit, el democristià CDA. La clau de l’ascens meteòric de Wilders, que fa dos anys comptava amb un suport bastant marginal de l’electorat holandés i al que els sondejos apunten com segona força del país en les pròximes eleccions nacionals, ha sigut el seu programa llibertari, profundament anti-europeu i contrari a la immigració descontrolada en un país escanyat d’impostos, regulacions i psicopatía postmodernista que ha vist com les seves taxes de criminalitat pujaven com l’espuma davant l’arribada de gent d’Europa de l’Est i de països musulmans (La Haya té actualment un 15% de població musulmana, i Amsterdam un 25%). Un partit belga similar, Vlaams Belang, també ha obtingut molts bons resultats, tot i que no tan destacats com els del PVV.

Com era d’esperar, els mitjans de comunicació no s’han fet pregar i des que va començar la campanya han estat insistint en el perill dels partits “d’extrema dreta”, fent honor a la campanya dels seus patrons. El circ va ser especialment divertit quan es van filtrar “accidentalment” els resultats de les eleccions holandeses i es va veure evident que el PVV pasaria a ser la segona força holandesa al Parlament Europeu. Si algú volia una explicació sobre perquè els ràtings de TV3 (i de totes les cadenes en general) s’estan ensorrant, allà la té. Periodisme de primera categoria, així m’agrada. Stay classy, TV3.

(Escribí este artículo se el mismo domingo de las elecciones, pero por responsabilidad lo he programado para su publicación el lunes por la mañana, es decir, que no sé cómo ha ido. Supongo que mal.)

Ya está bien. Estoy harto de pseudolecturas del índice de participación, desde la absurda excusa de que la gente va a la playa, pasando por el «no sabemos explicar la importancia de Europa» o simplemente ignorando los votos en blanco, los nulos y la abstención. ¡No, no y no! Si no vamos a votar es porque la clase política de este país nos da asco.

A mí me enciende que me traten como si fuera tonto. Pese a que no me gusta, acepto que me intenten mentir o manipular, pero exijo un mínimo de preparación en el engaño; una mentira burda es una falta de respeto al elector. Esta vez, sin embargo, la campaña electoral ha sido patética hasta límites que yo no recuerdo haber visto jamás. Los carteles son grotescos, absurdos, carentes de sentido; los discursos están dirigidos a niños de cuatro años que aún dividen a la población en «buenos» y «malos».

Permitidme que empiece por los que me han indignado más. ¿A qué viene poner la malvada cara de Aznar para justificar el voto al PSC, si éste no se presenta y está retirado de la política? ¿Y la de Bush? ¡Pero si ni siquiera es europeo! En otros carteles, se nos presenta la dicotomía Zapatero = tolerancia; Rajoy = racismo, y otras variantes ¡Por favor! ¡Al menos no insulten!

La campaña de El País contra Berlusconi, para reforzar las tesis del PSOE pero sin romper la ley electoral, es indignante y carente de ética. Si tienen pruebas de que este señor ha hecho algo ilegal, que vayan a los tribunales, pero publicar fotos de mujeres en pelotas sólo para mostrar lo malo que es Berlusconi equivale a tomarnos por tontos. ¿Por qué publicarlas el fin de semana de las elecciones y no antes o después? ¿No resulta un poco sospechoso?

Esperad, porque después viene el PP con una campaña menos agresiva pero enfocada de cara a unas elecciones generales. Resulta que si les votamos se acabará la crisis, dicen. Que el paro es culpa del PSOE y ellos tienen la solución. Ya, trabajar 65 horas semanales es la solución, ¿verdad?. Las ETTs son las solución. Privatizar los servicios públicos es la solución. Menuda derecha que tenemos en Europa… Por suerte, aunque esta gente gane, las directivas europeas que podrían aprobar quedarán diluidas por la legislación española.

En el lado opuesto está Iniciativa-Els Verds con un lema muy rotundo «La crisis es culpa de la derecha». Votadnos, porque la derecha es mala y la izquierda es buena, eso lo sabe todo el mundo. ¡Ojalá la vida fuera así de simple! UPyD y Ciudadanos/Ciutadans critican los nacionalismos no-españoles, mientras que ERC y CiU abogan por el regionalismo como un mejor sistema de gestión.

Claro que existen más opciones, para todos los gustos —o no— e incluso partidos políticos basados en una única premisa, como si alguien relegara toda su ideología política al antitaurinismo o fumar marihuana, pasando a un segundo plano los temas económicos y sociales. A mí me parece poco serio, aunque desde luego cada uno es libre de votar lo que más rabia le dé. Queda el consuelo de que, como mínimo, los falangistas tienen un amplio abanico donde escoger.

Luego llega cuando uno descubre que los partidos reciben dinero por cada voto obtenido. Es decir, los políticos son incapaces de movilizar a su electorado, ya sea por poder, dinero u —ojalá— por dignidad democrática. No. Prefieren ignorar las elecciones europeas, enviar a sus peores candidatos para que vayan a fichar, se vuelvan para casa y cobren a fin de mes. Llegan incluso a usar trampas ya previstas en el sistema para evitar que el ciudadano sepa a quién está votando realmente y evitar que les penalicen por rencores pasados, como por ejemplo a Magdalena Álvarez en Catalunya.

Si una cosa nos ha quedado clara a los ciudadanos es que Europa le importa una mierda a nuestros políticos. No acuden a los plenos, no participan en las comisiones, no se molestan en informar a la ciudadanía de las actividades que allí se llevan a cabo, dicen A y votan B. Afortunadamente, hay gente que se molesta en monitorizar los votos y la actividad de nuestros europarlamentarios; a mí me interesa especialmente el tema telecom, uno de los pocos donde Europa decide el futuro de la información para los próximos 20 años.

Son ellos quien quitan relevancia a estas elecciones, porque nos proponen una campaña en clave nacional (Aznar, crisis, ZP, ladrillo) y luego leen los resultados como si fueran al Parlamento español. ¿Cómo pretenden que nos interesemos si vemos como nuestro voto es ninguneado y malinterpretado, adrede? ¿Qué cara se nos queda al ver que unas personas que cobran un sueldo desorbitado y vitalicio no van a trabajar? ¿Cómo expresar nuestro descontento si los políticos son incapaces de hacer autocrítica por la abstención o el voto en blanco/nulo, como se ha demostrado en numerosas ocasiones —anteriores europeas y las de Euskadi—?

El sistema democrático indirecto es, quizá, el mejor mecanismo político que se ha inventado en la historia de la humanidad, y seguramente el más justo también. El problema es que los ciudadanos nos vemos impotentes de hacernos oír, porque gane quien gane, todos creen que han ganado. El ego infinito de los políticos bloquea su visión de la realidad, están incapacitados para admitir la derrota y dimitir o proponer reformas; sólo saben huír hacia adelante. Incluso políticos que han demostrado ser competentes, inteligentes, responsables y trabajadores se rebajan a hacer de titiriteros y payasos cuando entran en campaña.

Mañana a nadie le importará el dato de participación, el porcentaje de votos en blanco o nulos o incluso la pérdida de escaños. Todos ganan, y lo peor es que es cierto, porque los partidos y diputados reciben dinero, que es de lo que se trata.

Firmado, uno que finalmente ha ido a votar y que, como sabéis, cada fin de semana muestra su interés en la política. Al menos, si quiero criticar el juego, tengo que formar parte de él. En el sistema democrático, por desgracia, parece que siempre hay que escoger entre un capullo y un zurullo.

Qué patético. Y lo peor es que si yo fuera político seguramente sería igual que ellos. Qué razón tenía Tolkien con su metáfora del anillo.

Importante: La semana que viene es Semana Santa, y no hay programa. Disfrutad de las vacaciones, y si tenéis el mono de Dame la voz, siempre podéis volver a escuchar el programa, o escucharlo del revés, para ver si oís mensajes satánicos.

Abrimos el programa con el estudio ¿estúpido? que ha encontrado estrógenos en las botellas de agua. Luego nos quejamos un poco a fondo perdido sobre la cantidad de vacaciones que tienen los parlamentarios, la reunión del G20 y la poca dignidad de alguno de sus asistentes, la intervención a Caja Castilla-La Mancha y la declaración de la Renta. Para el final dejamos el debate que acaba de abrir la ONU al introducir como «derechos humanos» el derecho a la no difamación de una religión. Lástima que nos hemos quedado sin tiempo, pese a apurar la hora que tenemos disponible.

Podéis escuchar el programa desde el reproductor que hay en la sección derecha, o bien bajar el fichero mp3 desde aquí. Si estáis de buenas, os agradeceremos que os apuntéis a nuestro grupo en Facebook o nos dejéis un comentario en iTunes, caso de que uséis estos servicios.