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Entradas Etiquetadas ‘sindicatos’
12 de junio

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Abrimos con un breve comentario sobre el Club Bilderberg, y luego pasamos a comentar una amplia sección sobre la huelga de funcionarios: el sindicato de funcionarios rompe con CCOO y UGT, Cospedal ofrece el apoyo del PP a los trabajadores, y resumimos un correo de un oyente sobre el estado de los trabajadores públicos.

Después, Julio Gisbert propone crear economías paralelas, Moody’s ataca al Euro y discutimos el caso de éxito de Mercadona.

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Llevo meses esperando a que me convoquen a la huelga. El año pasado todavía pensaba que una huelga no tenía razón de ser, porque la crisis no es algo que se pueda solucionar con un paro general. Sin embargo, a raíz de la mala gestión y de las medidas recaudatorias que afectan principalmente a la clase media, no era difícil pensar que había llegado el momento de ir a la huelga.

¡Pero una huelga general!

Voy a exponer mi argumento de forma muy sencilla. Llevamos tres años de crisis, dos de ellos con unos problemas económicos gravísimos. En este tiempo, los empleados de la empresa privada han sufrido lo indecible, han sido despedidos indiscriminadamente y han visto recortados sus sueldos mediante EREs u otros métodos. La mayoría han aceptado los recortes, todo sea por conservar el puesto de trabajo.

El mes pasado el Gobierno anunció una serie de medidas destinadas a reducir el gasto público, entre las que se contempla reducir el sueldo a los funcionarios. La gran mayoría, los que tienen nóminas sobre 1500 euros mensuales, las verán reducidas entre un 0,5% y un 3%. Una miseria, comparado con lo que han sufrido los de la privada. Fijáos que no estoy apoyando el recorte; simplemente lo estoy comparando con lo que sucede en el mundo real, fuera de la burbuja feliz en que viven los trabajadores públicos.

Pues bien, ahora los sindicatos han despertado y hoy, 8 de junio, se está celebrando una huelga de funcionarios. ¿Pero cómo, sólo de funcionarios? Sí, sólo de funcionarios.

Entendería que este recorte fuera la gota que colma el vaso y llevara a la convocatoria de una huelga general. Sería algo interesado por su parte y llegaría tarde, pero entra dentro de lo comprensible. Ahora ya todos estamos cubiertos de mierda, públicos y privados.

La postura de los sindicatos, que ha sido reaccionar con una pataleta frente a un mísero recorte cuando el resto llevamos tres años luchando por no engrosar las listas del paro, me parece egoísta a más no poder.

Me ofende que no me convoquen a la huelga. Hace tiempo que deseaba una convocatoria, pero aquí todos moros o todos cristianos. Andarse a medias tintas es feo de cojones y rezuma superioridad, dando a entender que los únicos que merecen derechos laborales son los funcionarios públicos y al resto que nos den. Los derechos deben ser para todos.

No penséis que soy un revolucionario de sofá. «Monta tú una huelga», me dije hace tiempo. Error. Ha de quedar muy claro que sin el apoyo sindical es materialmente imposible.

Os pongo en contexto; hace meses me reuní en diversas ocasiones con los sindicatos para organizar movilizaciones cuando se anunciaron los recortes en I+D. Y, ¿sabéis que me dijeron? Que no había para tanto. A duras penas conseguimos su apoyo para convocar una manifestación. Entonces pensé que los sindicatos estaban comprados.

Quiero suponer que he visto las dos caras de la moneda y, desde la ignorancia, que tengo algún conocimiento de causa como para poder formular estas críticas. No me cabe la menor duda de que habrá muchos sindicalistas y funcionarios que pensarán como yo; por lo que esto no es una crítica al sistema sino a los hechos que están sucediendo y la forma en que se presentan a la sociedad.

Ahora me he dado cuenta de que los principales sindicatos no están comprados; simplemente son unos egoístas interesados.

Para rizar el rizo, por lo visto se ha extendido una «genial ocurrencia» entre algunos funcionarios. Éstos han pedido asuntos propios para el día de hoy y, de esta manera, no les descontarán un jornal del sueldo. Alegan que lo que no quieren es que el Gobierno salga beneficiado de la huelga, ahorrándose el pago de un día de sueldo.

Lo entiendo, pero no lo comparto, y os diré por qué. Aunque están en su derecho, de nuevo, este artículo trata sobre el fondo ético de la huelga. Para mí, una huelga representa una protesta en su máxima expresión; indica que el trabajador está tan cabreado que está dispuesto a dejar de cobrar el sueldo de un día con tal de demostrar su enfado. Bajo mi punto de vista, esto desvirtúa la huelga por completo. Ir a la huelga y cobrar es como estar en misa y repicando. Se pierde toda la fuerza moral que otorga no percibir el sueldo.

Debería haber quedado claro que la huelga no es por el dinero, no es por ese 0,5% menos del sueldo. La huelga debería reclamar un reajuste serio de la economía, impuestos sobre los más ricos, impuestos sobre el capital bancario, facilidades para la creación de nuevas empresas, reducción de las dietas de los políticos y dinero que se tira por el retrete en levantar aceras que ya están bien puestas y visitas oficiales.

Àngel decía que, si un 10% de su sueldo iba a servir para arreglar la crisis, que se lo quitaran. Que me lo quiten a mi también; seguro que muchos de vosotros pensáis igual. Pero, a la vez, que metan mano a los ricos, y que ese ahorro lo inviertan correctamente.

Para acabar, resumo los tres puntos que he intentado explicar en este artículo.

A los sindicatos: o nos convocan a la huelga, o que no esperan nuestro apoyo ni simpatía por la causa. Al Gobierno: antes de recortar el sueldo de los funcionarios y subir el IVA, aumentad el IRPF para rentas superiores a 100.000 euros y gravad las transacciones interbancarias. Y, por el amor de dios, ¡facilitad la creación de nuevas empresas! De lo contrario, la única alternativa seguirá siendo el trabajo público, y tendréis que seguir recortando el sueldo a los funcionarios.

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Ampliamos un poquito el tema del recorte con las últimas novedades mientras los sindicatos perfilan la huelga, Paco González irá a Telecinco a locutar el mundial, el Banco de España interviene Cajasur y, aunque no salgan por la tele, sigue habiendo perros peligrosos.

En el segundo bloque del programa hablamos largo y tendido sobre la mal llamada “vida artificial” que han creado en los laboratorios Venter. Aclaramos qué ha sucedido en realidad, las implicaciones sociales y éticas, y desvariamos un ratito sobre qué es la vida. Enlaces interesantes: interpretación de la noticia en El País, artículo original en Science, réplicas en Nature y una entrevista en Reddit a uno de los autores del artículo. Muy interesantes, y si no entendéis el inglés os recomendamos que lo intentéis con Google Translator.

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27 de febrero
6 de febrero
17 de noviembre

Recientemente estoy metiendo el hocico en política, y me gustaría explicaros dos descubrimientos, uno bueno y uno malo. O los dos malos, según como se miren.

El bueno es que el poder político no es tan hijoputa como parece. Vaya, lo parece, pero en el fondo no lo es. Sencillamente, tienen unas prioridades. La primera es el poder, después el dinero, y finalmente su imagen. Le siguen una serie de chorradas, y al final de todo viene la prosperidad del país. Se trata de una pirámide de Maslow perversa, pero conociendo el sistema podemos aprovecharlo en nuestro beneficio.

La mala, como pone arriba, es que el interés común es la última de sus prioridades. Sin embargo, podemos amenazar con dañar su imagen—tengamos razón o sólo por tocar las narices— para conseguir un avance. La prensa tiene mucho más poder del que jamás me hubiera imaginado; tan sólo le supera el resultado final de las elecciones y el dinero, pero es capaz de condicionar ambos.

Es decir, que si uno pertenece a una minoría, y esos intereses no coinciden con los de quien gobierna, ajo y agua, a menos que seas tan ciego como para no verlo, o tan sectario como para encima aceptarlo y decir que te gusta.

Esto no es fútbol, amigos. Nos intentan vender que un empate vale si los otros pierden. Pues no, aquí hay unos que queremos ganar siempre. Y si nuestro equipo no gana, no sirve de nada echarlos a todos ni tampoco ir a animarles para ver si les suben los ánimos. Lo que hay que hacer es hablar con el entrenador y arreglarlo.

Ya he dicho alguna vez que admiro la capacidad de implicarse a todos los niveles de la sociedad estadounidense. Si algo no les gusta, clavan una pancarta en el jardín de su casa para cagarse en quien haga falta. Llaman a sus senadores—quienes, por contra, sí responden las llamadas—e impulsan leyes desde su independencia ciudadana. Aquí la gente sólo se mueve manipulada por los partidos o los sindicatos, y cuando pasa al revés, las instituciones te observan con curiosidad, como un gato que descubre un objeto nuevo y no sabe muy bien si es peligroso.

Reunirse con gente del mundo de la política —no exclusivamente políticos— es aguantar un juego de contrapesos entre poderes e intereses que, en cierto modo, tiene sentido, pero no deja de ser una falta de respeto a la sociedad que lo único que quiere es que las cosas funcionen. Y creedme, si funcionan es porque la mayoría actúa con responsabilidad y buena fe, porque si tuviéramos que depender de tener buenos mecanismos, íbamos apañados.

Una última conclusión es que a los políticos les extraña que un grupo de gente independiente quiera que el país avance. No les cabe en la cabeza. ¿Para qué íbamos a querer lo que para ellos representa la última prioridad, sin antes tener cubiertas las necesidades básicas, como estar forrados o mandar mucho? Es como si vamos a África y les explicamos que nos gastamos los dineros en peluquería canina en vez de comer. No lo entienden.

Este artículo se ha redactado de forma ambigua a propósito. El que quiera saber de qué hablo, que busque mi nombre por la prensa; el objetivo de este blog no es el de publicitar las cruzadas personales.